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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

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20 Mayo 2018 04:00:00
Y se atrevió a soñar
El best seller de Richard Back titulado Juan Salvador Gaviota habla de un ave que se atrevió a soñar. La gaviota deseaba vivir en plenitud, potenciar todos sus talentos y posibilidades. No aceptaba su vida de vuelos rastreros, sin alma, detrás de los desperdicios que arrojaban al mar los barcos.

¿Por qué comentar un best seller de 1973? Recibí un video y síntesis del libro de Lima, Perú firmado por Margarita, .(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo) y, aunque el libro se publicó hace varias décadas, aún es vigente y aplicable a nuestro tiempo y a las circunstancias que vivimos.

Juan Salvador Gaviota sentía en su alma el llamado de las alturas, la vocación de la libertad. Por el atrevimiento de proponer una vida distinta a la de alimentarse con desperdicios las demás gaviotas lo aislaron, lo dejaron solo, lo tacharon de loco y lo desterraron.

La gaviota aceptó el reto de aprender de nuevo, en soledad, la búsqueda de mares nuevos, nuevos cielos, nuevos horizontes. En lo profundo de su corazón adolorido sentía que sus alas habían nacido para abrirse a la inmensidad de lo desconocido. Y se arriesgó. Tras muchos intentos fallidos ¡pudo volar! Un día se encontró surcando los altos cielos, azules, maravillosos, inmensos: Un halo de eternidad. Y supo para qué había nacido. Experimentó las honduras de la perfección en el manantial de su propio ser. Ya no buscaba tanto la libertad sino ser libre, ser él mismo, sin ataduras ni temores.

Sin embargo, Juan Salvador Gaviota seguía amando a los suyos a pesar de haber sido desterrado y decidió volver a la bandada para enseñarles que la vida podía ser algo más que comer y disputarse los desperdicios de los barcos. No sería fácil; de nuevo lo aislarían, lo ofenderían porque no estaban dispuestos a cambiar ni escuchar que alguien les hablara de la necesidad de cambio. Eso no importaba, pensó: Con una sola gaviota que se atreviera a soñar y aprender un nuevo vuelo, valdría la pena.

En el fondo de su corazón la gaviota adivinaba que era imposible vivir plenamente su libertad sin intentar liberar a otros; comprendió que la plenitud implicaba el servicio. El amor por los suyos, el respeto a cada uno de ellos, y el perdón, eran tan importantes como su ansiada libertad. El espíritu no puede ser libre sin la capacidad de perdonar: El perdonar eleva a un plano superior. Y Juan Salvador Gaviota volvió.

Poco a poco algunas gaviotas jóvenes se fueron acercando a presenciar su vuelo vigoroso, majestuoso, y le pidieron que las enseñara a volar para experimentar otra vida, y atreverse a ser libres. Y se abrieron los cielos… Juan Salvador Gaviota disfrutaba del inmenso gozo que produce el ayudar a otros… y se convirtió en un verdadero maestro.

Vivimos tiempos difíciles. El año 2018 ofrece dificultades e incertidumbres; sin embargo, Juan Salvador Gaviota descubrió que los sueños se cristalizan venciendo obstáculos; el éxito llega a nosotros a través del esfuerzo de elegir la luz en lugar de la oscuridad.

Las dificultades presentes pueden ayudarnos a obtener la fortaleza de enfrentar las dudas y temores cara a cara, pero también pueden hacer que imaginemos escenarios pesimistas, desoladores. La duda en uno mismo es el obstáculo más desafiante porque impide liberar las capacidades y talentos propios. Las circunstancias presentes nos roban la certeza y la determinación para utilizarlas. La violencia es un camino sin futuro, y la paz duradera requiere nuevas estructuras de justicia y respeto al bien común; así que ¿cómo trazar el camino a seguir?

La educación nos cura de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás. Vivimos momentos trascendentales que exigen una preparación intelectual real. Nuestro presente demanda imperiosamente recobrar el orgullo de patria, el respeto, lealtad, ética, dignidad, orden, perseverancia y, sobre todo, el amor a México que nos haga llorar de alegría y ser uno solo con los demás. El amor puro que existe en cada ser humano y que quizás requiera tan solo ser rescatado.

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