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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila, Presea Trayectoria "Antonio Estrada Salazar" 2018

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03 Enero 2018 02:35:00
Una tradición que perdura
Vistos como vestigios del pasado para las nuevas generaciones, pero tan presentes para un sector de la población, los mercados siguen vivos gracias para esas personas que recurren todavía a ellas.

No existe en nuestro país algún mercado que lleve el nombre de “Juárez, Villa o Madero”, que no solamente son conocidos por su deliciosa variedad de comida típica de cada región, y cada vendedor gritando sus servicios al paso de cada uno de sus pasillos.

Todavía se escucha en algunos de esos mercados el golpeteo de las viejas máquinas de escribir “Remington”, ofreciendo sus servicios para hacer cartas a jubilados, pensionados o gente que no sabe escribir. Servicio requerido por aquellos quienes necesitan escribirle a un familiar, servicio público e inclusive para algún Gobernador, y también usadas para contestar misivas recibidas de parientes o amigos de su propia comunidad.

Pero uno de los servicios que en épocas decembrinas y sobre todo en este mes de enero son los famosos hospitales para las imágenes de la temporada como figuritas de los nacimientos, los Reyes Magos, ángeles, pero sobre todo la del Niño Dios.

Como si fuera un hospital van llegando a estos locales, aquellos que por alguna razón les falta una piernita, un dedito, o cualquier parte de su cuerpo fracturados. Otros son restaurados con pintura, pues su antaño pasó de generación a generación van perdiendo el brillo de su color.

La lógica de la mercadotecnia índica que sale más barato comprar una nueva que restaurarlas, sin embargo, por muy cara que se encuentre; la fe depositada en ellas, los años que llevan en la familia o el significado sentimental, nunca tendrá un precio.

No falta el familiar o propio dueño que siempre intenta primero en repararlo pegando la pieza con algún pegamento comercial dizque para dejarlo como nuevo, pero al final terminan en estos hospitales de figuras porque es inevitable la cicatriz de su fractura y por el mismo valor sentimental todos queremos que no se note, queriendo borrar cualquier imperfección para no recordar ese sentimiento de culpa e inclusive hasta falta de respeto ante aquella imagen que ha cumplido muchas peticiones de oración.

La mayor parte de estos artesanos dedicados a restaurar imágenes, comenzaron sus negocios con sus abuelos o padres en la venta de figuras religiosas haciéndose con el tiempo verdaderos expertos. Son interesantes las historias que cuentan teniendo en la mayoría una similitud, al igual al tipo de demanda a reparar.

Las que más acuden son las imágenes del Niño Dios, faltándole desde un dedo, una mano y demás, pero también les llevan otras como son la Virgen de Guadalupe y de San Judas Tadeo.

Pero en esta temporada lo que más llevan son del Niño Dios, teniendo algunas varias generaciones en las familias y una antigüedad de hasta cien años, mientras que otros son recientes, pero el significado que tiene para sus dueños es muy importante y por ello buscan que los reparen.
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