×
Abdel Robles
Abdel Robles
ver +
Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

" Comentar Imprimir
19 Julio 2015 03:10:30
Un calzón y un manchón
En primero de primaria, Efraín el Tolucas tenía 19 años… su hermano Javier tenía 17… Los dos llegaron a estudiar a esa edad, y se sentaban hasta atrás.

Eran güeros… despistados…

Allí mismo la otra pareja de hermanos… Rutilo y Porfirio… de 18 y 16 años…

Es que hay padres que se resisten a ver a sus hijos convertidos en asnos perenes, sin leer, escribir ni hacer cuentas.

Calor del trópico durante casi todo el año, excepto una partecita de diciembre y otra de enero…

Tremendos fríos congelantes de 12 grados centígrados.

Uno se pone encima la chamarra de borrega… el gorro de lana… el rebozo de la abuela enredado en la cabeza para cubrir las orejas.

Es que las orejas sufren más cuando el pelo de casquete las deja huérfanas de toda cobertura.

Miraba yo a la maestra Gloria, desde la ventana de su salón de cuarto año de mujeres, mirando pasar al grupo de chavales… divertida con los inventos de las madres y de las abuelas.

Lino, el Camarón de agua puerca, con calcetines en las manos… frotaba la nariz colorada… colorada y pecosa.

Efraín y Javier, armados con gorros de bebé, con tiras amarradas por la barbilla.

El Camarena, con rostro furioso… con un gorrete untado a la cabeza que le hacía parecer como una bala achatada… y prieta.

Cuando me tocó el turno, escuché una carcajada estruendosa…

Se me nublaron los anteojos… tomé la borla de mi gorro azul de estambre… ¿Lo habría zurrado un pájaro? No… nada de eso.

¡Hazte a un lado Negrito!, escuché el grito a mis espaldas… Era Rutilo, el otro berraco del salón, quien corría con la cabeza agachaza y sus manazas que pretendían ocultar completita su cabeza…

Su abuela no lo dejó salir sin protección…

Su hermano Porfirio le ganó la cachucha con orejeras del abuelo, y a él le quedó como opción única un calzón de trusa…

Se había resistido, nos contó… pero a varazos de bejuco lo obligaron a colocar sobre la cabeza un viejo calzón de trusa, amarrado por los huecos de las piernas con un mecatito de tendedero.

Así llegó… así provocó aquella estruendosa carcajada de la maestra Gloria…

Los maestros definieron que no era justo, que el chamaco iba a terminar dañado de la mente con esas vergüenzas, así que decidieron cooperar para comprarle algo distinto para que no sufriera aquella humillante situación.

“A ver Rutilo”, le dijo el maestro Pistache… “¿Qué quieres que te compremos… gorro o cachucha?” “Otro calzón”, respondió…

“¡Pero cómo!… ¿Otro calzón?”

“Sí… porque si llego sin el calzón, la abuela me va a dar más bejucazos… nomás cómprenme uno limpio… ¡Sin el manchón que trae éste!”.

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
Imprimir
COMENTARIOS



  • 0
5 6 7 8 9 0 1 2