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Ricardo Alemán
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02 Octubre 2018 04:00:00
¡Una boda así, ni Obama…!
Está claro que en un país libre y democrático, como el nuestro, a nadie debe sorprender una boda con los lujos que cada quien guste y mande, siempre y cuando los organizadores cuenten con los recursos para costear el festejo.

El problema, por tanto, no es la boda y tampoco que los festejados y/o su familia, haya decidido echar la casa por la ventana.

No, el problema es la incongruencia entre el discurso público de los futuros gobernantes –el presidente electo y su claque–, y los hechos; el ofensivo despilfarro que riñe con el discurso de austeridad juarista que, por lo visto, muy pronto olvidaron.

El problema no es la boda de César Yáñez –quien tiene derecho a eso y más si es que tiene el dinero para ello–, sino que por años el jefe del clan criticó al “gobierno rico y el pueblo pobre”, a “los señoritingos” y “políticos fifí” y hoy, en la antesala del poder –a semanas de asumir el poder–, ya son parte del “gobierno rico y el pueblo pobre”, son “señoritingos” y “políticos fifí”.

El problema no es la boda, sino la opacidad de un festejo millonario –especialistas calculan 10 millones de pesos–, que no se han visto en bodas de acaudalados mexicanos. ¿Quién financió la boda, si el novio, igual que su jefe, llevan más de una década en el desempleo?

El problema no es la boda, sino la contradicción de muchos medios que –en su momento–, lanzaron feroces críticas a los expresidentes Salinas, Fox, Calderón y Peña, por sus fiestas y por un supuesto o real derroche y el silencio que hoy exhiben esos medios cuando se trata del lujoso “bodorrio” de uno de los más cercanos colaboradores de AMLO.

El problema no es la boda, sino la doble moral pública y publicada de muchos analistas, críticos, intelectuales y opinantes, que hicieron pedazos a los expresidentes del PAN y del PRI por dispendiosas fiestas y que hoy, cuando el dispendio está del lado de su preferido político, no sólo guardan silencio sino que justifican el derroche.

¿Dónde está la crítica sulfurosa –quemante como el ácido sulfúrico–, de La Jornada, de Proceso, Reforma, Milenio, Televisa o Televisión Azteca; de la señora Aristegui o de la pandilla fascista de Epigmenio Ibarra, a los lujos y al dispendio de la boda?

A Fox lo criticaron por las toallas de 4 mil pesos, cada una, pero nada dicen de excesos como las 10 mil rosas de la boda del vocero; guardan silencio por el bailongo con el costoso grupo Los Ángeles Azules –que cobra 70 mil dólares por su espectáculo–; y menos por el costoso menú de langosta y escamoles… para mil 500 invitados.

El problema no es la boda, sino la contradicción entre el dispendio y la opacidad mostrados en la boda, frente a la “constitución moral” que pregona el nuevo grupo en el poder.

La boda entre Peña Nieto y Angélica Rivera fue motivo de una feroz persecución mediática de la prensa hoy lopista y –sin embargo–, esa misma prensa hoy aplaude el despilfarro y “el triunfo del amor”.

Y es que, una boda así, ni Obama.

Al tiempo.
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