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Francisco Treviño Granados
Francisco Treviño Granados
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09 Febrero 2019 04:04:00
Uno más: 102
Se conmemoró uno más, otro cinco de febrero más.

Día de asueto, de esos que los mexicanos usamos como pretexto para no laborar cuando la gran mayoría desconocen en su totalidad siquiera el número de artículos que contiene nuestra carta magna.

Sin embargo, hay que celebrar. ¿Por qué? Pues por tradición, porque no me parece digno de celebrar un texto que ha sido 693 veces reformado, que fue confeccionado en un contexto de desorden social producto de una rebelión política erróneamente definida como revolución.

Que posee ciertamente postulados que buscan la justicia social, pero que sus buenas intenciones se ahogan en sus mismas letras y páginas.

Cuando nuestra carta magna cumplió sus primeros 100 años, la UNAM realizó una encuesta muy particular (Tercera Encuesta Nacional de Cultura Constitucional: los mexicanos y su Constitución) obteniendo resultados que no sorprenden, pero que explican el tipo de sociedad en la que actualmente vivimos y los problemas que la azotan desde tiempos decimonónicos; el estudio señaló que 84 por ciento de los mexicanos considera que la Carta Magna se cumple poco o nada; el 56.1 por ciento dice conocerla poco y el 52.7 desconoce el año en que se aprobó, al análisis colige una realidad abrumadora: los mexicanos carecemos de la cultura de la legalidad.

Y solo basta mencionar un par de ejemplos: el artículo primero, señala que nadie puede ser discriminado, no obstante, el solo hecho de que se siga cuestionando la sexualidad de las personas, que se siga negando la adopción gay o los matrimonios gays y que existan defensores del conservadurismo atentando contra este principio de derechos humanos, es una clara muestra de que iniciando el primero de los 136 artículos ya desvirtuamos el contenido de dicho ordenamiento alegando principios morales y religiosos poco
convincentes.

O que decir de aquellas autoridades que se siguen resistiendo al acceso a la información y niegan la entrega de información pública a particulares violentando el articulo sexto constitucional.

Desde luego que la revisión del texto completo para encontrar su correcta aplicación en nuestra realidad nos llevaría sin duda a cierto estado de indignación coyuntural, y quizá dicho ejercicio nos lleve a la conclusión de que necesitamos nuevas leyes, nuevas directrices, una hoja de ruta que nos salve de la ignominia y la sima en que nos encontramos.

Constitucionalmente hemos tenido que recorrer tres episodios: 1824, 1857 y 1917, y siempre pensamos que los problemas de este país radican en contar con leyes malas; nada más alejado de la realidad, pues nuestros mexicanos saben lo que es el respeto a las leyes y el cumplimiento de las mismas, basta con echar un vistazo a un compatriota en los Estados Unidos: no tira basura, respeta las señales de tránsito, no se estaciona en doble fila, no usa lugares para personas con capacidades diferentes, no conduce con una cerveza en la mano, no obstante, cruza el puente y sus hábitos cambian repentinamente y todas esas virtudes cívicas que los caracterizan se vuelven inversamente proporcionales y en México, se vuelve un conculcador de las leyes.

No, el problema no está en las leyes, el problema radica en que las autoridades no han sabido implementar adecuadamente una formación cívica en las escuelas a la vez que aplica castigos ejemplares a quienes se atreven a romper el orden legal establecido.

Tenemos este 5 de febrero de 2019 una constitución que en sus parches intenta encontrar la panacea para todos nuestros problemas, y si seguimos con esa idea reformista textos y más textos constitucionales vendrán, y los resultados serán los mismos.

102 años de celebrar un texto que sigue esperando ciudadanos que se atrevan a seguir sus designios.
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