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Columnista Invitado
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15 Julio 2017 04:00:00
Una tarde, afuerita de Palacio Nacional
Habrá quien aborrezca a las celebridades con su vida de lujos y candilejas, farándula y frivolidad, pero es justo reconocerles sus méritos.

Por ejemplo, la gran estrella de Hollywood que vino desde su mansión a este humilde país en vías de desarrollo, viajando en su jet privado y sin escalas, sólo para reunirse con el presidente Peña Nieto para un asunto de la mayor importancia y gravedad. Creo que fue Johnny Depp.

Bueno, pues este buen hombre no sólo está preocupado por conseguir un buen papel, que haga justicia a su talento. También quiere poner su talento en pos de las mejores causas.

(Me parece que más bien era Robert Downey junior).

Y una buena causa es salvar a la vaquita marina. Conste que no lo digo por subirme al tren de la fama: ya había advertido del peligro que corren esos pequeños y simpáticos cetáceos del Golfo de Cortés, que están tan al borde de la extinción que quizá ya lo rebasaron.

Esto es, quizá ya corrieron la misma suerte del demonio de Tasmania, el delfín chino del Yangtzé y el pájaro Dodo: ya desaparecieron de la faz del planeta.

Digo “quizá” porque son tan poquitos, y tan amplio su hábitat, que nomás no se dejan ver.

Las que sí siguen apareciendo son las redes asesinas que se utilizan para pescar especies marinas como la totoaba, también en peligro de extinción pero sin gozar de la simpatía de las adorables vaquitas marinas: ni modo.

Por cierto, creo que el gran actor y activista es más bien Sean Penn. mmm, no. Ese no es bien visto por las autoridades, luego de lucirse con su numerito de delatar al “Chapo” y poner en entredicho la honra de nuestra Kate del Castillo. Bueno, ‘orita me acuerdo.

El caso es que el inspirado artista –¿sería George Clooney?– nada más llegó y de inmediato fue llevado en limosina y con escolta directo ante nuestro Mandatario, quien lo recibió con los brazos abiertos, ávido de que algún yanqui lo trate bien, luego de los desaires del villano anaranjado.

Y una vez reunidos, firmaron un compromiso muy formal, firmado con sangre y sellado con sendos escupitajos en las manos propias, que luego entrechocaron ruidosamente, al estilo del Viejo Oeste: la protección irrestricta a la vaquita marina.

O lo que quede de ella.

Para pronto, comenzaron las acciones de salvamento. Por lo pronto, se prohibieron las redes asesinas. que ya estaban prohibidas, pero de manera temporal. Ahora sí será sin safos ni zafaderas, y chin chin el que se raje.

Qué bien.

Lo que nadie mencionó fue a los pescadores de la zona, que también están en peligro de extinción. Ya no tienen fuentes de trabajo y enfrentan la muerte por inanición. Urge una estrella de cine que venga a salvarlos.

(Ya me acordé: ¡era el oscareado Leonardo DiCaprio!)
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