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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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09 Junio 2018 04:08:00
Ya les arde y arde…
El tema del tercer y último debate será economía y desarrollo. Estará dividido en tres bloques y dos segmentos. Se tratarán 7 subtemas: crecimiento económico, pobreza y desigualdad; educación, ciencia y tecnología, desarrollo sustentable, salud, y cambio climático. En dos horas, aproximadamente, los candidatos deberán exponer sus propuestas. Y, en tres semanas más, terminará la contienda electoral más grande y complicada en México. Las encuestas señalan que el próximo presidente será López Obrador, ya veremos cómo se desenvuelven los candidatos, pues debatirán en el contexto de mesa redonda moderada por tres periodistas: Gabriela Warkentin, Carlos Puig y Leonardo Curzio. Los temas a tratar tienen que ver con las oportunidades tan disparejas que han hundido al país en derechos sociales, civiles y ambientales y cómo piensan emparejarlas.

La cosa está que arde y, no solamente en la Sierra de Arteaga, Coahuila, donde los daños a la naturaleza y económicos serán incuantificables, más de 800 hectáreas afectadas por falta de una previsión adecuada. Y nadie saldrá castigado. La impunidad impera y en esta rama, malamente, no se considera que este incendió puedo evitarse, si alguno de los funcionarios sintiera responsabilidad renunciaría, pero estas cosas no suceden en México. Como en muchos asuntos de nuestro país las cosas pasan, ni la Secretaría del Medio Ambiente Estatal ni Protección Civil asumen su responsabilidad, simplemente lo consideran un accidente, aunque todos los accidentes son previsibles o ¿no?...

La cosa está que arde para el candidato del PAN por el nuevo audio video que circula en el cual, lo compromete un sujeto llamado Juan Barreiro por graves asuntos de corrupción, pero la ciudadanía está harta de estas cuestiones y esperan con ansia loca que comience El Mundial de Futbol.

Pasando a temas más amables contaré algunas anécdotas.

Mis bisabuelos paternos fueron: Lola Treviño y Fernando Melo. Vivieron en General Cepeda y tenían una tienda de abarrotes. Tuvieron cinco hijas, entre estas mi tía abuela: Toña Melo. La tía Toña no contrajo nupcias, aunque oportunidades no faltaron. Un día, llegó al pueblo un médico, se enamoró de ella, la visitó y la pretendió. Se fue del pueblo y le envió una carta proponiéndole matrimonio. Sus padres, ansiosos susurraban entre sí, esperando una decisión afirmativa. Ella no decía ni sí ni no. Ese mismo día mi abuelo Fernando le dijo a mi abuela:

–Lolita, Toña ya enmantecó la carta.

Sus hermanas casadas se quejaban de los maridos y de los hijos, a lo que ella decía:

–Amarradas y sin mecate, presas y sin delito, felicítome que no me casé. “Bendita libertad que hasta en pintura es bonita”.

Toña se despertó una noche y fue a la recámara de su madre que agonizaba. Murió, la amortajó como era la costumbre y le rezó un rosario de 15 misterios. Al día siguiente, llegó su hermana, iba a ver a su mamá. Toña le pidió que tomaran un café y desayunaran después de un rato le dijo:

–Anoche mamacita pasó a mejor vida –a lo que Lolita le contestó.

–¡Cabrona, y te la echaste tú sola!

Ya de edad avanzada, la tía Toña se encerraba en el silencio. Las sobrinas le preguntaban:

–Tía ¿Qué hace?

–Preparando el viaje eterno– solía responder.

Las siestas eran momentos de respeto. Mi tía abuela, como yo, nos encolchamos dentro de las sábanas y cobijas, sacamos toda la luz del cuarto y exigimos silencio absoluto, unas dos horas mínimo.

La tía Amalia preparó el terreno para su siesta y cuando iba en el segundo escalón tocaron la puerta de la entrada. Con razón y molesta preguntó en un grito, con una voz que no parecía de este mundo.

–¿Quién es?

–Yo, el gendarme municipal, traigo una nota del presidente.

–Pos pásele.

El gendarme entró hasta la recámara de la tía, quien no se levantó de la cama y con los ojos cerrados le preguntó:

–¿Qué quieres?

–Me mandan a traerle esta nota.

–Y qué dice, —preguntó la tía adormilada.

–Pos no sé. No sé leer. Soy gendarme.

Molesta y abriendo los ojos, le arrebató el papel, se acomodó los anteojos y leyó en voz alta:

–Aquí dice que eres un ¡pendejo!, ve y dile al presidente municipal que primero suba a Manuelita en la camioneta y luego venga por mi escombro. El gendarme salió de la casa con rumbo a la presidencia municipal para llevar el mensaje al alcalde.

–Señor presidente, dice la señora Amalia Melo que la nota dice que yo soy un ¡pen...! que primero suba a Manuelita a la camioneta y luego recojamos el escombro.

Manuelita era la madre del alcalde y el escombró permaneció en la banqueta de la casa de la tía Amalia hasta que terminó la construcción. Los que valoran la siesta estarán de acuerdo en que, arrancar a alguien del sueño reparador por necedades, se arriesga a despertar la ira ancestral.

Las acciones infames y absurdas que consecutivamente ejecutan nuestros gobernantes ya despertaron la ira ancestral de millones de mexicanos. A ver cómo nos va en este último año de gobierno y, en el próxima Administración están depositadas todas las esperanzas y, ¿si no las cumplen?...
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