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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

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04 Junio 2017 04:00:00
Un salto hacia adelante
Juventudes más instruidas, forjadas en condiciones y disciplinas de estudio superiores a las de las generaciones pasadas, indican el extraordinario potencial en recursos naturales y la gran creatividad de los mexicanos.

Corazones nuevos y vigorosos han decidido bombear una sangre más rica en pureza y energía al país: actitudes reflexivas, intuitivas, comprometidas con la nación y sus habitantes que infundan una nueva mística de superación y progreso, y una confianza ilimitada en el futuro. Han asumido con valentía la responsabilidad de un país y unas circunstancias heredadas, fabricadas por otros.

Los que conservan orgullo de patria a pesar de los acontecimientos relacionados con actos de corrupción gubernamental que sacuden la misma entraña del país, se han dado a la tarea de planear nuestro futuro como nación. Se preguntan: ¿Cuáles puertas debemos abrir al exterior? ¿Cuáles debemos cerrar? Es necesario diferenciar los aspectos de nuestra cultura y autonomía que son imprescindibles, y aquellos patrones obsoletos que perjudican el desarrollo y bienestar de la patria.

Los seres humanos nacemos en una habitación espaciosa cuyas paredes se abren a miles de puertas de posibilidades. Sin embargo, los pesimistas son presa del temor ante la enorme dificultad que representa el tratar de abrirse paso en un medio de cerrada competencia. Piensan que el libre comercio terminará por arrojar a la mayoría de nacionales donde casi no existen posibilidades de progreso: se acobardan ante la impresionante tecnología y preparación de nuestros competidores… ¡Pero sí se puede!
Es urgente encontrar una fórmula que permita el desarrollo de todos los mexicanos. Los economistas afirman que México es un país de contrastes: Un puñado de multimillonarios y millones de pobres. El desarrollo de un país es incompatible con la desigualdad ofensiva, con la pobreza que cierra las puertas de la oportunidad y de la esperanza a la gran mayoría, porque ha abierto las puertas de la corrupción y enriquecimiento ilegítimo a unos cuantos.

Hablar de cambio es hablar del anhelo más profundo de la gran mayoría de mexicanos. Existe una intrincada red de telarañas que nos impide abrirnos a la realidad. Urge cerrar las puertas de actitudes nocivas, malos hábitos, vicios, ideologías reductivas, y abrir nuevas puertas para reorganizar más profunda e inteligentemente la educación, los centros de trabajo, las costumbres, las creencias.

El nacimiento de una nueva cultura se da con la progresiva ampliación de la consciencia de un pueblo cuyo objetivo es crear las condiciones para asegurar la justicia social. Se requiere de una revolución pacífica, silenciosa, comprometida en el sistema de pensamiento que germine en los hogares, las aulas, organizaciones, instituciones.

México se enfrenta a la posibilidad de un salto hacia adelante: La creación de una sociedad extraordinariamente nueva. La más profunda conmoción social y reestructuración creativa y eficiente puede acabar con la crisis que ha disgregado nuestras familias, zarandeado nuestra economía, contaminado los procesos políticos y desgarrado nuestros valores nacionales.

La sociedad naciente escribirá un nuevo código de conducta, una nueva forma de relacionarse, una manera única de ser y de estar en el mundo. Desafiará a la sociedad corrupta. Será capaz de derribar burocracias contaminadas, exigirá un gobierno más sencillo, menos solemne, más eficaz. México puede tener el gobierno más democrático y justo que ninguno de la historia: un país con su propia y característica perspectiva ante el mundo, la familia, la decencia.

El futuro de México dependerá de la energía que el pueblo esté dispuesto a invertir para crear una sociedad nueva. La imaginación colectiva está a punto de dar a luz. Tenemos un destino que crear.

En muchos corazones, mentes, y voluntades -jóvenes o no- ya se ha iniciado el proceso de reconstrucción. México es La Patria.

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