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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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04 Noviembre 2016 03:00:00
Victoria incómoda
Después de 108 años de espera, la victoria es un regalo inesperado, casi incómodo. La derrota es parte de lo que significa ser fanático de los Cachorros de Chicago.
Mucha gente no entiende. ¿Para qué irle a un equipo que siempre pierde? Muchos fanáticos hacen trampa y escogen favoritos con dinero y probadas historias de éxito para maximizar las posibilidades de victoria. Es la solución fácil. Pero ser entusiasta de los Cachorros de Chicago es comprometerse a la derrota a lo largo de la vida. ¿O acaso lo era?
Este miércoles 2 de noviembre mi vida dio un gran vuelco. Quienes piensan que sólo hay tres equipos en las grandes ligas, los Yanquis, los Medias Rojas y los Dodgers, te miran con asombro cuando les dices tu equipo: “¿Cuál dijiste?”, preguntan. Los que saben más son peores, porque te ven con lástima: “¿Los Cachorros? ¿En serio?”.
Sí, los Cubs, el equipo de la maldición de la cabra; el que respetaba el carácter de deporte de verano del beisbol, porque se desvanecía tan pronto empezaba el otoño; el que protagonizaba el programa cómico de la tarde de más larga duración en la televisión estadunidense, pese a nunca haber tenido un estudio; el que lograba que el momento más emocionante de cada partido fuera la interpretación de Take Me Out to the Ball Game en la pausa de la séptima entrada; el que mantenía la filosofía optimista de que “todo equipo puede tener un mal siglo”.
Los Cachorros son parte de la cultura popular. Expresar que algo ocurriría cuando los Cachorros ganaran la Serie Mundial era burlarse de las posibilidades que sucediera. En Regreso al Futuro II, los viajeros del tiempo encontraron que los Cachorros eran campeones de la Serie Mundial del 2015 (sólo se equivocaron por un año). El equipo era inspiración de la frase: “No importa qué tan mal están las cosas, se pueden poner peor”.

Los fanáticos de los Cachorros hemos estado habituados al tropezón de último momento. Haber sido el mejor equipo de la temporada regular, con una sorprendente marca de 103 triunfos, no nos daba esperanzas. Cuando la Serie Mundial iba tres juegos a uno a favor de los Indios de Cleveland, nos resignábamos ante la lógica natural. Cuando en el séptimo juego el marcador llegó a estar 6-3 a favor de Chicago, pensamos que era un truco perverso para que la derrota doliera más. No nos sorprendió cuando el impasable Aroldis Chapman permitió tres carreras en la octava para mandar el juego a extrainnings. Hasta el último out, nos mantuvimos escépticos.

Que el trepidante séptimo juego haya terminado 8 a 7 todavía me deja dudando. Algo debe haberse descompuesto en la maquinaria del universo. Dios olvidó que no le gusta el equipo del norte de Chicago.

Ahora todos los fanáticos de los Cachorros nos enfrentamos a una crisis existencial. No estamos acostumbrados a un equipo ganador. El Wrigley Field es pequeño y siempre se llenó a pesar de 108 años de decepciones. No sé qué pasará ahora con todos los que quieran entrar. Por otra parte, ya nadie se burlará de los Cachorros. Seremos un rival importante para los demás. Pero nos sentiremos solos y despreciados.

Si me ve usted en la calle nervioso, mirando a todos lados, desconfiado, con un temblor ligero en las manos, no se preocupe. Entienda que mi vida ha cambiado. El triunfo de los Cachorros ha fracturado el universo. Por supuesto que estoy contento, pero no encuentro cómo manejar la situación. Nunca pensé que los Cachorros me harían esto.

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