“Aquí hay un problema de alarmismo. Es posible y quizá un riesgo que simplemente no deberíamos de considerar. Pero no debemos llegar tan lejos. Aunque no haya todavía una amenaza de desaparición de la raza humana, pueden pasar miles de cosas totalmente inaceptables que justifican ampliamente las acciones que hay que tomar”.
Al dictar la conferencia “Cambio Climático y la evolución futura del Homo Sapiens”, en el marco de la Segunda Jornada de Vanguardia Científica, en la Rectoría General de la UAM, expuso que los costos de un aumento importante de temperatura serían enormes y mucho mayores que el de las acciones a tomar.
Por supuesto, reconoció, algunas medidas son muy caras. Europa estaba considerando energía solar en el desierto del Sahara. Por supuesto, se necesitan líneas de transmisión nuevas y demás, todo parte de los costos que los economistas están tratando de estudiar.
Se refirió también a la energía eólica, pero es intermitente, o a la nuclear, pero a la de nueva generación. En ese sentido, dijo que Chernobyl es totalmente inaceptable. “No hay manera alguna de que se volviera a construir una planta de este tipo; sería totalmente escandalosa.
“No cabe duda de que Chernobyl fue un desastre gigantesco, pero estamos hablando ahora de plantas mucho más seguras y el problema que tenemos es que hay riesgos de todo, las minas de carbón son peligrosísimas, pero se siguen usando; tenemos accidentes enormes en el Golfo de México por explotar petróleo.
“O sea, que todo lo que hagamos tiene riesgos, pero lo que estamos tratando de hacer es, con el avance de la sociedad, tratar de minimizarlos a un costo razonable para que, al mismo tiempo, pueda haber un progreso razonable”.
Efectivamente, sostuvo, estamos hablando de cambios muy importantes para la sociedad, que está tan acostumbrada a usar energía barata, pero tiene que haber una conciencia global de protección al planeta, al medio ambiente.
Mario Molina opinó que si se hace de manera creativa, no estaremos hablando de sacrificios respecto de las acciones a tomar, sino de cambios.
A manera de ejemplo se refirió a que el tamaño de los vehículos en un país escandinavo respecto del promedio de los de Estados Unidos es enorme. “Y no puede uno decir uno, pobres suecos, porque ellos están muy contentos con eso. Es una cuestión de cultura”.
Consideró que los científicos tienen un problema enorme de que no les han podido comunicar con claridad a los políticos la seriedad del problema.
“Muchos están de acuerdo. Ninguno objeta. Pero el problema clave de momento para que se pueda llegar a un acuerdo global en el que se le ponga precio a las emisiones es el Senado en Estados Unidos, que en este momento no ratifica ni el Protocolo de Kioto, que está a punto de culminar”.
Entonces, hasta que no haya un cambio importante en este grupo no podemos hablar de que haya una probabilidad seria, de que haya un acuerdo internacional.
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