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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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14 Noviembre 2015 05:06:53
Una fiesta del siglo pasado
Todo indica que las corridas de toros están condenadas a desa-parecer. Seguramente lo mismo va a ocurrir con las peleas de gallos y con cualquier práctica que implique que por pura diversión se genere sufrimiento y muerte para los animales.

En unos años, la tauromaquia será parte de un pasado histórico en nuestro estado, en México y en el mundo entero. Un pasado del que no necesariamente estaremos del todo orgullosos.

No es una cuestión de intereses políticos o económicos. Simple y sencillamente la sociedad evolucionó y en este momento se vuelve intolerable el maltrato que se hace a los animales y, más aún, convertir la tortura de un ser vivo en una celebración y para algunos en un negocio.

Cada vez se escuchan menos argumentos para defender el suplicio y la muerte de un toro ante el aplauso y los gritos eufóricos de un grupo de personas. Menos son los intelectuales y los políticos que involucran su imagen con la afición a la tauromaquia. Creo que los promotores de la llamada fiesta brava se van quedando solos, se observan anticuados, insensibles.

Resulta ilustrativo y esperanzador el hecho de ver que son las nuevas generaciones y entre ellos, quienes tienen más estudios, los que se ubican en el extremo que más condena las corridas de toros.

No puede ser arte el hecho de masacrar a un animal, de hacerlo sangrar durante 40 minutos, de que un tipo sobre un caballo le entierre en repetidas ocasiones una lanza con el objetivo de afectar su capacidad de levantar la cabeza y defenderse del grupo de seres humanos que le atacan. No es arte que se le claven 6 banderillas, es decir unos palos alegremente adornados con una filosa púa en la punta, ni que cercano a la muerte del animal, el torero le entierre una espada, no siempre con el “éxito” de acabar con su vida en la primera estocada.

Y luego de su muerte, no considero que se pueda calificar como artística la mutilación del animal para que el torero se lleve como trofeo las orejas o el rabo.

El cuidado y respeto que debe mostrar el ser humano a los animales es fundamental en la educación de las nuevas generaciones. Nos quejamos de un México violento y sanguinario y por ende, no es posible que queramos trasmitirle a nuestros jóvenes y niños que es correcta y defendible una actividad tan llena de sadismo y violencia, una actividad donde se plantea el concepto de que el hombre por simple diversión puede acabar con la vida de los animales. Debe quedar claro que no somos los dueños de la vida de los demás seres.

Es un tema educativo. Es educar contra la violencia. No sólo se trata de procurar una vida y una muerte digna para los animales, sino además cuidar la mente y el corazón de nuestros infantes.

Insisto, afortunadamente nuestra sociedad evolucionó y hoy en día cada vez más gente rechaza las corridas de toros. Y lo mismo ocurre con las peleas de gallos, y dentro de poco sucederá con la cacería y la pesca deportiva.

Quizá en algunas partes del país las corridas de toros se mantengan un lustro, o tal vez hasta una década. Lo cierto es que tarde o temprano van a desaparecer, el tiempo depende de que los promotores busquen que el debate sobre este tema se mantenga en un perfil bastante bajo.

Si los aficionados a la tauromaquia optan por manifestarse a nivel nacional, si buscan el debate y la controversia, si intentan que el tema se vuelva parte de la agenda de la sociedad y de los aspectos a juzgar por nuestros magistrados, lo único que van a provocar es que desaparezca en lo inmediato en todos los rincones de México. Es indefendible continuar matando animales por diversión.

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