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Morelia, Mich.- Las pesadillas no la han dejado dormir. Como si al acercarse la fecha, los recuerdos de la noche del 15 de septiembre de hace un año invadieran su mente con el propósito de impacientarla.

“Sigo teniendo miedo”, confiesa sin recato la señora Belem Zavala Rodríguez. “Sueño a veces como si estuviéramos otra vez en el mero accidente. Hace como dos o tres noches soñé todo, tal y como pasó, y me da miedo”.

No es para menos. La mujer de 55 años es una de las víctimas que dejó el atentado cometido por presuntos narcos contra la gente que celebraba el Grito de Independencia esa noche.

Una granada que estalló en medio de la multitud le destruyó la pierna derecha, le fracturó el brazo y le dejó secuelas sicológicas que no ha logrado superar.

“Estoy bien arisca, el Domingo de Ramos fui al templo y me puse muy nerviosa, donde miro mucha gente pienso que algo malo hay por ahí, aunque sea en el templo. Queda uno bien traumado”.

Como cada año, esa noche Belem llegó a la plaza Melchor Ocampo acompañada de sus dos hijas, una de 13 años y la otra de 36, así como por su yerno.

“Íbamos casi corriendo, hasta empujando a la gente para encontrar un mejor lugar. Íbamos bien contentos, casi nunca salíamos a ningún lugar por la falta de dinero, pero al Grito siempre íbamos todos porque era la fiesta del pueblo”, dice mientras se acomoda en una banca de concreto que se encuentra en medio del patio de su vivienda construida con ladrillo y cartón.

“Hasta me refinaba la garganta de tanto decir ¡viva, viva! y al ratito un trueno espantoso, se oyó un tronazo (sic) y sentí que me pegó algo en la cadera, y luego luego empecé a sentir caliente la pierna y después me fui al suelo”.

Por momentos hizo a un lado el dolor físico que sentía ante la incertidumbre de que su familia, que sobrevivió al ataque aunque con lesiones en las piernas, pudiera estar también lesionada o, en el peor de los casos, sin vida producto de la explosión.

“A mi niña, a mi muchachita de 13 años ya no la miraba, a mi otra hija tampoco, pensé lo peor, estaba el tiradero de gente, unos lloraban, otros se quejaban, otros no decían nada, estaban estáticos en el piso”, relata mientras con sus manos acaricia la prótesis de plástico y goma que los médicos le colocaron en la pierna que perdió.

Doña Belem se enteró de lo ocurrido hasta llegar al Hospital Civil, del cual salió dos meses después. “Yo en los días de mi vida nunca había padecido ninguna enfermedad y mire, todo el tiempo que estuve en el hospital”.

La granada prácticamente le desprendió la pierna derecha de la rodilla hacia abajo, pero la fuerza del estallido le quemó por completo el muslo, por lo que los médicos optaron por amputárselo casi a partir de la ingle.

“Me quedó un rabito asinita de chiquito (sic), nada más donde se alcanza a poner la prótesis”, explica la señora, que junto con su esposo y su hija mayor llegó a Morelia hace 25 años, tras dejar el pueblo cercano a Moroleón, donde nacieron.

¿Le ha cambiado la vida?

“Por completo. Al principio me sentí muy triste y hasta la fecha sigo muy triste de verme sin mi pierna y de no poder hacer casi nada de lo que antes hacía. Hago muy poquitas cosas porque con la prótesis camino, pero ayudada con la andadera, pero no camino mucho, algo leve, luego me enfada y me la quito y me ando en la silla de ruedas.

“A la calle salgo nada más a misa o a visitar a alguna vecina, pero antes casi nunca estaba en la casa, siempre andaba haciendo cosas. Mi esposo siembra y yo le ayudaba a vender frijol y maíz, ahora alcanzo a contar las cosas que hago en el día y antes no me alcanzaba el día para hacer todo. Cuando nos la mirábamos fea (económicamente) me iba a lavar ajeno, planchaba, hacía aseo en las casas, pero ahora ya no puedo hacer eso”.

Doña Belem no para de hablar. A su edad luce fuerte físicamente y la corta edad de su hija significa para ella las ganas de salir adelante.

“Tengo 55 años y aunque me falte mi pierna le hago la lucha porque tengo todavía por quien vivir, tengo a mi muchachita de 14 años y le hecho muchas ganas, pero mi pierna me hace mucha falta, aunque me estoy haciendo a la idea de que así va a ser mi vida”.

¿Qué piensa de lo que pasó?

“Yo quisiera que fuera el año pasado por estos días para no ir a ese evento, pero el hubiera ya no existe y hay que salir adelante. Lo que pasó fue horrible, fue muy injusto, nos agarraron inocentemente; como todos los años nosotros estábamos bien contentos y lo que hicieron fue una injusticia, le pegaron a pura gente que íbamos a divertirnos, hay personas que lo estamos contando, como yo, pero hay quienes no están para contarlo. Fue una cosa muy fea, no deberían de haberlo hecho. No merecíamos nada esto”.

¿Qué les diría a los autores del ataque?

“Que fue una injusticia la que hicieron y no deberían hacer eso con la gente inocente. Si ellos traen sus broncas que no rematen con uno, porque ¿qué culpa tenemos nosotros de todo eso?

La humilde vivienda de la señora Belem se localiza al poniente de Morelia, en la colonia Cruz del Barranco, un sector con calles sin pavimentar, con jóvenes bebiendo cerveza y consumiendo drogas en cada esquina y su casa se encuentra a espaldas de la parroquia Cruz del Calvario, a donde acude a misa los domingos.

Considera que su fe y el apego a la religión católica la han llevado a la reconciliación interior y a perdonar a sus agresores.

“De primero sentía rencor, pero ahora pienso que no, mejor que Dios los juzgue y que Dios arregle todo eso (la inseguridad y la violencia), porque uno qué puede hacer”.

Fiesta en la Catedral

El temor de la señora Belem para asistir a reuniones públicas masivas no es generalizado en Morelia.

El sábado por la noche, como cada semana, cientos de personas tomaron las calles del Centro Histórico para participar del resplandor de los juegos pirotécnicos que iluminan la fachada de la Catedral, localizada a un costado de la plaza Melchor Ocampo, donde hace casi un año ocurrió el atentado terrorista.

Como parte de un ritual que se realiza para reseñar la historia del edificio clerical y atraer turistas y visitantes a los comercios y restaurantes de la zona, la Iglesia y el Gobierno realizan cada sábado una verbena en la que, además de la pirotecnia, ofrecen a los asistentes espectáculos de mimos y payasos.

-¿Ustedes no tienen miedo de reunirse aquí después de lo ocurrido hace un año?, le pregunta el reportero a una joven pareja de esposos.

La verdad no. Hay mucha vigilancia y honestamente no creo que vuelva a pasar algo como eso”, contesta el señor, quien lleva sobre sus hombros a su pequeño hijo.

Y así fue. Esta vez la violencia no se desató en contra de la multitud moreliana, quien, renuente a dejar la función, se tuvo que dispersar a consecuencia de la lluvia.


CRONOLOGIA DE LA TRAGEDIA

Así sucedieron las cosas ese día

» Un atentado con explosivos dejó ocho muertos y unos 100 heridos durante la celebración del Grito de Independencia; el gobernador Leonel Godoy calificó el hecho de “acto terrorista”.

» Las autoridades de Michoacán confirman que son siete los muertos al momento de la explosión y 100 los heridos por las detonaciones de dos granadas de fragmentación en el Grito de Independencia en la plaza central de Morelia, al que asistían miles de personas.

» El Gobernador de Michoacán, Leonel Godoy, se traslada al día siguiente por la tarde a la Ciudad de México para reunirse con el presidente Felipe Calderón, quien “ofreció al Gobierno y a la sociedad michoacana todo el apoyo en los esfuerzos dirigidos a combatir al crimen organizado, con el fin de acrecentar la tranquilidad y la seguridad de las familias de esa entidad”.

» El Gobierno estatal tilda el episodio de “acto terrorista” y se inclina por atribuirlo al crimen organizado, que azota a gran parte del país.

» “Técnicamente es un acto terrorista, sin que sepamos aún quienes son los que lo realizaron, pero estamos sin duda ante un ataque terrorista”, admite Godoy, del PRD.

» Godoy dice que el crimen organizado es el principal sospechoso y revela que recibieron amenazas previas.

» Michoacán, donde nació el presidente Calderón, fue el primer estado al que el Gobierno federal envió fuertes contingentes militares sólo días después de asumir el poder, en diciembre de 2006.

» Durante un desfile militar, Calderón dijo que el ataque en Morelia es un acto que atenta claramente contra la seguridad interior del país.

» “Se trata de actos cometidos por traidores que no tienen el menor respeto por el prójimo ni por la patria”, dijo Calderón.

» “Se equivocan quienes pretenden que el miedo haga presa de nuestra sociedad y nos inmovilice, habremos de hacer saber a estos criminales que, sin importar cuáles sean los intereses que persiguen, están condenados al fracaso”, añadió entonces.

ESQUIRLAS TRUNCARON SU FUTURO
Excélsior

El primer ataque terrorista perpetrado por el crimen organizado en México le truncó el sueño de ser modelo y la obligó a abandonar la escuela.

Cristina Guadalupe Estrada, de 19 años, recuerda que bastó una esquirla de granada para cambiarle la vida, la noche del 15 de septiembre de 2008, frente al templo de La Merced.

Sentada en la sala de su casa, Cristina rememora los hechos que pasó al lado de sus tres amigos: “Me hubiera tocado donde explotó porque yo iba pasando. No me tocó tan grave”, señala.

Durante varios días, Cristina vivió con la esquirla en su pierna: “Me dieron de alta y me vine; después de unos días regresé. Vinieron por mí y me sacaron la esquirla, porque no me la querían sacar. Entonces la esquirla me estaba llegando al hueso y era lo que me estaba haciendo mal, pero me la sacaron y me volvieron a dejar internada”.

Con indicación de absoluto reposo, la joven dejó de acudir a la prepa. Ante tal situación, sus maestros decidieron aplicarle después los exámenes para que no perdiera el ciclo escolar. Sin embargo, no encontró apoyo de un profesor.

“Me dijo que ya no, que eso no era problema de él. Fue entonces que perdí mis estudios y mi trabajo”.

Durante los fines de semana Cristina Guadalupe laboraba como edecán, faceta que se ha visto truncada por su lesión en la rodilla. Con una sonrisa tímida dice que esperará a que, con el paso del tiempo, pueda volver a utilizar zapatillas para continuar con su pasatiempo y trabajo.

SIN SU PENSION, PERO CON GANAS

Las heridas físicas y mentales aún no han sanado en la familia López Alvarado. El 15 de septiembre de 2008 decidieron acudir, por primera vez, a la celebración del Grito. Cabizbajo, acompañado de su esposa, Rita Alvarado, José Ángel López narra cómo se transformó su vida tras esa noche. “Cambió todo.

Únicamente me siento… como que no puedo hacer mucho, y aquí en la casa hay mucho que hacer. Los doctores dicen que me cuide, porque un movimiento, un cargamento y se puede venir todo para abajo”.

José Ángel, como cabeza de familia y a sus 35 años de edad, está imposibilitado para trabajar: las esquirlas de granada se incrustaron en su pierna izquierda, que se vio gravemente afectada; incluso espera el diagnóstico médico para saber si lo vuelven a operar. “Es en el fémur izquierdo, fue quebradura, y ahorita traigo placa como con 11 tornillos. El doctor también me dijo que me vuelve a operar porque el hueso está pegando en falso.”

¿Qué les pasó? Esa noche, los López Alvarado fueron a la plaza Melchor Ocampo y no sólo el padre de familia fue herido: los niños Diego, de 3 años, y Luis Daniel, de 12, así como Rita resultaron lesionados. Con un poco de optimismo, José Ángel comenta: “Ahora sí que si estamos vivos hay que echarle ganas, ya que nos dejó vivir–a como vimos las cosas– pues ya... Ahí en la plaza estábamos ubicados, y de ahí ya no regresamos a la casa más que a los 15 días que nos dejaron salir del hospital. Le estamos echando ganas”. Carpintero de oficio, José Ángel cambió las herramientas y la madera por los ejercicios que realiza diariamente.

A casi un año de los atentados, José Ángel espera saber cuándo volverá a trabajar, porque las deudas no esperan. Al contrario. Su situación económica empeora cada día. La deuda del recibo del agua es de mil pesos; el pago del predial está pendiente, el gasto para la comida, el gas, la luz y otros servicios son viacrucis cotidianos de la familia López Alvarado. El único integrante de la familia que se vio beneficiado con una de las pensiones que otorgó el Gobierno del Estado es Luis Daniel, quien perdió parte de un dedo.

Sin embargo, el pequeño Diego –que quedó herido de su pierna izquierda–, la señora Rita –ella tuvo esquirlas en ambas Piernas– y José Ángel –que tiene que sostener a la familia, pero no puede– no fueron acreedores a la pensión. El recurso económico es insuficiente, pero no por ello José Ángel y su familia dejan de agradecer el apoyo. No los han dejado solos en su recuperación, afirman. José Ángel se toma en serio los ejercicios de rehabilitación para retomar las herramientas y volver lo antes posible a su carpintería.

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