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Rafael Loret de Mola
Rafael Loret de Mola
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Rafael Loret de Mola Vadillo (Tampico, Tamaulipas; 25 de octubre de 1952). Periodista y escritor mexicano, conocido por ser uno de los más serios críticos del sistema político mexicano. Sus libros, muchos de los cuales han sido best-sellers, contienen información confidencial sobre numerosos actores políticos de México. Jamás ha sido desmentido públicamente.

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17 Abril 2017 04:00:00
Vindicaciones anuladas
Ayer, Domingo de Resurrección, los priístas, quienes quedan asidos al presupuesto y la ingente corrupción, decidieron formarse para ir en peregrinación para esperar el milagro de Lázaro materializado en la figura de cualquiera de sus candidatos, los de este 2017 y los presidenciables. Rezaron, colocaron veladoras –a Enrique Ochoa Reza se le vio al pie de la imagen de San Charbel–, cantaron loas y suplicaron la salvación.

No hubo respuesta alguna; quienes fueron identificados con sus conejitos de Pascua resultaron repudiados, abucheados y hasta despojados de sus vestiduras rememorando la pedrea contra María Magdalena en su advocaciones de Margarita Zavala –algunos panistas se sumaron al evento–, Josefina Vázquez Mota y la yucateca modelo de pijamas de cuyo nombre, como decía Cervantes, no quiero acordarme.

El cuentecillo bien pudo suceder, conociendo los acontecimientos recientes como la captura, en Italia, del muy buscado Tomás Yarrington, quien cayó en desgracia al no poder contar con ninguno de los cómplices del peñismo –acaso porque se dio a la buena vida en el país más seductor del mundo y no se ocupó de resguardarse las espaldas distribuyendo lo malamente sustraído de las arcas de Tamaulipas–, y creer que la persecución prescribiría como tantas otras.

Sólo en Tamaulipas hay otros ex mandatarios que debieran sumarse a Yarrington en la prisión, pero sus conexiones de alto nivel lo impiden: Manuel Cavazos Lerma, aquel que no se quitaba el sombrero ni para bañarse; Eugenio Hernández Flores, quien pasó por las sombras en medio de alianzas soterradas con el narcotráfico, acaso toleradas por el mandatario federal; y Egidio Torre Cantú, el descastado quien ofreció el cadáver de su hermano Rodolfo, destinado a ocupar la gubernatura hace siete años, como prueba de fidelidad a las mafias dominantes en el territorio de las cuereras.

La lista de los buscados es tan larga como los pecados del presidente en funciones a quien ya se acusa, con suficiencia de pruebas, por peculado y un enriquecimiento que desborda los excesos de sus predecesores cuando aún no llega, siquiera, el año de Hidalgo. Un caso, sin embargo, es el que más mortifica: El de Javier Duarte de Ochoa, quien se perpetra detrás de un alud de abogados, de todo tipo, mientras esconde su voluminosa humanidad en la capital estadounidense, según algunas fuentes.

Son tantos que ya no le alcanza el último tramo del sexenio al señor Peña para intentar la resurrección imposible.
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