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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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06 Abril 2017 04:00:00
Verdad histórica
En esta columna he escrito que el gran error de Jesús Murillo Karam, el exprocurador general de la República, fue haber usado el término “verdad histórica” para referirse a lo ocurrido a los normalistas de Ayotzinapa en la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014. El 29 de enero de ese 2015 señalé que la verdad no puede ser cuestión de dogma: siempre debemos estar abiertos a nuevos indicios y pruebas que puedan cambiar la versión de lo acontecido.

Varios abogados me han señalado desde entonces que “verdad histórica” es un término jurídico que no refleja un carpetazo que pudiera impedir la incorporación de nuevos elementos a una investigación. Quizá. Pero en el caso Iguala, más que buscar la verdad histórica, o la verdad jurídica, debemos encontrar simplemente la verdad.

A pesar de los cuestionamientos políticos y en medios, y de los cambios de procurador y responsables de la investigación, la PGR no ha modificado su versión de lo acontecido en Iguala y Cocula. Y con razón. Es la única narrativa con coherencia y basada en indicios concretos, testimonios y periciales.

La información disponible respalda la tesis de que los normalistas, que habían robado varios autobuses, fueron detenidos en Iguala por policías municipales y entregados a policías de Cocula, quienes los transfirieron a sicarios del grupo Guerreros Unidos. Estos los ejecutaron por considerarlos miembros de una banda rival, Los Rojos. Por lo menos algunos de los normalistas, vivos o muertos, fueron quemados en un basurero en Cocula.

Los líderes de Ayotzinapa, un movimiento político, se han negado a aceptar esta versión. Sus razones son ideológicas. Para ellos sólo hay una explicación posible: “Fue el Estado”. Esta es la versión que favorece su lucha para acabar con el sistema político y económico de nuestro país.

Innumerables testimonios, registros telefónicos y pruebas periciales avalan, sin embargo, la llamada verdad histórica. Los líderes de Ayotzinapa afirman que todos los testimonios son producto de la tortura y todas las pruebas falsas. Proponen explicaciones alternativas, como la de un quinto autobús que supuestamente transportaba heroína a Estados Unidos, pero hasta ahora son simple especulación. Nunca se ha encontrado la droga de ese quinto autobús, el cual sólo daba servicio regional, no a la Unión Americana, mientras que todos los normalistas que iban en ese autobús sobrevivieron.

La versión de que los normalistas fueron asesinados y quemados la dio a conocer originalmente el padre Alejandro Solalinde, un feroz crítico del Gobierno a quien los líderes de Ayotzinapa públicamente ordenaron callar. Las bolsas con restos humanos, entre ellos de dos normalistas, fueron encontradas en el río San Juan porque uno de los sicarios de Guerreros Unidos, Agustín García Reyes, “El Chereje”, llevó a los investigadores. Los líderes de Ayotzinapa dicen que no era posible quemar en el basurero a los 43 estudiantes y afirman que las bolsas con restos humanos fueron plantadas, pero especialistas reconocidos, como el estadunidense John De Haan, han señalado que los cuerpos sí pudieron ser quemados en el basurero, mientras que el traslado y trabajo en el río San Juan está documentado en video.

Una vez más, no es cuestión de dogma. Es importante saber qué pasó en Iguala y Cocula para castigar a los responsables. Lo merecen los propios normalistas. Mentir por razones políticas es moralmente inaceptable.

SIN RESPUESTA

Entrevisté ayer en radio a Alfredo del Mazo, candidato del PRI al Gobierno del Estado de México. Tres veces le pregunté cuánto costaría su promesa de dar un “sueldo rosa” de mil 200 pesos bimestrales a las amas de casa de la entidad. No pudo o no me quiso responder.
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