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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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22 Diciembre 2017 04:08:00
¿Y la megadeuda?
¡Vaya ironía! Mientras en Coahuila la megadeuda por 37 mil millones de pesos sigue impune y los responsables del quebranto llevan una vida de millonarios que antes de asaltar el poder no tenían, la Fiscalía General de Chihua-hua detuvo el miércoles pasado en Saltillo a Alejandro Gutiérrez como presunto operador del desvío de 250 millones de pesos del erario chihuahuense para financiar en 2016 campañas en estados donde el PRI era o todavía es oposición. ¿Cuánto de la deuda coahuilense no se utilizó con el mismo propósito en la campaña de Enrique Peña Nieto y de candidatos a gobernador? ¿Cuánto se invirtió a cambio de impunidad?

Al margen de que sea un bon vivant, según dicen de él sus malquerientes, Gutiérrez es un político y empresario destacado de Coahuila. En la Cámara de Diputados y en el Senado tuvo participaciones relevantes y actuó de enlace entre Manlio Fabio Beltrones y la Presidencia de la República en el proceso de reformas estructurales y en las elecciones de 2016, cuando el sonorense se desempeñaba primero como coordinador de la fracción parlamentaria del PRI en el Congreso y luego como líder de ese partido.

Si Gutiérrez es responsable de triangular recursos públicos hacia campañas del PRI, según afirma el exsecretario de Hacienda de Chihuahua, Jaime Herrera Corral, debe ser sancionado. Por el mismo rasero debe medirse al exgobernador prófugo César Duarte –protegido de Emilio Gamboa Patrón, pastor de la bancada del PRI en el Senado– y el propio exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien habría autorizado la operación.

El anodino y arrogante líder priista Enrique Ochoa y el candidato presidencial José Antonio Meade se lavaron las manos. ¡Claro! Se trata de culpar a Beltrones, a Gutiérrez y a su equipo para salvarse ellos y alejar los reflectores de su verdadero jefe Luis Videgaray. Beltrones dista mucho de ser un político modélico, pero tiene oficio. Peña Nieto y su círculo le tienen pavor y desean jubilarlo por las buenas o por las malas. Si Beltrones perdió el año pasado siete de 12 gubernaturas, en parte se debió a traiciones dentro del mismo Gobierno para forzar su renuncia a la presidencia del PRI.

Para mantener una estructura nacional costosa y control sobre algunos sectores de la prensa, el PRI necesita recibir dinero de “sus” gobiernos. Ha ocurrido siempre, indebidamente, pero conforme los caudales públicos son objeto de mayor vigilancia se recurre a fórmulas nuevas como inventar cursos escolares para disfrazar el desvío de recursos hacia campañas políticas. Existen casos aún más deleznables como tratar a niños con cáncer con agua y no con productos químicos, como sucedió en Veracruz en el Gobierno de Javier Duarte, hasta hace poco también protegido de Peña.

El PRI puede negar que financie operaciones y campañas con fondos del erario, aparte de las prerrogativas, pero la evidencia histórica lo desmiente. ¿No se desviaron mil millones de pesos de Pemex a la campaña presidencial de Francisco Labastida? Si Peña, Videgaray, Ochoa, Meade y sus adláteres suponen que los escándalos de corrupción del sexenio serán olvidados por los mexicanos en las urnas, ya pueden hacer la maleta.

Ironía es también que mientras el Gobierno de Estados Unidos tramita la extradición de Jorge Torres López, el exgobernador Rubén Moreira, quien está en las antípodas de Alejandro Gutiérrez —hombre de buenas maneras—, sea premiado como secretario de Acción Electoral del PRI. El nombramiento confirmaría que Coahuila fue el laboratorio para las elecciones presidenciales de 2018.
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