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09 Febrero 2018 04:00:00
Un año de Donald Trump y la economía mexicana
Por: Antonio Lorenzo Castro Villarreal

Casi se cumple un año de la llegada al poder del Presidente estadunidense de ultraderecha, Donald Trump, y sus políticas proteccionistas en los terrenos económico, político y social, con un discurso político desde su campaña que siempre fue un ataque constante contra el pueblo mexicano y otros países en materia de migración, y con el supuesto muro que colocará en la frontera entre México y Estados Unidos para así frenar la entrada de migrantes y que los mexicanos que alcancen a llegar, no desplacen a la mano de obra estadunidense.

Todo lo anterior tiene fuertes repercusiones en la economía mexicana. La primera es la negación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con México y Canadá, que entró en vigor hace 24 años y con el que se pretendía generar una zona de libre mercado para reducir los costos y promover el intercambio de mercancías entre los tres países. Por lo tanto, la razón del presidente Donald Trump de romper el TLCAN con respecto a México es recuperar capitales de origen estadunidense que buscaron mano de obra barata y paraísos fiscales para que vuelvan a construir vehículos importantes y ocupen la mano de obra estadunidense en las regiones que quedaron abandonadas (Michigan, Pennsylvania, Ohio, Wisconsin), por ejemplo de empresas como Ford Motor y General Motors.

La segunda circunstancia de rechazar el TLCAN es la balanza comercial desfavorable de Estados Unidos con respecto a México (12 mli 275 millones de dólares sólo en noviembre de 2017, INEGI), es decir, México exporta más a Estados Unidos de lo que importa. Entonces México tiene una balanza comercial favorable con respecto a ese país. Sin embargo, la mayoría de las mercancías que exporta a Estados Unidos son materias primas y mercancías intermedias, como por ejemplo frutas, verduras o piezas industriales, entre otras.

Por otro lado, el otro golpe duro a la economía mexicana por parte del vecino del norte es la reducción del impuesto corporativo, lo que equivale en México al Impuesto Sobre la Renta (ISR). En diciembre se estaba discutiendo en la Cámara Baja de Estados Unidos la reducción de este impuesto de 35% a 21%, y en enero entró en vigor la llamada “nueva ley fiscal”. Esto repercute en la economía nacional primero porque el ISR para las empresas es de 30% respecto a sus utilidades, entonces esto llevará al colapso porque los capitales decidirán buscar impuestos más atractivos como los que aprobó EU. El país es totalmente dependiente de la inversión extrajera, que en 2016 fue de 29 mil 404.7 millones de dólares, según el INEGI.

Es claro el mensaje que da la Administración Trump: aunque se siga dando una sexta, séptima o infinidad de rondas de negociación del TLCAN, simplemente es para mantener con un poco de calma a la población y a los capitales. Entonces el papel que le toca a la economía mexicana es el de buscar políticas que generen las condiciones para fortalecer el mercado interno, fomentar la explotación del campo e impulsar la industrialización con capital nacional, a fin de mantener una balanza comercial favorable pero de mercancías finales, no solamente de materias primas e intermedias.

Este año es muy importante en términos políticos y económicos porque se puede modificar la política económica y romper esas cadenas de dependencia económica con otro países, principalmente Estados Unidos, y empezar a generar una nueva economía más nacionalista, igualitaria y enfocada en los trabajadores.
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