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Denise Maerker
Denise Maerker
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18 Mayo 2011 03:00:45
Un caso hipotético
¿En cuántos países la denuncia de una mujer humilde habría resultado en el arresto inmediato de uno de los hombres más poderosos del mundo?

A media mañana del sábado, Alicia, la recamarera de origen guatemalteco, aparece en la puerta del cuartito donde se reúnen los trabajadores del hotel más lujoso de la ciudad llorando y con la ropa desgarrada. Apenas puede hablar. Llora descontrolada y se exprime las manos con ansiedad. Sus compañeras tratan de tranquilizarla, le hacen preguntas. Después de un rato Alicia logra hablar. Empieza a contar y se detiene, llora y se recompone, pero lo esencial sale: el señor de la suite presidencial la atacó, se le apareció desnudo y la arrastró a la habitación, la golpeó y la intentó violar, la tocó con violencia y la obligó a hincarse. Ahí se detiene y gime, no puede seguir.

Sus compañeras previenen al gerente del hotel. El gerente oye la historia y les pide a todas que regresen a sus labores, él se hará cargo. A solas le pide a Alicia que le vuelva a contar todo, con detalle. Alguien aparece y sugiere hablarle a la policía, el gerente lo detiene. El señor de la suite presidencial, les explica, no es cualquiera y les ordena que nadie haga nada hasta que lo consulte con el dueño.

Alicia previene a su hermano. El gerente regresa y propone que todos y todas se tranquilicen. A él se le nota muy nervioso. Le pide a Alicia que haga memoria, quizá sin querer, como el señor es extranjero, hizo un gesto que él malinterpretó. Alicia lo niega. El gerente se desespera y reúne a todos, el asunto es el siguiente: el dueño no quiere oír hablar de policías ni de denuncias, el señor de la suite presidencial es muy poderoso y nadie le va a creer a Alicia, ella va a perder y el hotel va a salir desprestigiado con sus clientes que lo que buscan es confidencialidad y discreción. Lo que está en juego es el trabajo de todos. Además el dueño ofrece hacerse cargo de todo: qué necesita Alicia, ir a un doctor, le pagan el mejor, tranquilidad, que se tome unos días.

El hermano de Alicia previno a la policía. Cuando el gerente los está convenciendo, llegan los policías. Luego de escuchar la historia suben al cuarto. No encuentran nada. El gerente por órdenes del dueño mandó que se hiciera la habitación. El jefe de la policía ministerial previene al procurador y el procurador le habla a su jefe. “En nuestra ciudad no pueden ocurrir estas cosas”, reacciona indignado. “Sea quien sea tiene que hacerse justicia”. Pero eso sí, le advierte al procurador, no puede haber ninguna equivocación ni pueden caer en una trampa porque entonces lo ponen a él en riesgo de hacer un ridículo internacional.

El policía reporta más tarde: “Jefe, hay cosas que no cuadran. La recamarera gana poco, pero tiene coche. Es madre soltera. Vive con gente que está ilegalmente en el país. Dicen que el coche lo compró hace poco. No logramos encontrar su casa porque nos da una dirección sin número en una zona marginal. Además hay contradicciones que me preocupan”.

“Investíguenla entonces”, dice el procurador, y al colgar respira aliviado. En ese momento en el aeropuerto internacional de la ciudad despega un avión, en el interior y en primera clase viaja tranquilo el cliente de la suite presidencial.

Lo anterior es sólo una ficción de lo que ocurriría en nuestro país en un caso como el que tiene al gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn en la cárcel.

¿En cuántos países la denuncia de una mujer humilde, en este caso además madre soltera, negra y musulmana, habría desembocado en el arresto inmediato de uno de los hombres más poderosos del mundo?

Aquí en México no desde luego, pero tampoco en Francia ni en otros países del primer mundo.
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