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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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07 Enero 2017 04:00:00
Un rayo en seco
Ya queríamos que un presidente estuviera con sus amigos petroleros.

Tal afirmaba hace años un meloso Romero Deschamps que, por lo visto, no tendrá por ahora un final semejante al de la Gordillo, por más que ambos han saqueado de forma sañuda los dineros de su respectivo sindicato. Justicia selectiva. Una miserable “justicia” la del Presidente actual, que al ser interrogado sobre las corruptelas de Romero, contestó:

“él es amigo de todos los petroleros”.

Un amigo lambiscón. Allá por 1986 lo declaraba un Ernesto Zedillo a quien la muerte del candidato Colosio vino a encaramarlo a Los Pinos:

“la privatización que promovemos en ferrocarriles, telecomunicaciones, terminales portuarias, aeroportuarias, gas natural y petroquímica secundaria marchan de acuerdo con los tiempos previstos y en forma exitosa”.

Y abyección pura, el corrupto Deschamps: “¡En nombre de los petroleros del país y en el mío propio, gracias, señor Presidente, por esta lección de democracia, por el ejemplo de patriotismo y por esta muestra de sensibilidad al sentir del pueblo de México, por escuchar los argumentos y darnos su respaldo! ¡Gracias a su patriotismo, su democracia y su sensibilidad, el petróleo y sus derivados están a salvo de la privatización! ¡Gracias a nombre del pueblo de México”.

Y la teoría de las sustituciones: ¿privatización de Pemex? No, “modernización”, lo proclamaba Peña en una aguada conmemoración de un aniversario más de la nacionalización petrolera. Entonces, rápido de reflejos, el saqueador de los dineros sindicales:

“Los petroleros respaldamos la modernización de Pemex que ha anunciado el señor Presidente. Siempre unidos venceremos”, dijo.

Él ya venció, pero con Peña la paraestatal ha caído en las manos del saqueador internacional. Ya va para un siglo que lo afirmaba el Gobierno de México:

“En materia de petróleo el régimen sigue manteniendo su política nacionalista  Esta misma semana se han otorgado concesiones a A.P. Wichers, a la sociedad anónima E. Thomas y Cía., y a otras dos compañías extranjeras”.

Y hace tres décadas, el Memorándum Brzezinski, fechado en Washington: “Debemos incluir las conversaciones sobre gas y petróleo de México dentro de una amplia agenda de cuestiones bilaterales, incluyendo la de los indocumentados. La clave para hacer avanzar las conversaciones bilaterales son los energéticos. Los mexicanos nos han dejado la puerta abierta. Toca a nosotros decidir si ya es tiempo de entrar, o cuándo”.

Y en el 2003: “G.W. Bush podría ofrecer a México fondos para convertir Pemex en la mejor empresa petrolera del mundo (…) Si Bush padre proporcionó una ayuda similar a Salinas, el apoyo ahora tendría más razón: Bush hijo y Fox quieren integrar un acuerdo energético norteamericano. Necesitamos más energía. Así de simple, dice Bush”.

Calderón: “La inversión privada en Pemex garantizará el desarrollo nacional para las próximas generaciones. Pemex se fortalecerá y así tendremos más escuelas, hospitales, carreteras, agua potable,  electricidad, vivienda, preparatorias y universidades. La inversión privada nos permitirá superar la pobreza y garantizar la educación y la salud. Habrá tren suburbano, tarifas eléctricas más justas para la población y más competitivas para la industria, supercarreteras; servicios más elementales para la población, disminuir la desigualdad, construir un México mejor, solidario, terminar con la pobreza y la desigualdad, acelerar el paso por la justicia, construir el México unido que todos queremos, cerrar la brecha de México con el México agraviado, olvidado, con el México de la pobreza”.

Un México agraviado con el gasolinazo, ese rayo en seco que Peña nos ha lanzado desde Los Pinos, con sus dolorosas consecuencias para la economía familiar.

(Horroroso).
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