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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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12 Noviembre 2016 04:00:00
¿Y esos huevos?
Recomendé el jueves al señor Peña darse una “limpia”, que su fama pública exhibe una que otra tiznadura. Para mostrarle la eficacia de los huevos negros y las ramas de pirul aludí a la ceremonia en donde brujas y hechiceros inhibieron en Carlos Salinas la tentación de mordisquear, como gobernante, la cuenta secreta. ¿Que si lo lograron? Ya ustedes lo ven; pobre entró el “compatriota” a Los Pinos y pobre salió a la vida privada. El ritual de la “limpia”:

-En el nombre sea del Altísimo.

El curandero bendice a Salinas con cuatro velas.

-¿Y esos huevos?

- Para que se le vayan sus pendientes, señor licenciado. Para que como presidente de México sepa cumplir sus promesas.

El brujo porta el bastón de mando, profusamente adornado con cintas de todos colores.

- Ruega por nosotros. Salinas siente las manos de la curandera recorrer su cuerpo. “Padre mío / Santa alma del purgatorio / Santísima Trinidad / Madre mía / Mamacita linda / Virgen santísima”.

La curandera lo limpia con un ramo de hojas de naranjo que pasea por todo su cuerpo hasta las piernas: “Para que le dé fuerza / para que tenga salud”. (Salinas, inexpresivo, fija sus ojos en algún punto distante).

“Usted es nuestro padre / Dios mío / Jesús mío”. Leoba lo bendice con ramos de rosas rojas y lo limpia con el aroma y los pétalos. Guadalupe centra en él la mirada y el rezo, mueve su cuerpo y apenas levanta los pies de la alfombra amarilla del cempasúchil; lo va “persinando” y le acaricia el cuerpo con las hojas de ruda y poleo. Salinas mira fijo los ojos negros de la curandera; intenta entregarse al ritual, pero el espacio multicolor, santo y pagano, junto a la laguna encantada, profana el rito y lo vuelve espectáculo de cámaras y flashazos.

Esperanza le muestra tres huevos benditos, con ellos recorre su rostro, cabeza, cuello, hombros, pecho, torso y piernas. “Ruega por nosotros”. Bañan sus manos con colonias preparadas de aromas de hierbas. Él les informa al oído que la ceremonia se prolonga demasiado, que debe concluir.

Leoba levanta el crucifijo, se lo acerca a los labios. Salinas, en acto político ante Benito Juárez, declina el beso. En desagravio abraza a las curanderas, mujeres arrugadas de rostros morenos casi impenetrables, de ojos negros cargados de tiempo y de magia, de manos pequeñas repletas de anillos que saben acariciar para limpiar.

El curandero le ofrece el cáliz de agua de ruda. Salinas apresura el trago. “Para que le dé fuerza”. Alejo y Alfonso vinieron desde Huautla de Jiménez a presidir el ritual. “Prendimos las velas para que no tenga tropiezos”. Las 12 velas chorreantes de cera amarilla posan a los pies del Juárez niño, pastorcito de ovejas, que hace las veces de altar.

- Que el dueño del cerro lo proteja. Las velas encendidas son homenaje al licenciado Benito Juárez para que apoye a De Gortari. Que la fuerza una al país que hoy está cuarteado para que no tenga problemas.

¡A limpiarse usted también, señor Peña! (Uf.)
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