Y es que la crisis, que trajo consigo desempleo y aumentos a insumos utilizados diariamente en la vida de una empresa, no les dejó otra opción más que cerrar sus puertas al público y buscar un ingreso fijo seguro.
Tan sólo en el tramo de esta transitada avenida, de Francisco Coss hasta Pedro Figueroa, 23 locales permanecen vacíos, en sus fachadas se observa la leyenda “se renta”, impresa en carteles y mantas, junto con los teléfonos a donde la gente interesada puede comunicarse.
En palabras del economista José María González Lara, es difícil que una pequeña empresa se blinde ante la crisis, pues se ve seriamente afectada ante la falta de ventas, que es la principal consecuencia del desempleo, que no garantiza un ingreso a los que antes eran sus clientes.
“Es sencillo: la base de la riqueza es la producción de bienes y servicios. Cuando hay crisis, todas la condiciones de inversión se trastocan, por lo tanto se afecta la producción, distribución y comercialización, y si no se corre con suerte y buena administración se llega a la quiebra”.
El principal gasto para una pequeña empresa es la renta del local, afirma González Lara, y comenta que en esta zona de la ciudad, donde decenas de establecimientos se han mantenido a lo largo del tiempo y otras tantas se han ido, el costo es alto.
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