×
Salvador García Soto
Salvador García Soto
ver +
Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

" Comentar Imprimir
02 Marzo 2017 04:00:00
Videgaray y su diplomacia agachona
En apenas tres meses, Luis Videgaray pasó de ser un confeso “aprendiz” de canciller a un diplomático experto. Y con la autoridad no sólo de su cargo de secretario de Relaciones Exteriores, sino con el poder de facto que le ha cedido el Presidente, regañó a los senadores ignorantes –y con ellos al resto de los mexicanos– al pedir que no confundamos “diplomacia con debilidad” y asegurar que el Gobierno de Peña Nieto no es débil frente a Donald Trump, sino que aplica las buenas formas de la diplomacia. “Que no se confundan las buenas formas de la democracia y de la diplomacia con la falta de firmeza. Que no se confunda la prudencia con falta de claridad. Que no se confunda la falta de estridencia con la falta de estrategia. El Presidente y su gobierno enfrentan el reto histórico con claridad de miras y con claridad de estrategia”, afirmó.

No acababa de terminar la cátedra de diplomacia del novel canciller, cuando desde Washington dos nuevas bofetadas se estrellaban en la cara de Videgaray y su “prudencia diplomática”. Por un lado, Donald Trump, en su primer discurso ante el Congreso de su país –entre aplausos compulsivos de la mayoría republicana– reiteraba el martes que ya empezó la construcción de su “gran, gran muro” en la frontera sur (porque ni siquiera se dignó a mencionar en todo su discurso el nombre de México); mientras que ayer en entrevista televisiva en el programa Good Morning América, el vicepresidente Mike Pence aseguraba que México pagará por la construcción del muro en su frontera, con lo que el segundo de a bordo en la Casa Blanca rompía el “acuerdo” hecho por Trump y Peña Nieto de no hablar en público del muro y su pago.

Hace un mes que Los Pinos informara de la existencia de ese acuerdo entre los presidentes de los dos países, en aquella polémica conversación telefónica del 27 de enero, y el vicepresidente de Estados Unidos confirmó que para ellos los “acuerdos” con México son como llamados a misa. “(El presidente Trump) no dijo que México va a pagar (por el muro)”, le comentó a Pence el presentador George Stephanopoulos de la cadena ABC. “Bueno, pues ellos lo harán”, respondió el vicepresidente sin explicar cómo se hará el pago, justo ayer cuando la agencia Reuters revelaba un documento del Congreso que dice que Trump sólo tiene 20 millones de dólares de los 20 mil millones que necesita para financiar la construcción de su muro.

¿Para eso sirve la “estrategia” y la “diplomacia” de las “buenas formas” de Videgaray? ¿Para que se burlen Trump, Pence y todo su gabinete una y otra vez de México y su Presidente? Cuando pide a los mexicanos y a los senadores no confundirse, el canciller parece más bien él el confundido. En su rápido aprendizaje parece confundir la diplomacia, que es en esencia negociación y diálogo para defender los intereses de un país y su dignidad soberana, con un diálogo absurdo e infructuoso con un gobierno hostil al que no le interesa cumplir ni respetar acuerdos con nuestro país y su Presidente, y que ve a México como enemigo o en el mejor de los casos como un vecino inferior e indeseable.

Revindicar la diplomacia en lugar de la confrontación siempre será lo más deseable, el deber ser; pero cuando de una de las partes el interés diplomático es sólo simulado y el diálogo es más bien falaz e interesado, entonces de poco sirve aferrarse a la diplomacia por la diplomacia e invocar una negociación meramente ritual, que sólo puede complicar y empeorar las cosas en una relación dispar y desnivelada. Para que le quede claro al canciller: diplomacia no es consentir y aceptar las agresiones, disculpar los agravios reiterados y agachar la cabeza ante los golpes y las violaciones flagrantes de acuerdos. Y esos tampoco son los principios de la política exterior ni de la tradición diplomática de México.

Porque también decía Videgaray ante los senadores que “en caso de que hubiera violaciones a los derechos humanos de los migrantes” en los operativos racistas de Trump, “buscaríamos acudir ante la ONU”. ¿En caso de que hubiera? ¿No se ha enterado el canciller que todos los días policías y agentes migratorios y fronterizos en varias ciudades de la Unión Americana están deteniendo, con abuso de fuerza, agresiones y engaños a cientos de migrantes mexicanos y de otros países hispanos? ¿No ha visto los videos que documentan esos abusos y violaciones flagrantes a derechos consagrados en tratados internacionales para que a los migrantes no se les trate como criminales?

Aún la mejor diplomacia tiene sus límites y esos están en la dignidad de un país. Decía Maquiavelo que el secreto de la fuerza del príncipe consiste en ser al mismo tiempo zorro y león. Zorro para manejarse con diplomacia cuando se requiera, pero león para saber cuándo dar un manotazo y defenderse. Con su diplomacia “agachona”, Videgaray no llega ni a zorro; más bien es corderito frente al león que lo devora y lo mastica.
Imprimir
COMENTARIOS



top-add