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Wicho Durán
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24 Abril 2017 04:00:00
Un tornado ¡imposible!
#Apenas10Años

Acababa de entrar al salón de clases de la Universidad Autónoma del Noreste campus Piedras Negras, el cielo ya tenía un color claro y gris un poco extraño el cual parecía que traería una ligera lluvia, y de hecho así lo fue, según yo el reloj apenas marcaba las 19:00 horas de ese fatídico 24 de abril de 2007.

Junto con la lluvia llegó un fuerte viento que azotaba las ventanas de la universidad, el cual te recordaba el sonido del viento de aquella película de los 60’s titulada “Hasta el viento tiene miedo”. No se hicieron esperar los gritos cuando una bola de granizo del tamaño de una pelota de golf rompió uno de los vidrios del patio central de la UANE, quizá fue un par de minutos, pero parecían eternos entre los gritos, el apagón de luz y algunas personas que buscaban dónde resguardarse adentro del inmueble. Por obvias razones y sin saber qué había ocurrido más que un fuerte granizo, nos dieron la hora libre, en aquel entonces mi amigo Castillón me dijo vamos a dar una vuelta en lo que se llega la segunda hora de clases, no habíamos dado apenas la vuelta a la calle que conectaba con una de las arterias principales de Piedras Negras cuando se veía una larga fila por cruzar el puente que conecta al sector de Villa de Fuente, un poste de luz tirado a media calle y una docena de gentes corriendo me hicieron recordar instantáneamente aquel 4 de abril de 2004 cuando la creciente del río Escondido había cobrado la vida de varios nigropetenses y cuantiosas pérdidas materiales.

Al cruzar el puente de Villa de Fuente, lo único que pensaba era si sería posible que nuevamente hubiera otra creciente por el mismo lugar, sin embargo el avanzar por la calle Mina me hacía ver un panorama distinto al desmán que había ocurrido en aquella ocasión, carros volteados en sentidos opuestos o inclusive algunos totalmente volteados con las llantas al cielo, nogales típicos de esa región totalmente pelones y sin rama alguna me hacían entender que había sido algo más que un simple ventarrón.

Empezamos a ayudar de la forma que podíamos a las personas que nos encontrábamos al paso del camino, hasta que alguien comentó que una persona había perdido la vida en la plaza principal después de que lo había levantado el tornado y quedar sin vida al momento del impacto contra el pavimento, cuando escuché la palabra tornado comprendí nuevamente que el poder de la madre naturaleza se manifiesta de muchas formas, pero sobre todo que se puede manifestar en el mismo lugar y a veces hasta en el mismo mes.

Trabajar en el Municipio de Piedras Negras me dejó muchas experiencias, algunas valen más que otras, inclusive hasta vale contarse nuevamente sobre todo si se hable de cómo el trabajo incansable de las personas que se solidarizaron nuevamente con los habitantes de Villa de Fuente, Los Espejos, La Deportiva y algunos sectores de la colonia Presidentes, en esta ocasión la madre naturaleza no respetó ni siquiera la frontera con el vecino país del norte al brincar como si nada el majestuoso río Bravo, pues el trayecto de aquel tornado con vientos de hasta 140 kilómetros por hora también afectó la comunidad de Eagle Pass, Texas.

Nuevamente fueron cientos de manos las que levantaron la iglesia del padre Carlitos de Villa de Fuente, el apoyo del Ejército Nacional, el Gobierno del Estado y del Municipio no se hizo esperar y para esa misma noche cientos de cuadrillas entre Gobierno y sociedad volvían a levantar ese terruño coahuilense.

Siempre he sostenido que la vocación de servicio se fortalece al pasar experiencias tan duras como ver en desgracia al prójimo, quedarte sin un techo para dormir, mismo por el cual has trabajado toda tu vida, pero perder a un familiar te vuelve sabedor de valorar cada milésima de segundo del día y mejor aun si lo sabes aprovechar de una manera positiva.

No sería la última vez que me tocaría colaborar en la logística de apoyo a personas afectadas por un tornado a través del servicio público, posteriormente muy cerca de mi lugar de origen Piedras Negras a unos 80 kilómetros de distancia y en el cual radican muchos familiares y amigos se repetiría la historia de un tornado, sólo que ahora en la noble y muy querida Ciudad Acuña en el año 2015.

Espero que las personas que el día de hoy lean esta columna, recordemos que las personas que han fallecido en esos desastres naturales quizá tenían pensado levantarse al día siguiente para ir a trabajar, ir a la escuela o simplemente tenían en mente un plan familiar, quizá pasar la tarde con sus hijos o lamentablemente quizá estaban molestos con algún amigo o familiar, quizá sólo pasarían a pagar un servicio o simplemente comerían y verían televisión un rato antes de dormir, vale la pena recordar que no somos nada y a la vez somos todo en nuestro día a día, ¡valora lo que hoy tienes, si de entrada ya ganaste al abrir los ojos un día más!

Un fuerte abrazo solidario a toda la bonita gente de la Villa.

Hoy es el mejor día de tu vida, por favor aprovéchalo al máximo. Carpe Diem.

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