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Guadalupe Loaeza
Guadalupe Loaeza
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14 Febrero 2017 04:00:00
Un sueño guajiro
Seguramente se debió a una serie de medicinas que estoy ingiriendo y de ampolletas que me han inyectado a causa de una radiculopatía (lo que en cristiano es igual a una ciática) lo que me condujo a tener unos sueños muy extraños desde el viernes. El del lunes por la tarde fue el más exorbitante, por no decir, el más psicodélico de todos. Postrada en la cama y con mi computadora sobre un cojín, me dispongo a contárselos íntegramente y con todo lujo de detalle.

Estaba yo en la marcha. Había muchísima gente: jóvenes, señoras de Las Lomas, indígenas, universitarios, maquiladores, niños, personas de la tercera edad, campesinos, empresarios, burgueses, obreros y personalidades tanto de la izquierda como de la derecha. Todos nos veíamos muy contentos sosteniendo nuestras pancartas con consignas especialmente contra Trump. “Nuestro presidente no le teme a Trump”. “Videgaray es más duro que cualquier muro”. “Trump le hace los mandados al Gobierno de México”, decían algunos carteles. Me llamó la atención que no hubiera ninguna agrediendo a Peña Nieto, al contrario, me topé con algunas que decían: “EPN: No estás solo”. Las que más abundaban eran en apoyo a nuestros compatriotas que se encuentran en Estados Unidos con riesgo de ser deportados y acosados por la Border Patrol. Junto a mí caminaba Enrique y muchos colegas de distintas ideologías. Por allí andaba Óscar Chávez, marchando junto con Emilio Azcárraga y Andrés López Obrador. También vi a Margarita Zavala conversando con Ricardo Anaya y Moreno Valle. Vi a muchos jugadores del América intercambiando puntos de vista con los de las Chivas. Enrique Krauze, al lado de Martí Batres, platicaban animadamente. Vi al cardenal Norberto enarbolando una bandera de arcoíris entre un grupo de la comunidad gay. Todos parecíamos muy unidos. Pero lo que más me llamaba la atención era la cantidad de gente que se unía de más en más a la marcha, llegando de todas las calles aledañas. Era un río de ricos y pobres; de blancos y morenos; de chavos y “rucos”.

Qué contenta me sentía de compartir una marcha entre miles y miles de mexicanos donde campeaba la solidaridad y la tolerancia. De pronto tomó la palabra la señora Wallace ante el júbilo de la concurrencia. “¡Viva nuestra adalid!”, gritaba la mayoría mientras ondeaban las banderas: “Mexicanos, nunca como ahora estamos unidos con un solo objetivo: ¡Por un México-Unido! Marchemos todos hacia el Zócalo, el corazón de la República. Que desde allí se escuche nuestra voz en el mundo entero”, gritaba entusiasta. Todos la aplaudían y hasta la abrazaban. El Paseo de la Reforma se veía pletórico de gente. Todos vestidos de un blanco inmaculado. A lo lejos se escuchaba la música de los mariachis. No muy lejos de estos grupos de música, marchaban los artistas de las telenovelas y los conductores de noticias. Todo el mundo, pero sobre todo los universitarios, venían a pedirles sus autógrafos y muchas selfies, al grito de “¡Viva Televisa!”.

Los contingentes seguían llegando por todas partes. Para ese momento, éramos más de 100 mil personas. Pude hacer el cálculo por haber asistido a muchas marchas, especialmente a la más reciente en Washington, promovida por mujeres contra Trump. Los fotógrafos de diferentes diarios internacionales no dejaban de fotografiar a esa multitud tan alegre y diversa. Al llegar al Zócalo, nos fuimos acomodando lo mejor posible. Todavía faltaban muchos contingentes que venían de Madero y 5 de Mayo. Tuvimos que esperar como una hora, para poder cantar, todos juntos, el Himno Nacional. Para entonces me empezó a doler muchísimo mi pierna, pero no me importaba. Lo único que deseaba en esos momentos era disfrutar de ese México tan unido. De pronto, se me acercaron Los Tigres del Norte y me pidieron que cantara junto con ellos. Estaba a punto de empezar a entonar el Himno Nacional cuando súbitamente, me desperté con un fortísimo dolor por la ciática.

Todo había sido un sueño. Un sueño guajiro.
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