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Francisco Morales V.

Emprenden viaje al final de Buenos Aires

Reforma

Como parte de Art Basel Cities, el artista Eduardo Basualdo presenta una obra que lleva al visitante hasta el último rincón de Buenos Aires.

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Ya comienza el atardecer y los vientos que llegan a la ciudad desde el mar son tan fuertes que algunos de los presentes dudan si emprender el viaje.

Casi un kilómetro de camino precario que debe recorrerse necesariamente a pie separa a los espectadores de la obra de arte. Al final, la curiosidad triunfa y nadie en la comitiva se repliega.

Se cierran los abrigos, se ajustan las bufandas y comienza la peregrinación a través de un largo muelle de madera que habrá de llevar al público, sobre el turbulento Río de la Plata, hasta el final mismo —y comienzo— de la ciudad de Buenos Aires.

"Este río es mítico para nosotros. Es el origen de la ciudad, un río que tiene también una historia de muertos. Es un río denso, pesado", explicaba antes del viaje el artista Eduardo Basualdo (Argentina, 1977), artífice de la obra Perspectiva de la ausencia.

Al final del muelle aguarda la culminación de la pieza, todavía insospechada para quienes no escucharon su plática introductoria.

Por primera vez en su historia, la Asociación Argentina de Pesca (AAP) abrió al público en general el muelle que le gana terreno a las aguas y que, diariamente, está a disposición de sus miembros para la pesca recreativa y deportiva.

Con motivo de la iniciativa cultural Art Basel Cities y su programa de intervención del espacio público titulado Rayuela, en honor a la novela de Julio Cortázar, la AAP concedió a Basualdo el permiso para intervenir el pasaje que sale de su sede, en el barrio de Costanera Sur.

"Para mí, este lugar siempre fue un lugar medio secreto. No olvidado, sino secreto, al que nunca había podido acceder", expuso Basualdo en la charla previa, en el restaurante del club. "Uno puede ver la decepción de la gente en la reserva cuando sale y ve el muelle y no sabe cómo llegar. Es un lugar que despierta mucho misterio, muchas ganas de estar acá y nadie sabe cómo entrar".

Hay que sufrir para merecer. Magnético por la lejanía que traza, porque su fin no es visible desde la costa, el muelle es difícil de cruzar por los vientos que azotan al viajero.

Aun para los experimentados pescadores, cada cierto espacio hay pequeñas construcciones que funcionan como refugios del clima. Los niños menores de 12 años tienen prohibido el paso a partir de cierto punto.

"Lo primero que uno nota cuando va caminando es el viento. Una cosa muy impresionante, fuerte, y una dificultad para llegar a la obra. La obra aparece después de un esfuerzo de un espectador que no es el usual.

"Yo trato de ser capaz de dirigir el tiempo del espectador, que no se consuma la obra de un vistazo", había prevenido Basualdo.

Mientras se avanza, Buenos Aires se vuelve cada vez más lejana, y la línea del horizonte de sus rascacielos se mira con extrañeza, como si fuera la primera vez.

"Desde acá, vos ves una Buenos Aires que no se ve desde ningún lado", presumió.

"El título Perspectiva de ausencia tiene que ver con este punto de vista nuevo, pero también lo que sucede es que, una vez que uno entra y llega al final, lo que descubre es un paisaje de Buenos Aires que parece antiguo. Umo siente como si viera cómo era Buenos Aires antes de ser fundada, como si la descubriera uno en la costa".

Por el muelle van apareciendo elementos como reguiletes —"molinetes", en porteño— y una bicicleta de afilador, referencia a la figura del cuchillero argentino que, como en el cuento El Sur, de Jorge Luis Borges, refleja la historia violenta del país.

"Este puente para mí era casi como un viaje en el tiempo, recorrer la historia de Buenos Aires, y yo, la sensación que tengo de esta ciudad, de nuestro pueblo, es que es muy sanguinaria, muy fraticida también", abundó.

Tras una larga caminata, pensada para ser extenuante, el público entra a la intervención de uno de los refugios, en penumbras, donde también se percibe el sonido de un cuchillo que se afila y un poco de vapor de agua.

A la salida, aparece la culminación de la obra: en el mero final del muelle, una puerta giratoria, violentamente movida por el viento, invita a los espectadores a cruzar el umbral, hacia el mar.

"A mí me gustaba a nivel topológico este lugar, porque es un borde claro de donde termina la ciudad; en todas las otras direcciones, la ciudad se va deshilvanando. Éste es el paso que no va a dar nadie", dijo Basualdo sobre la intención de la obra.

Sorprendidos por el hallazgo, los visitantes contemplan la puerta por largo tiempo, como considerando la invitación a cruzar hacia el mar, o se toman fotografías con ella. Al final, el gesto de la puerta giratoria implica también regresarlos de nuevo hacia Buenos Aires.

"Para la cultura porteña, para mí, tiene un contenido fuerte, de vaciado, de proyección hacia donde suponemos que está Europa, aquel horizonte, pero, sobre todo, tenía un gesto que a mí me interesaba, que es que te volvía a meter en la ciudad", concluyó el artista.

En el regreso a Buenos Aires, desde su último rincón, se van encendiendo las luces del puerto mientras comienza a oscurecer. Los vientos no hacen más que arreciar en el camino de vuelta.