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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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27 Agosto 2018 04:00:00
Un AMLO popular
Andrés Manuel López Obrador va a empezar su mandato presidencial con una aprobación que no tuvo ni Obama. El expresidente de los Estados Unidos comenzó su primer período presidencial con 67% (Gallup). López Obrador registra 72% (Parametría), pero su respaldo está subiendo; a mediados de julio Reforma le daba 62 por ciento.

La aprobación del presidente electo y las expectativas que está generando superan por mucho las registradas al inicio del sexenio de cualquier presidente mexicano desde que tenemos encuestas confiables. Ni siquiera Vicente Fox, quien llegó a la presidencia con el primer triunfo electoral en la historia de un candidato de oposición, tenía un respaldo tan fuerte. Su aprobación, como la de Enrique Peña Nieto, era antes de comenzar su gobierno de 55%. Las expectativas de la población hoy son que la economía, la salud, la educación y todos los demás indicadores mejorarán con López Obrador.

Una aprobación tan fuerte, muy arriba del 53% que obtuvo en la votación del 1 de julio, puede ser peligrosa. Cuando un político alcanza una aprobación tan alta ascender se vuelve difícil o imposible mientras que caer es lo más fácil. López Obrador, sin embargo, ha tomado ya el papel protagonista dentro del escenario político mexicano. Es él, y no el presidente Peña Nieto, el que aparece constantemente en los medios; es él quien está preparando la futura agenda legislativa y política.

El atractivo de López Obrador radica en buena medida en el hecho de que la gente lo siente cercano. Vender el avión presidencial y usar vuelos comerciales para sus traslados puede ser una tontería logística y un riesgo constante para su seguridad y para la estabilidad del país, pero humaniza al presidente y lo acerca a la población.

La imagen de un López Obrador que hace cola para tomar el avión comercial que lo llevará a Ciudad Juárez, mientras habla por celular con una mano y tira de su maleta con la otra, contrasta radicalmente con la que han ofrecido desde siempre los presidentes protegidos por cientos de guardias presidenciales y que vuelan en el TP-01.

El presidente electo que deja sus tareas un día para entrenar beisbol en el Deportivo de la Alianza de Tranviarios (yo ni siquiera sabía que todavía había tranviarios en México, porque tranvías no hay) genera sonrisas, aunque nadie se atreva a señalar la incongruencia de un político nacionalista que quiere construir un México autosuficiente y al mismo tiempo busca impulsar una serie de academias de beisbol con dinero público para preparar peloteros para las ligas mayores de los Estados Unidos.

El ejercicio del poder implica, por supuesto, un desgaste importante y ese lo empezaremos a ver dentro de algunos meses. La gente espera cambios no sólo rápidos sino milagrosos. Las expectativas que han creado López Obrador y sus seguidores son tan excesivas que no hay mandatario que pueda cumplirlas. Las inevitables crisis, por otra parte, tendrán un costo conforme avance el sexenio.

Sin embargo, quizá los mexicanos que admiran a Andrés Manuel están preparados para aceptar los reveses. Hay poca indulgencia popular hacia un mandatario, como Peña Nieto, al que se percibe distante y arrogante. Un presidente que se ve sencillo, que parece pertenecer al pueblo, que convive con todos, puede tener un trato muy distinto de los ciudadanos.

Mal gobierno

La popularidad no necesariamente se traduce en buen gobierno. Todavía a principios de este 2018 el fallecido Hugo Chávez alcanzaba un 50% de aprobación entre los venezolanos, contra sólo 25% del presidente Nicolás Maduro (cifra similar a la de Peña Nieto). El 91% de los venezolanos consideran que su país está viviendo su peor momento, pero no culpan a Chávez.
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