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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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30 Mayo 2016 04:05:52
Vivir la contingencia: una lección para todos
Trabajo en la Ciudad de México. En ese lugar en donde en los últimos meses se han encendido sirenas por las ya famosas “contingencias ambientales”. Para quienes somos foráneos, la expresión “contingencia ambiental” solía no significar mucho, más allá de que las cosas con el medio ambiente no marchaban bien.

Del 2011 a marzo de este año, no recuerdo más de dos o tres ocasiones en las que se advirtiera que el nivel de contaminantes era tan elevado, que se recomendaba no realizar actividades al aire libre y evitar fumar en espacios cerrados. Lo que me parecía lógico en vista de la gran cantidad de vehículos y fábricas que coinciden en ese espacio. Pero en los últimos meses algo cambió drásticamente.

Ojos llorosos, respiración agitada, cansancio anormal, transporte público gratuito, un Hoy No Circula cambiante y dificultad para conseguir una ecobici, no dejaron lugar a dudas de que se trataba de cosa seria y complicada. Un ejemplo, el Hoy no Circula es un programa permanente (los capitalinos se quejan de que en un principio les prometieron que sería temporal) que limita el flujo vehicular en la zona metropolitana con
el objetivo de controlar la contaminación que generan; pues bien, si entender las reglas de tal programa cuando opera de manera ordinaria es complejo, hacerlo en medio de la contingencia requiere un nivel elevado de concentración, juzguen ustedes: “todos los vehículos, inclusive hologramas 0 y 00, que estaban exentos, pero ahora ya no, dejarán de circular un día en la semana y un sábado al mes, dependiendo del
color de holograma o último dígito de la placa; además, X día aplica el Doble hoy no circula, el cual limitará la circulación de los vehículos con engomado verde (placas terminadas en 1 y 2) y amarillo (placas terminadas en 5 y 6), y la excepción incluye también a...”.

Si antes de la contingencia usaba con frecuencia el Metro o Metrobús, ahora ni qué decir. Evidentemente se trata de una crisis que ha obligado a las personas a modificar hábitos y que afecta la convivencia y el desarrollo.

La contingencia ambiental “es un conjunto de medidas que se aplican cuando se presenta un episodio de contaminación severa, durante el cual, las concentraciones de ozono o de partículas suspendidas alcanzan niveles que ponen en riesgo la salud de la población en general y producen efectos adversos en los grupos sensibles” (Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México).

Expertos en el tema, como el premio Nobel de Química Mario Molina, han dicho que las principales causas de esta contingencia en la capital del país son la falta de una buena planeación urbana y el crecimiento del parque vehicular. Sobre ambos temas puede ahondarse muchísimo.

Esta experiencia en la Ciudad de México debe ser vista como una lección y un llamado de atención para todos, ya que, aunque se debe a un fenómeno (multifactorial) concreto de contaminación, actualmente todos contribuimos, por acción o por omisión, directa o indirectamente, al deterioro ambiental en general. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2016), cada año mueren en el mundo más de 12
millones de personas a causa de la insalubridad del medio ambiente. Es importante que hagamos conciencia al respecto. El derecho a un medio ambiente sano es un derecho humano. México es parte en 30 tratados e instrumentos internacionales en los que se reconocen derechos humanos relacionados con la protección del medio ambiente.

Todos estamos obligados a cumplirlos; no sólo los gobiernos, también (y, sobre todo) la sociedad. ¿Qué hacer? Aquí cinco medidas básicas: reutilizar, reciclar y reparar; desconectar aparatos electrónicos; utilizar lo menos posible el vehículo y compartirlo con vecinos y amigos (hacer roles); optar por juguetes que no requieran baterías, y no solicitar bolsas de plástico en el supermercado.
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