×
Columnista Invitado
Columnista Invitado
ver +

" Comentar Imprimir
10 Julio 2018 04:00:00
Vivir al interior de una promesa
Por: Iveth Luna Flores

Desempolvar los viejos álbumes es volver a sentir el peso del capital simbólico, económico y emocional, pero también es una oportunidad para cuestionar al pasado. El eterno retorno de los “valores”. El aviso de las cuotas que debemos pagar cuelgan de las paredes de la casa: las fotografías de la boda, los XV años, los aniversarios.

Colección circunstancial en torno a una mujer mexicana de clase trabajadora, 2017, es un conjunto de 17 piezas fotográficas de la poeta Yolanda Segura (Querétaro, 1989), que elaboró dentro del Seminario de Producción Fotográfica, una serie de proyectos desarrollados bajo la tutoría de la artista visual Verónica Gerber Bicecci con el statement: Nos prometieron futuro.



En esta colección se desmonta uno de los grandes aparatos de poder de nuestra sociedad mexicana: la familia. A través de un montaje de fotografías familiares –recortadas e intervenidas– que conviven con juguetes en miniatura, Yolanda Segura cuestiona las ficciones en las que están inmersas las mujeres desde que son niñas hasta la adultez: el trabajo doméstico, la crianza, los compromisos. Una madre, una tía o una vecina abre la puerta de la casa sólo para descubrir cómo se desborda el Jenga: la construcción tambaleante de los afectos y las relaciones interpersonales. ¿Qué se despliega cuando miramos las fotografías de las mujeres de nuestra familia? Si nuestras madres y abuelas miran sus fotografías del pasado: ¿qué ven? ¿Y qué les devuelve el espejo falso, hecho de papel brillante, de nuestros juguetes?



Una enorme muñeca sorprendida por la fotografía miniatura de una mujer que posa con una copa de vino. Dos bebés sosteniendo un vaso de vidrio que contiene dos chicas en su interior. Cómplices y testigos de los juegos infantiles, se mantuvieron ahí, en un rincón o guardados en cajas, escuchando el eco de las discusiones maritales, los chismes, las noticias. Los mismos que retuvieron toda la luz de nuestro crecimiento en su cuerpo plástico.



En otra de las piezas observamos un peinador miniatura, al frente hay una fotografía de una madre con sus dos hijos pequeños. Lo que se refleja en el espejo del peinador es el rostro distorsionado de la madre. ¿Qué miraron nuestras madres cada amanecer, tarde o noche, al verse en aquel peinador de su habitación? Porque los muebles, a pesar de su silencio, también estuvieron ahí. Un ropero abierto con vestidos de cartón colgados, arriba vemos un pequeño letrero donde se lee: “TENGO MUCHOS VESTIDOS, ¿QUIERES JUGAR CONMIGO?” y una fotografía de una mujer de mediana edad con un semblante serio posa a un lado.



Cuestionar a las fotografías, interrogar a los juguetes: una forma de vaciar el sentimentalismo, el aura emocional. Nos dieron muñecas, juguetes y accesorios para crear minificciones, ¿quiénes eran las protagonistas de éstas y qué funciones tenían? En las piezas de Segura las fotografías de las mujeres se sientan en los sillones miniatura, están adentro de sartenes y vasijas. Los monitos amenazan a la mujer vestida de novia, enfrascada en una burbuja azul. Mientras nuestros familiares, las personas adultas, jugaban sus propios juegos al interior de una fábrica: la casa, los festejos, la escuela, también nos daban elementos simbólicos, nos condicionaban a construir una ficción pintada de colores pasteles.

¿Qué es lo que mirábamos en aquellos televisores de juguete? Una chica sonriente ahogándose en un vaso repleto de bebés: el adoctrinamiento. Las piezas fotográficas de Yolanda Segura critican y resignifican abiertamente los lugares que ocupan las mujeres en la narrativa familiar mexicana: las posturas –inocentes– detrás de los juegos infantiles: los pequeños utensilios de plástico, inofensivos, de colores pasteles, que no hacen daño a nadie. ¿Cómo narrar la historia laboral de una mujer mexicana sin caer en el sentimentalismo del sacrificio y la abnegación?

Dos muñecas incendian una fotografía de vacaciones familiares: pulverizan el pasado, amenazan lo que es vivir al interior de una promesa. Al final de la muestra vemos una fotografía de una niña inundada de trastecitos en miniatura. La niña está feliz, sonriente. La infancia toma el poder, los juegos se reacomodan y demuestran la verdadera estrategia detrás de ellos. La familia se vuelve un dispositivo lúdico: juguetes que acomodamos de acuerdo a las historias que realmente queremos contar.



Para conocer más del trabajo que se realizó por parte del resto de los participantes del Seminario de Producción Fotográfico visita https://centrodelaimagen.cultura.gob.mxexposiciones/2018/nos-prometieron-futuro.html

Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2