×
Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
ver +

" Comentar Imprimir
30 Diciembre 2016 03:00:00
Vulgar provocación
La pura idea de ver a Humberto Moreira en la próxima legislatura eriza la piel y causa náusea. La adicción al poder del exgobernador y exlíder del PRI es patológica. En casos así, las clínicas de “desintoxicación” deberían ser las prisiones, pero en México sólo son para los pobres y alguno que otro enemigo del partido gobernante. Elba Esther Gordillo en el PRI de Peña y Joaquín Hernández, “La Quina”, en el de Salinas de Gortari. Moreira debe ser un hombre acaudalado y será intocable mientras Peña esté en Los Pinos. Sin embargo, a estas alturas del sexenio, el Presidente parece haber llegado al punto de procurar su salvación y dejar que los demás se rasquen con sus propias uñas. Largas las tienen, según demostraron en sus gobiernos. No de balde las recompensas, hasta ahora, por dos de ellos (Yarrington y Duarte).

¿Por qué piensa Moreira en el Congreso? Porque a las legislaturas llega cualquiera, así sea un bellaco. Shamir Fernández, Verónica Martínez y Francisco Tobías legalizaron la deuda por más de 36 mil millones de pesos y hoy son de nuevo diputados. ¿Pasaría lo mismo en un país con el mínimo estado de derecho? HMV, como político, está liquidado. Él mismo lo sabe. Para empezar, ¿qué partido postularía a uno de “Los 10 mexicanos más corruptos de 2013” de la revista Forbes? El PRI, cuya bandera contra la corrupción no trasciende los discursos, ya le dijo “no”. El único dispuesto a presentarlo en las boletas es el Partido Joven –invención suya–, “fuerza electoral” que en los comicios de 2013 captó la apabullante cifra de 2 mil 335 votos.

El anuncio de HMV es uno más de sus faroles. Su reciente exposición en los medios de comunicación sirvió para demostrar la animadversión que concita entre la mayoría de los coahuilenses y para causarle más problemas a su hermano Rubén. (Los otros, Carlos y Álvaro tienen sus propios cotos de poder). El dinero no lo compra todo. Moreira es el recuerdo vivo de un sexenio ruin y desastroso. No sólo por la megadeuda, tema de campaña y de investigaciones en Estados Unidos y España. Sólo la PGR –ahora bajo el mando de Raúl Cervantes, quien, por cierto, no tiene la mejor impresión del moreirato– persiste en su empeño de protegerlo y de tapar el agujero negro en las finanzas de Coahuila con el logotipo del PRI.

La aspiración de Moreira es un insulto, una provocación vulgar, inaceptable, incluso en su propio partido, en cuyo último consejo político reapareció María Esther Monsiváis, defenestrada como secretaria de Infraestructura por el escándalo de las empresas fantasma (aún faltan otros por desvelar). Lo hizo no con humildad ni como una militante más, sino con fanfarria, honor y mando, para estupefacción de tirios y troyanos. HMV, en su caso, forma parte del consejo nacional del PRI, lo cual no significa nada, ni siquiera impunidad total. Es una simple concesión, como igual se la concedió a Roberto Madrazo.

En el PRI existe malestar creciente, sofocado por el miedo, pues desde 2005 las candidaturas –para alcaldes y diputados locales y federales– se reparten entre los mismos o se asignan a figuras irrelevantes por no significar un riesgo para el clan. Humberto Moreira no puede evadir su papel de villano. Salinas de Gortari –testigo en su boda faraónica– lo intentó sin éxito. La política está demasiado podrida como para volver a abrirle las puertas a un agente tóxico y repudiado. HMV demostró el daño que puede inferirse desde el poder a millones de personas en un estado donde el Congreso y el Tribunal de Justicia sólo son figurantes.
Imprimir
COMENTARIOS



top-add