Cd. Juárez, Chih.- El presidente Felipe Calderón sólo la miraba. Luz María Dávila se plantó ante la mesa que encabezaba el Mandatario y le espetó: “No puede ser que diga que eran pandilleros, si estudiaban y trabajaban”.

Fue un encuentro inusual. Doña Luz María le dijo que no podía darle la bienvenida ni saludarlo de mano. Margarita Zavala, esposa de Calderón, se mostró impactada ante el reclamo.

“Si usted perdiera un hijo buscaría hasta debajo de las piedras a los responsables; pero como yo no tengo esas posibilidades no lo puedo hacer.

“No me diga que sí. ¡Haga algo, señor Presidente! Queremos el Juárez de antes, no el sangriento”. Calderón asentía con la cabeza frente a la llorosa mujer, que después estallaría en franco llanto.

Desde el atril dispuesto en el centro social Cibeles le demandaron. Pero desde los asientos la gente le hizo sentir su desesperación por la inseguridad, su desconfianza en la autoridad.

Quienes abrieron fuego ante el Presidente fueron doña Luz María y seis mujeres más.

Al comenzar las cuatro horas que duró el diálogo con la sociedad civil, se pararon de espaldas a Calderón en protesta. Éste ni siquiera volteó a mirarlas en los 10 minutos de su intervención.

Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación, se movía en su asiento y miraba la escena, mientras Zavala nunca de dejó de hacer anotaciones.

Ciudad Juárez amaneció con más seguridad de la usual. Al menos cinco helicópteros militares sobrevolaron la ciudad. Militares con catalejos estaban apostados en la torre de control del aeropuerto y otros armados estaban en las azoteas del centro social, ubicado en la Zona Norte de Juárez, a unos 500 metros de la frontera con Estados Unidos.

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