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*Ulises Granados/Columnista invitado

Tiene Japón pocas opciones ante Norcorea

Reforma

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En su columna, Ulises Granados analiza a Japón, país que por su cercanía con Norcorea es un blanco fácil para el régimen de Kim Jong-un.

El problema que representa Corea del Norte por su programa nuclear y de desarrollo de misiles tiene sin duda una dimensión global, pero opaca una situación regional más tangible e igualmente perturbadora: el riesgo de un escenario bélico con misiles cargados con armas químicas o biológicas que afectaría directamente a Corea del Sur y a Japón.

Se sabe que el régimen norcoreano puede estar almacenando hasta 5 mil toneladas de armas químicas. Además, una parte importante del arsenal de alrededor de mil misiles con que cuenta el régimen (los Nodong, Taepodong, Musudan y Pukguksong) puede alcanzar el territorio japonés. De hecho, desde 1998 varios misiles han surcado sobre el Mar del Japón y algunos han ingresado a su espacio aéreo.

El 12 de febrero pasado el régimen norcoreano lanzó un misil Pukguksong-2 de alcance intermedio que cayó en aguas del Mar de Japón, y el 6 de marzo cayeron en la zona económica exclusiva japonesa tres de los cuatro misiles lanzados desde Corea del Norte, a solo 200 millas de la ciudad de Oga en la prefectura de Akita.

Para enfrentar la amenaza nuclear, química y biológica entre la población japonesa, la Oficina del Secretariado del gobierno difunde y actualiza desde 2006 -como respuesta a la primera detonación nuclear norcoreana- su manual “Para Protegernos contra Ataques Armados y Terrorismo”.

Recientemente, el primer ministro Abe señaló el 13 de abril ante un panel parlamentario sobre seguridad nacional y diplomacia que el régimen norcoreano podría contar con la capacidad de lanzar misiles con armas químicas y biológicas tales como gas sarín.
 
La tragedia en Siria por armas químicas y la propia experiencia japonesa de sufrir uno de los peores atentados terroristas con gas sarín en el metro de Tokio en 1995 dejan claro a la administración Abe que el riesgo de continuar dejando a Corea del Norte perfeccionar misiles de mediano y largo alcance y amenazar a Japón es tan relevante como permitirle perfeccionar su tecnología nuclear y de misiles intercontinentales que amenazaría a Estados Unidos y al mundo.

Para Japón, la aproximación al problema norcoreano es tanto multilateral como bilateral.

El primer ministro Abe, durante su encuentro con el vicepresidente estadounidense Mike Pence en Tokio el 18 de abril reiteró que la alianza nipo-estadounidense seguirá siendo la pieza angular de la paz y estabilidad del este de Asia, y dentro de esta lógica está la participación de los destructores Ashigara y Samidare de las fuerzas marítimas de autodefensa japonesas en los ejercicios conjuntos con el portaaviones USS Carl Vinson en aguas de la península.

Al mismo tiempo, Japón ha pedido a Rusia y a China que ejerzan más presión contra el régimen de Pyongyang para destensar la situación y conminar a Pyongyang a la mesa de negociaciones.

Para Japón, mantenerse al margen de una disputa que se agrava día a día entre Corea del Norte y Estados Unidos es inaceptable, en aras de la seguridad nacional. Pero las opciones son pocas.

Por un lado, dejar que la tensa situación en la península ceda por inercia propia tras el costoso bluffing de Kim Jong Un y Donald Trump, y continúe por años el avance en el programa nuclear y de misiles, puede erosionar la alianza bilateral nipo-estadounidense si no hay un compromiso expreso de parte de Tokio por ejercer más presión a Pyongyang.

Sin embargo, ejercer presiones económicas extremas y sanciones, tanto bilaterales como en la ONU, aunado a una ominosa presencia naval japonesa en el Mar del Japón, puede colocar a la población japonesa como el objetivo primario de un posible ataque norcoreano.

Para enfrentar la amenaza norcoreana hay básicamente tres opciones realistas. En primer lugar, una postura más activa de las fuerzas de autodefensa de Japón.

A pesar de que Japón es regido por una Constitución pacifista, una decisión del Gabinete de 2014 y un paquete de 10 leyes promulgadas en 2015 autorizan a las tropas una participación limitada para ejercer el derecho de autodefensa colectiva.

Recientemente el partido gobernante ha propuesto aumentar la capacidad de defensa contra misiles, incluyendo tener la capacidad de destruir las bases desde donde se lancen los proyectiles.

En segundo lugar, adquirir como garantía de seguridad extra sistemas de Defensa Aérea de Fase Terminal de Altura (THAAD) de Estados Unidos.

Actualmente Japón posee su propio sistema SM-3 y el sistema Patriot PAC-3 para defender el archipiélago. Sin embargo, Japón se está preparado para invertir más fondos en el Sistema de Defensa de Misiles Balísticos Aegis (ABMD) y para un sistema THAAD terrestre, mediante asignación de presupuesto para los años fiscales 2019 a 2023.

El sistema THAAD emplazado en marzo en Corea del Sur — y que deberá estar completamente operacional para este verano- podrá ser un gran paso complementario para garantizar seguridad a Japón al tiempo que ofrece garantías a Corea del Sur y a las tropas estadounidenses emplazadas en estos dos países ante futuros lanzamientos.

En tercer lugar, Japón puede negociar algún tipo de acuerdo limitado con Corea del Norte aceptando su estatus de potencia nuclear y el levantamiento de algunas sanciones a cambio de garantías de seguridad y de un grado de solución a los casos propios de secuestro de ciudadanos japoneses desde la década de los años setenta.

Japón tiene implementado su propio paquete de sanciones económicas y financieras contra Corea del Norte, incluyendo la prohibición de viaje directo entre las dos naciones (en 2006 el gobierno japonés prohibió la llegada a puerto del barco de carga y pasajeros norcoreano Man Gyun Bong 92 en represalia al lanzamiento de misiles), por lo que un levantamiento selectivo de sanciones podría favorecer la seguridad de Japón, aún a costa de la alianza con Estados Unidos.

Considerando que la administración Trump no tiene contemplado un violento cambio de régimen en Corea del Norte como el objetivo principal de su postura de fuerza en la península, es probable que Japón aplique un poco de estas tres opciones y, junto con Washington, continúe presionando a China para que ejerza su claro poder de intermediación financiera con el régimen norcoreano a fin de obligarlo a garantizar la paz y estabilidad de la región y del mundo en aras de su propia supervivencia.

*Ulises Granados es profesor asociado del Programa de Estudios Asia Pacífico ITAM