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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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14 Marzo 2017 04:00:00
Votos por lentejas
Horas antes de que el PRI eligiera candidato a gobernador, y frente a una multitud apiñada en la Plaza de Armas, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) apuntó hacia el despacho de Rubén Moreira para denunciar: “(Ellos) compran votos en 500, en mil, en 2 mil pesos. Los Moreira son especialistas y los panistas lo mismo, son unos sinvergüenzas. Tanto los del PRI como los del PAN entregan dinero a cambio de votos. Compran la dignidad de la gente, compran la libertad de los ciudadanos, entregan despensas, frijol con gorgojos, láminas de zinc, láminas de cartón, tinacos”.

“(Entregan) pollos, patos, chivos, borregos, puercos, cochinos, cerdos, marranos… Eso es lo que son: corruptos, sinvergüenzas, que se valen de la necesidad de la gente. Siempre lo he dicho: (eso) no sólo es inmoral, es antirreligioso”, denunció en la firma del Pacto Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México, suscrito por líderes políticos y sociales, empresarios, artistas, asociaciones religiosas y periodistas, el 25 de febrero.

El líder de Morena y aspirante presidencial con mayor intención de voto para las elecciones del año próximo, explicó: “En este movimiento hay cabida para mujeres y hombres de buena voluntad de todas las clases sociales, de todas las religiones, también librepensadores”. Justo cuando las campanas de la Catedral de Santiago tañían para la misa de 6 y tres drones sobrevolaban la plaza a distinta altura, López Obrador recurrió a su vena mística. Advirtió cómo “un personaje (Jacob) se valió del hambre de su hermano (Esaú) para quedarse con su herencia por un plato de lentejas”. (Esaú vendió a Jacob su primogenitura. 25 Génesis 25:34.)

Sin dejar de apuntar al segundo piso del Palacio de Gobierno, donde hasta hace poco despachó Humberto Moreira (calificado por la revista Forbes como uno de “Los 10 mexicanos más corruptos de 2013”), AMLO volvió a la carga. “Eso es lo que hacen estos corruptos: empobrecen a la gente y luego trafican con la misma pobreza de la gente. Ellos se roban el dinero de este pueblo, el dinero del presupuesto (…), eso mismo no sólo está en la Biblia, y lo saben perfectamente los cristianos evangélicos, también el papa Francisco lo ha dicho en muchas ocasiones, cómo se empobrece al pueblo y luego se valen de la necesidad del pueblo, del hambre del pueblo. Eso es indigno, es inmoral. Es una verdadera perversidad”.

Con dos campañas presidenciales y varios recorridos por los 32 estados y los 2 mil 435 municipios del país, López Obrador pidió a los asistentes –de distintos sectores sociales– decirle “a la gente: eso que (les) dan es pan para hoy y hambre para mañana. El pueblo ya no está para migajas. El pueblo lo que exige y necesita es justicia. Eso es lo que significa este movimiento: justicia”. A cada frase del exjefe de Gobierno de la Ciudad de México, a quien Vicente Fox quiso desaforar para eliminarlo de la carrera presidencial de 2006, el público coreaba con el corazón encendido y la mirada puesta en Los Pinos: “¡Pre-si-den-te… Pre-si-den-te… Pre-si-den-te!”. En la tribuna, una mujer agitaba la bandera nacional (no rasgada como la del Campo Marte) sujeta a un palo.

El ánimo en la plaza es contagioso. La esperanza, el deseo de cambio, impregna el ambiente. AMLO, animal político, lo huele. Hace un guiño a Armando Guadiana, el candidato de Morena al Gobierno del Estado, e incita al público: “También les voy a decir que vamos a ganar en Coahuila. Aquí empieza el cambio verdadero”.
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