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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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18 Febrero 2018 04:08:00
Un rector diferente
Además de convertirse, a partir de mañana, en el primer rector lagunero de la Universidad Autónoma de Coahuila, el ingeniero Salvador Hernández Vélez posee otras particularidades inéditas o poco frecuentes, si se le compara con sus antecesores inmediatos. Una de esas características es su participación, tiempo atrás, en la lucha de causas populares.

Allá en los años 70 del siglo pasado, tomaron fuerza dos movimientos ubicados a la izquierda del cuadrante ideológico: Línea de Masas y Línea Proletaria. La primera con foco principal en Torreón y municipios circunvecinos; la segunda, de perfiles obreristas, con la Sección 147 del Sindicato Minero Metalúrgico de Monclova como punta de lanza.

Hernández Vélez participó en ambos movimientos y no hace mucho publicó un libro recordando esa etapa de su autobiografía política. Muy activo en Torreón, también formó parte de Línea Proletaria en Monclova, donde pertenecía a un grupo de intelectuales que apoyaba a los trabajadores simpatizantes de la Línea.

Tiempo después se adhirió al Partido Revolucionario Institucional, del que llegó a ser dirigente en el estado. Con tal historial no es riesgoso predecir que su labor al frente de la Universidad habrá de adquirir un tono –digámoslo así– distinto, novedoso. Además, al revisar esos antecedentes, se vuelve comprensible que el eje maestro del discurso de su campaña en busca de la rectoría fuera la palabra “cambio”.

Por otra parte, de los últimos cuatro rectores, solamente uno antes que él –Mario Alberto Ochoa Rivera– egresaron de escuelas públicas de educación superior. El resto (tres) cursó y terminó su carrera en una institución privada, el Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

Su currículum hace suponer que la rectoría de Hernández Vélez irá acompañada de transformaciones, algunas de las cuales resultan urgentes. Entre ellas, en primer lugar, la forma de elección de rector y directores de escuelas y facultades, que quienes encabezaron el movimiento por la autonomía de la Universidad, insuflados por el ambiente ideológico del momento, democratizaron a ultranza.

Como se sabe, en esas elecciones se implantó el voto paritario, es decir, dando el mismo valor al voto de un profesor con doctorado y 30 años frente a grupo, que el de un preparatoriano recién ingresado.

En este renglón, la UAdeC es una pieza de museo, pues en la mayoría –si no es que todas– las universidades del país, incluyendo la Nacional Autónoma de México, la designación del rector y de los directores de escuelas y facultades es responsabilidad de un consejo formado por destacadas figuras de la misma universidad, que antes de tomar una decisión evalúan y entrevistan a los aspirantes.

También se antoja impostergable fortalecer la figura de los directores, que en algunos casos se ven maniatados, e incluso nulificados, por consejos formados por alumnos y maestros, quienes, en ocasiones, obedecen más a intereses de política interna y no a una verdadera preocupación académica.

El nuevo rector enfrenta grandes retos que, dado el respaldo demostrado por la comunidad en las pasadas elecciones, habrá de superar con el apoyo de una inmensa mayoría de profesores y alumnos.

La promesa está allí: habrá cambios. Esperamos, por bien de la Universidad, en particular, y de Coahuila, en general, que esos cambios la pongan en el rumbo de la superación en todos los órdenes, teniendo como meta la excelencia.
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