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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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20 Octubre 2018 04:00:00
Uso y abuso de las redes sociales
La tecnología avanza a pasos agigantados. Tanto que sin pretenderlo quizás nos ha ido rebasando, sobre todo a las generaciones anteriores.

No nos podemos quejar, cada época tiene su propio encanto y lo mismo muestra éxitos que fracasos. Y como nada es perfecto en la vida, no queda de otra que adaptarse de alguna manera a las circunstancias y a los cambios que van llegando.

Seguramente así lo hicieron en su momento, los abuelos, los padres y ahora nosotros mismos. Si alguien llega a preguntar -como ya lo han hecho en las redes- con qué se jugaba cuando no había celulares y tampoco los video juegos; qué hacían las personas de “otra época” -como si fuéramos extraterrestres- la respuesta viene rápido: Pensar, porque no se usaban las calculadoras; disfrutar los juegos con nuestros amigos y con los juguetes que teníamos. Sobre todo, respetar a todos para vivir en armonía.

Eso y más es lo que aprendimos y con lo que crecimos. Siempre con la supervisión de papá y mamá.

Llegaron los aparatitos, los teléfonos móviles, los celulares que constituyen un gran invento. ¿Quién no trae un celular actualmente?
La información llega con gran rapidez y la desinformación también por una sencilla razón: Ni todo es bueno ni todo es malo. El problema está en el uso que se les de a las cosas. En este caso, hablando de tecnología, las redes sociales han venido a revolucionar el ambiente social y laboral.

“Hay que darle su cel a los hijos” -dicen los padres- para saber dónde andan y para una emergencia. Muy buena idea, si realmente se utiliza el aparato para alguna emergencia. ¿Cuántos casos de comunicación, digamos, no correcta, está llegando a los jóvenes?. Sin duda infinidad de casos. Algunos se conocen, otros quedan en el anonimato por la razón que sea.

Chicas que salen de sus hogares aparentemente a la escuela y ni llegan al centro de estudios ni regresan a casa. Casos de “secuestros”, denuncian los padres.

Desafortunadamente no siempre es así. La niña conoció a un chico en el fb y se fue con él; le gustó en una foto que puso en su perfil y resulta que era de alguien más.

¿Qué está sucediendo? No hay supervisión; no hay reglas en casa para el uso de una herramienta, que si bien puede ser necesaria en la actualidad, se convierte en un potencial peligro para quien no la usa adecuadamente.

Las redes sociales pueden ser y lo han sido, de mucha ayuda en un momento determinado. Gracias a ellas, al enlace que oportunamente realizan las personas, especialmente los jóvenes, en busca de apoyos es de elogiarse. La ayuda fluye, como se ha demostrado en situaciones de riesgo.

Ahí es cuando nos damos cuenta de los beneficios que otorga la tecnología y se aplaude, porque está realizando un bien común. Sin embargo, eso es en cuanto a lo bueno de estas herramientas modernas.

Lamentablemente también sin pretenderlo porque nuestros intereses son diversos, diferentes a los intereses de otros, se conocen situaciones bochornosas que atentan contra la dignidad de las personas.

Más triste y lamentable que un individuo, cobarde y desleal, suba a las redes imágenes que corresponden a la intimidad de una persona, en la mayoría de los casos, jovencitas o mujeres jóvenes.

Los jóvenes se están dejando llevar por la imitación. Están copiando escenas de alguna película o de estrellitas que quieren acaparar la atención de un público dispuesto a aplaudir su falta de talento y exceso de vulgaridad.

El morbo mueve a las masas. Parecería que el “talento” de algunos famosos se mide por los “me gusta” en las redes.

Lo que se graba en la intimidad y se permite -algo absurdo, porque la intimidad es algo muy personal- lleva un alto riesgo. El exceso de confianza que están otorgando algunas personas a otras, las está poniendo en un escaparate exponiéndolas a las burlas en las redes.

No solo aquel que realiza y difunde un video tiene responsabilidad por su cobardía, su falta de principios al atentar contra una mujer o contra quien sea, sino también quien se atreve a compartir un material que ni siquiera debería ser motivo de estar en las redes.

Enorme responsabilidad tiene quien otorga el consentimiento para la realización de determinado material.

Está faltando mucho sentido común; practicar los valores que parecen se han ido modificando. Los principios aprendidos en familia, los buenos modales, sobre todo el respeto entre unos y otros.

No podemos culpar a la tecnología de todo lo malo que ocurre, como tampoco creer que porque “son otros tiempos” se pretenda justificar y aceptar lo inaceptable.

Una cosa es el uso que se les dé a las cosas y otra muy distinta el abuso.

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