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Juan Latapí
Juan Latapí
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23 Abril 2017 03:10:00
Yo tampoco les creo
LA INCREDULIDAD Y LA DESCONFIANZA en las instituciones gubernamentales y sociales en México avanzan lentamente, día a día, sin que nadie las detenga. La confianza en las instituciones disminuye cada año. Según la última encuesta realizada el año pasado por Consulta Mitofsky, las instituciones con menor confianza son los partidos políticos, los diputados y la policía.

LA DESCONFIANZA SE PERCIBE CLARAMENTE en la ausencia de certeza jurídica, la falta de certeza en las leyes y en la autoridad; su descrédito es mayúsculo. Ya no creemos nada de lo que nos dicen y aunque a veces la autoridad diga la verdad y tenga la razón, simplemente ya no les creemos. Las mentiras, verdades a media y los rumores están en todos lados; se han enseñoreado de este reino del engaño.

SIMPLEMENTE, DE LA CAPTURA DE Duarte hace una semana se ha hecho un circo mediático lleno de dudas, desde las múltiples versiones de su captura hasta el probable arreglo de entregarse a cambio de no molestar a su esposa y quién sabe qué más; sobra información pero falta la verdad. El descrédito y la baja aprobación del presidente Peña han ocasionado que la mayoría lo consideremos poco inteligente y deshonesto; sobra información pero se desconoce la verdad. Y aunque llegaran a decir la verdad ya no les creemos.

Y CÓMO VAMOS A CREERLES si nos dijeron que con las mentadas reformas saldríamos de los problemas de este país, pero el gasolinazo de enero golpeó directamente en nuestro bolsillo y de la reforma educativa no se ha visto por dónde. El discurso del combate a la corrupción, a la impunidad y a la tortura ya nadie se los cree.

Y CÓMO VAMOS A CREERLES si los partidos políticos –todos- no cumplen con sus promesas de campaña; ahí tenemos el “te lo firmo y te lo cumplo” o “papelito habla” de hace seis años. En las actuales campañas electorales las promesas de los candidatos son una ristra de buenos deseos que difícilmente podrán cumplir.

NO LES CREEMOS QUE LAS próximas elecciones en Coahuila vayan a ser limpias. Todos hemos visto el descarado canje de credenciales de elector por despensas y prebendas; y mientras las acusaciones y descalificaciones están a la orden del día, la Fepade brilla por su sospechoso silencio. Nadie cree que una ponchadura de llanta haya sido la causa de la ausencia de la candidata del PRD en el debate de la Ibero. No les creemos.

Y CÓMO VAMOS A CREERLES si nos dicen que los hermanos Moreira están peleados mientras operan con todo a favor del candidato oficial. Y cómo vamos a creer que la megadeuda no es un desfalco si la información está clasificada, que hubo una exoneración exprés y que hay empresas fantasmas beneficiadas sin que nadie lo aclare adecuadamente. Por eso nadie les cree.

Y CÓMO VAMOS A CREERLES cuando dicen que les importa nuestra salud mientras los hospitales del sector salud están en condiciones deplorables, el desabasto de medicinas es criminal y la atención y las negligencias son escandalosas. ¿Cuándo se ha visto que un funcionario público se atienda en estos hospitales, como cualquier derechohabiente? Les vale y por eso no les creemos.

TAMPOCO CREEMOS EN LA IMPARTICIÓN de justicia. Todos sabemos de veredictos amañados, de la alteración de peritajes y de la venta de justicia al mejor postor. No les creemos cuando dicen no pueden localizar a políticos acusados de corrupción mientras que trabajos de investigación periodística demuestran lo contrario.

LA CRISIS DE CREDIBILIDAD HASTA en la Iglesia está, con el reciente escándalo del abuso sexual de un seminarista en Piedras Negras y los intentos por ocultarlo; ya se les olvidó que la verdad nos hará libres. Tampoco el futbol está exento de esta crisis de credibilidad, basta recordar cómo los árbitros tuvieron que suspender sus actividades ante las sanciones amañadas impuestas por sospechosos dirigentes. Y desde luego que también el descrédito pesa sobre varios medios de comunicación que ocultan o manipulan la información. Ya no les creemos.

YA NO SABEMOS SI SON ciertas las cifras del combate a la criminalidad, de la violencia, de la creación de empleos, de la economía del país y sobre todo de la honestidad de las autoridades. No hay manera de saber si nos dicen la verdad o no, si mienten o si están ocultando algo. Por eso ya no les creemos

ESTA CRISIS DE CREDIBILIDAD HA llegado al extremo de que ya empezamos a dejar de creer hasta en nosotros mismos. Tal parece que ya se nos olvidó que una sociedad que deja de creer en ella misma está condenada a ser engañada y sometida para el beneficio de unos cuantos.

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