El junior de la incógnita azul aceptó exponer su cetro delante de la gente luego de la derrota, mientras el líder de los Rebeldes Tuareg cumplió su deseo. “Sólo espero que la Arena y los promotores le pongan fecha, porque yo ya estoy listo”, sentenció el guerrero con corazón de gladiador.
OLEADA AZUL
Las luces, el sonido y la bruma sobre el entarimado cubrieron el recorrido hacia el ring en espera del primer paso hacia el escenario de la “leyenda color cielo”. Pero nada puede borrar el momento de silencio entre la entrada de la música y el estridente grito de la afición que aclama a su héroe enmascarado, mientras una marea de gritos recibió al ídolo del ring.
Durante el primer asalto, los gladiadores no esperaron a que se cantara el inicio de la primera caída para arremeter con violencia sobre sus oponentes. Liderados por el junior, Tony Rivera y Piloto 2000 demostraron su habilidad en el juego de cuerdas, precisión en el aire y castigos a velocidad para tender a Espartaco, Dr. X y Loco Max.
Para la segunda caída, bastó la rudeza de los rufianes para acabar con las aspiraciones del bando blanco para ganar con dos caídas al hilo.
En el transcurso del último tercio las energías habían sucumbido al cansancio de toda la refriega, donde se dividían las esperanzas entre la porra de rudos y técnicos para revelar con el rugir de sus gargantas la identidad del ganador.
Sin embargo, el sentido de estrategia o mera bellaquería de Espartaco salvó la noche para los malandrines, porque le hizo ganar “a la mala” su desafío de relevos australianos contra el Demonio Azul luego de pegar una patada a la entrepierna del líder técnico.
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