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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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26 Agosto 2017 04:00:00
Voldemort a la mexicana
“Estar tan asustado de algo que ni siquiera lo puedes nombrar”.

Así define el sitio Urban Dictionary al efecto Voldemort, un término acuñado por Majeed Nawaz para describir un mal que aqueja a los intelectuales que rehúsan referirse al islamismo radical por su nombre.

Y claro, el nombre se refiere a “Voldemort”, el villano de Harry Potter. “Le temían tanto, que ni siquiera pronunciaban su nombre. Pensaban que si no lo nombraban dejaría de existir”, explica Nawaz en un video (véalo en nuestros sitios).

Obvio, la técnica del avestruz (meter la cabeza en un hoyo) siempre empeora las cosas. El activista británico sugiere que con esta actitud los racistas equiparan a todo musulmán con un terrorista y se evita el necesario debate interno en el Islam sobre el radicalismo.

Muuuy interesante. ¿Y sabe qué? En México también sufrimos del efecto Voldemort. Evitamos hablar de muchos tipos de cáncer que matan nuestras posibilidades de desarrollo. Aquí le van tres ejemplos:

a) Tan sólo el 43% de la población económicamente activa paga impuestos. Fisco, burocracia y corrupción crean el caldo de cultivo ideal para la informalidad. El Gobierno cobrón ahoga cada vez más a una minoría. Le aprietan y le aprietan el pescuezo a la otrora gallina de los huevos de oro.

b) Un 14% de la población no tiene chamba. Sí, la tasa de desempleo abierto del 3.3% que tanto presumen los políticos es mentirosona. Súmele 5.8 millones que ya ni siquiera le buscan. Ah, y peor aún: faltan 6.9 millones que tienen trabajos precarios. Increíble: 27% de los mexicanos en edad productiva están desempleados o tienen un mal empleo.

c) El Gobierno gasta mucho y gasta mal. El Centro de Investigación Económica Presupuestaria estima que el 73% del gasto público es inamovible y que ¡sólo 5% puede modificarse! Sume la enorme corrupción y dispendio en el desembolso de nuestra plata y es obvio: nunca habrá dinero que alcance. Relea “¡Es el gasto, estúpido!”.

Apenas tres botones de la mortaja que envuelve a México. Ojalá que estos fueran los únicos efectos Voldemort que tenemos. ¡Qué va! Se me ocurren 10 nuevos que seguro aprobaría Nawaz:

1. Voldemort parlanchín. La enfermedad de echar rollos bonitos y no hacer nada. Pasar el tiempo haciendo diagnósticos fantásticos y reformas grandiosas, pero sin ejecutar nadita.

2. Voldemort Tlatoani. Creer que la solución a todo se encuentra en una persona que vende curas mágicas a problemas añejos y complejos.

3. Voldemort Independiente. Mal asociado a un reformado de algún partido que “ahora sí está del lado ciudadano”.

4. Voldemort “de los bueyes”. Impresiona su deseo de aplicar la justicia, ser derecho y perseguir la corrupción. en los bueyes del compadre. Preferentemente en los del rival político.

5. Voldemort VIP. El mal típico del grillo que olvida que es servidor. Vive, viaja y gasta como rey. con nuestra plata.

6. Voldemort “cooperador”. Esperar a que alguna autoridad extranjera proceda para luego ayudar en tooodo lo posible.

7. Voldemort aliancista. Enfermedad típica de la época electoral, cuando dos partidos débiles se juntan para ver si así ganan algo.

8. Voldemort gandalla. Virus que no respeta colores: enriquecerse con licitaciones amañadas y pagos escondidos.

9. Voldemort capo. El triste y cada vez más común cáncer del funcionario público que literalmente es un criminal.

No crea que se me olvida el 10, es el peor: “Voldemort indiferente”, el mal que aqueja la mayoría de la población mexicana que permanece impávida abuso tras abuso tras abuso.

Hace poco circuló en las redes sociales un “meme” muy profundo. Dice: “No es la política la que hace a un candidato convertirse en ladrón, es tu voto el que hace a un ladrón convertirse en político”.

Habría que recordar este principio ahora que se acerca 2018. Si seguimos evitando hablar sobre los problemas reales, si seguimos prefiriendo el rollo a la ejecución ingenieril y no le entramos al toro por los cuernos, Voldemort será el menor de nuestros problemas.

EN POCAS PALABRAS

“Metía su cabeza en un hoyo como avestruz, descubriendo así las partes de su anatomía con las que pensaba”.

George Carman, abogado inglés
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