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Dan T
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20 Marzo 2018 04:00:00
¿Y así quiere ganar el PRI?
Todos hemos visto alguna película de aventuras en la que el más malévolo villano cae en las arenas movedizas, y está tan desesperado por salir que cada vez se hunde más. Y como es necio y terco, en lugar de quedarse quieto y dejar que lo ayuden, cree que él solito puede salir de la bronca, por lo que se hunde, se hunde, se hunde, hasta que se ahoga y se muere. Lo mismo le pasa al PRI.

Digo, no es que yo quiera ayudar al PRI, sino que más bien los priistas no se ayudan a sí mismos en estas elecciones. Están viendo que su candidato presidencial no levanta ni con Viagra y, en lugar de apoyarlo, lo hunden más.

A ver, se supone que la gracia de José Antonio Meade es que es un ciudadano sin partido, es decir que no pertenece al PRI. O al menos eso es lo que él mismo presume. Si la oferta del PRI este año es que se abrió a la ciudadanía, ¿cómo diablos justifican llevar como candidatos al Congreso a algunas de las peores fichitas de la historia tricolor?

Por ejemplo, en primer lugar de la lista para diputados federales aparece Enrique Ochoa, el actual dirigente del partido y presidente de “¡Ahí, nomás! Por siempre”, el mayor club de fans de Clavillazo. Ochoa es tan antipático que no vota por él ni su ángel de la guarda.

También está en la lista, con lugar asegurado en San Lázaro, el coahuilense Rubén Moreira, que seguramente dejó muchas cuentas pendientes en su estado, pues por algo le urge el fuero.

De igual forma los priistas le regalaron una senaduría a Carlos Aceves, quien a sus 102 años es el líder más joven que ha encabezado la CTM. Nomás para que te des una idea desde cuándo anda delinquiendo este sujeto, él junto con 39 amigos tenía una cueva en la que guardaban sus tesoros hasta que les dio baje Alí Babá.

Por eso digo que es imposible que el PRI se salve de las arenas movedizas del cinismo y la corrupción.

Cosa muy diferente es la historia del burro y el ratoncito que un día iban platicando por la selva cuando, de pronto, el burro no se fijó por dónde pisaba y, ¡pum!, cayó en las arenas movedizas, por lo comenzó a gritar desesperado:

–¡Amigo ratón, ayúdame! ¡Ayúdame, por favor!

El ratoncito iba y venía tratando de ayudar a su amigo, pero no atinaba a hacer algo que realmente funcionaria, hasta que de pronto su cabeza se iluminó con una gran idea.

–¡Espérame un instante, amigo burro, ya regreso!

El ratoncito corrió como loco hasta su casa y sacó su Mercedes Benz 450SEL, ¡todo un clásico!, y condujo velozmente hasta llegar a las arenas movedizas, se bajó del auto y amarró la cola del burro a la defensa del Mercedes Benz, se subió, puso primera y arrancó con delicadeza.

Después de un par de intentos, logró sacar a su amigo. Todo fue júbilo y fiesta, el burro reconoció que no existía nadie mejor ni más ingenioso que su amigo el ratón:

–Amigo ratón: ¡Tú eres lo mejor del mundo! –le dijo abrazándolo.

Pasaron los meses y otro día iban caminando los dos, de nuevo, por la selva en animada charla. Pero esta vez no fue el burro, sino el ratón quien se tropezó y cayó en las arenas movedizas.

Los gritos se escucharon por toda la selva:

–¡Ayúdame, amigo burro! Recuerda que hace un año yo te saqué de aquí.

De inmediato, una brillante idea se le ocurrió al burro: se sacó su enorme miembro y lo dejó caer cual largo es sobre las arenas movedizas y le dijo al ratoncito:

–¡Agárrate, amigo ratón! ¡Agárrate fuerte, yo te saco!

El ratoncito se aferró al dese del burro, éste retrocedió y logró sacar a su amigo. Ambos se abrazaron emocionados y todos en la selva fueron felices.

Moraleja: “Si lo tienes grande, no necesitas un Mercedes Benz”.

¡Nos vemos el jueves!
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