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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

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30 Julio 2017 04:00:00
¿Y la cúpula?
Cuenta la mitología oriental que en un pasado remotísimo floreció una civilización de hormigas. Cada hormiga solo sabía hacer un trabajo. Nunca miraba hacia los lados ni hacia atrás, sino que bajaba los ojos, cerraba los oídos, anulaba la mente, y repetía la misma actividad. La excesiva especialización del trabajo y la total subordinación a la comunidad -característica propia de las hormigas- impedía la posibilidad de actualización y las tentativas de superación individual. Así, terminaron no solo por paralizar el avance hacia una mayor aplicación de la consciencia entre los integrantes de esa esplendorosa civilización, sino que poco a poco fueron perdiendo el grado de inteligencia individual alcanzado hasta entonces. Otras
civilizaciones la rebasaron.

En México no tenemos por qué seguir arando con las uñas cuando está a nuestro alcance capacitarnos para usar equipo moderno en el campo. No tenemos por qué estar sentados en los nopales cuando existen nuevas formas de financiamiento para trabajar la tierra y sembrar nuestros propios frijoles.

El progreso de nuestra nación depende de cada uno de nosotros: Del grado en que aprendamos a ampliar la propia visión, miremos hacia los lados, hacia arriba, hacia atrás, y hacia adelante para descubrir y aprovechar las oportunidades que ya están a nuestro alcance.

La tenacidad indomable y la insaciable curiosidad que ha llevado a los mexicanos a interesarse por los problemas sociales y políticos ha provocado un despertar hacia la creación de una sociedad justa y digna. El dejar atrás la ignorancia, el fanatismo, la superstición y la intransigencia, ha sido el inicio de una forma nueva de vivir en México.

Tenemos que admitir que nuestra patria ha venido transformando su consciencia a través de un largo proceso. Empieza a surgir un nuevo modelo de cultura en la cual se utilizan alternativa y equilibradamente la razón, la intuición y la tecnología en la búsqueda incesante de una nueva forma de vida. Razón e intuición: El equilibrio en el desarrollo de ambas facultades, es la clave del progreso. Razón e intuición: Dos fuerzas aparentemente contradictorias… pero no lo son. La virtud de un inexplicable equilibrio entre ellas empieza a surgir en la nueva cultura de nuestro país.

Vivimos mucho tiempo sin advertir lo que México representa en su conjunto. No entendimos la masa de consciencia de la que formamos parte. No consultamos nuestra historia para entender nuestro presente ni planear nuestro futuro. Como una célula que solo conoce el funcionamiento del tejido al que pertenece, nos dejamos llevar sin mirar a los lados, arriba, abajo, atrás o adelante. Sin embargo, el tejido al que cada célula pertenece es solo una parte infinitesimal del cuerpo. Los mexicanos hemos aprendido a dejar la escala ‘celular’ para descubrir la realidad poderosa que es México dentro del concierto de naciones.

La pluralidad nos fortalece como nación. Debemos reconocer que todas las fuerzas políticas tienen una gran responsabilidad con la patria: Trabajar por el desarrollo de la nueva cultura. Millones de mexicanos de diferentes partidos políticos han superado las barreras y las diferentes etiquetas con las que comúnmente se dividen y clasifican: Ideológicas, económicas, y sociales. Se han propuesto trabajar unidos en las obras de beneficio a las comunidades menos favorecidas proporcionando educación y preparación para elevar su condición presente.

La meta de los programas de educación y asistencia social es unir a los integrantes de las diferentes fuerzas políticas en un solo cuerpo que promueva el bienestar de todos los mexicanos, sin distinción de partidos: Una excelente oportunidad de mejorar la vida de las comunidades en desventaja, y arma eficaz contra el paternalismo que tanto daño causa a la nación. Los programas de asistencia social gubernamentales deberán convertir la comunidad pasiva, en generadora activa de su propio progreso. Pararse sobre sus propios pies. No estirar la mano para pedir.

Si las comunidades de base deben aprender a salvar diferencias para trabajar en equipo en proyectos para el beneficio de la nación, ¿por qué no la cúpula?

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