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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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31 Enero 2016 04:10:43
Una maldición inesperada
Le apunté con el ojo medio cerrado… racimo de mangos verdes, cocoyitos quiero decir.

Chibirico preparaba junto al Ganso la mezcla de chile seco molido con sal.

Desayuno veraniego… a las seis de la mañana, suele uno levantarse antes que las mamás.

“¡Dale Negrito!”

Me concentré y lancé la piedra, como si estuviera sin maldad…

¡En el mero centro!

El racimo generoso cayó a tierra y se desperdigó… El Pique, Chéchere y Ganso corrieron a juntarlos.

“¡Ay chiquito, te voy a tragar”…

¡Orden… Orden!… Hay para todos.

Como solía hacerlo, Checherengüe mordió uno para apartarlo…

“Sabalito-Sabalón… Sabalito-Sabalón… ¡Que el culo se te afloje por tragón!”

Maldición descamisada que al bembón le vino guanga, ya tenía su mango apartado, el mejor, el medio maduro y medio verde, jugoso y con pulpa.

Comimos a gusto… Enchilados y aullando con las jetas hinchadas.

Agarramos camino… Unos a terminar el sueño en casa, otros a dar de comer a los marranos, otros a llevar el nixtamal con don Macario.

Serían las seis de la tarde cuando Farino, el hermanito del Checherengüe vino a buscarme… “¿'Onde anda Chibirico?… ¡No lo hallo!”

Venía con la cara de asustado, blanco de papel, colorados los ojos y los labios temblorosos.

¿P'os qué fue?

“Que al Chéchere no se le para la cagalera”.

No entiendo… “¿Y luego, Chibirico no es doctor”.

“¡Pero le echó la maldición!”

“¿Cuál maldición?”

“¡La del culo flojo!”

Válgame… Fuimos con doña Meche a buscar a mi amigo, pero andaba p'al rumbo de Paso Pital…

Serio el asunto, llamé a Ganso, a Pique, al Chino Edy… Y fuimos a casa de la tía Godelva.

¿Qué fue?

Chéchere estaba detrás del árbol de aguacate oloroso, llorando por los ojos y por el fundillo.

“Ándale chamaco tragón, si no dejas de cagar aguado 'orita te voy a poner un palo de escoba”.

Tenía como tres horas que le vino el chorrillo y él estaba seguro de que era por la maldición del Chibirico.

Solamente Chibiri se la podía quitar… “¿Y si te cantamos nosotros?”

“¡Tiene que ser el que me la echó!”… Entre llanto y un concierto de pedos, acuclillado, el Chéchere se alistaba para dejar este mundo. Entonces el milagro…

Chibirico llegó entre las hojas de la platanera, con ese aire altivo del sabio.

“¿Qué fue… Qué fue?”

Chéchere clamó… Entre orden, advertencia y súplica…

“¡Quítame la maldición!… Porque si me muero de esta.. ¡Te voy a venir a jalar las patas!”

El Chíbiri tragó saliva… Respiró hondo…

“Por las almas del Pichojitos, del Pique y el Ganso… Que tu culo encuentre descanso…”

Y cantamos los cuatro… “Que tu culo encuentre descanso… Que tu culo encuentre descanso”

Dirán que fue cosa de la fe del muchacho, o de la fuerza de una maldición… O de las hojas maravillosas del té de aguacate oloroso… Lo que quieran…

Pero el Chéchere pidió olote para limpiarse y se paró, encuerado sí, pero con el intestino liberado de toda maldición…

“Pa' la otra fíjate lo que dices”, le recriminó a Chibirico, quien serio reconoce el exceso.

“Sí, trompañero”.

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