Saltillo, Coah.- Ante la creciente percepción de que el crimen organizado es quien realmente manda en el País en tanto que disminuye la confianza en las estructuras formales de poder, el sacerdote jesuita Juan Carlos Henríquez Mendoza advirtió que está latente el riesgo de que los mexicanos cedan sus derechos individuales a cambio de la esperanza de seguridad y tranquilidad.

Al dictar la conferencia “Reconocer el mal para construir esperanza: Radiografías del Norte Actual”, el integrante de la Comisión Internacional de Comunicación, Religión y Cultura expuso que la población mantiene su confianza en las fuerzas armadas mientras que se reduce la que tienen en los gobiernos federal y locales, los congresos, el sistema judicial y las policías.

Con base en los resultados de estudios de opinión realizados el año pasado en distintas entidades del país, Henríquez señaló que la familia, la Iglesia, la universidad –entendida como la manifestación del quehacer académico, científico y del conocimiento a favor del bien público y no del político–, y el Ejército son las instituciones en que más confían los mexicanos.

El también profesor investigador de la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México precisó que en el Norte del País, el 66.7 por ciento de la población confía en la universidad en tanto que el 66.5 por ciento lo hace en las fuerzas armadas.

“Esto llama mucho la atención”, expuso, “el Ejército, con todas las noticias que nos llegan, no ha generado en la gente la desconfianza que pensaríamos que hubiera generado cuando tenemos noticias de violaciones a los derechos humanos, atropellos, retenes, etcétera. En realidad esas desviaciones del Ejército no llegan a manchar su imagen entre la gente, se sigue creyendo muchísimo en el Ejército”.

El especialista, con estudios en comunicación, sociología, filosofía, ciencias sociales y teología, contrastó que no ocurre así con otras manifestaciones del poder público o gubernamental que provocan una mayor desconfianza entre la población.

“Se parece mucho a la situación de Chile de Pinochet, a la situación de otras dictaduras de América Latina en los años 60 y 70, donde el Ejército alcanza unos índices de confianza entre la población muy superiores a lo que la ola democrática, el lado democrático del gobierno, puede representar”.

Para Henríquez Mendoza, el fenómeno puede tener su origen en el deseo ciudadano por que termine la violencia vinculada al crimen organizado, deseo que hace estar dispuesto a tolerar el uso de la fuerza y de las armas.

Como ejemplos citó la alta disponibilidad que los mismos estudios de opinión refieren que tienen los ciudadanos para avanzar hacia modelos de la aplicación de una mayor fuerza contra los delincuentes y la elevación de penas para los delitos hasta llegar a la cadena perpetua y pena de muerte.

“Tenemos un área en la mentalidad social en la que cuando vemos descontrol, en cuanto vemos descontento, lo que queremos es una acción directa a través de la fuerza, a través del castigo, a través de la represión, a través de la coerción”, expuso.

“Esto enciende focos rojos: no nos molestaría tener a los tanques en la calle, se ven feos, sí, pero no nos molestaría mucho, nos generarían una sensación de seguridad. Pero ¿dónde quedó el proceso democrático de la gente?, parece que no está cuajando, que preferiríamos un retorno a la dictadura”.

Ante este contexto consideró que el riesgo radica en la posibilidad de que se renuncie a derechos cuya conquista requirió mucho tiempo y esfuerzo.

“La ira social lleva a la venganza social y es capitalizable políticamente”, destacó, “hay una parte de la sociedad que desea regresar a un régimen duro, dictatorial, a la mano dura, aún cuando eso signifique el sacrificio de las libertades individuales.

“Ahí está el foco rojo por el hecho de que estemos coqueteando con la idea de manos duras, de una sociedad más represiva, de una vuelta al tradicionalismo, de un apretar las leyes… de avanzar hacia una sociedad punitiva y vengativa, a la abolición de los derechos humanos. Eso es preocupante porque luego nos arrepentiremos”.

DE PODER A PODER

El sacerdote Juan Carlos Henríquez Mendoza, quien colabora en diversas investigaciones sociales, se refirió a la percepción que los mexicanos tienen sobre los poderes en el país.

Explicó que los estudios de opinión muestran una realidad de dos caras: por un lado, los ciudadanos no se sienten representados por las estructuras gubernamentales electas como representantes y, del otro, una clara imagen de que los criminales toman mayor fuerza hasta incidir a nivel social.

“Estamos en un país en el que se empieza a percibir que quien manda es el crimen organizado y que en estados con alto desarrollo económico, como son todos los del Norte, el mundo empresarial tiene ya una ausencia en las decisiones cada vez mayor”, expuso.

Con ello, manifestó, resulta evidente que el ciudadano percibe cada vez más que quien manda en su realidad social es la delincuencia organizada que no lo representa ni emanó de él y, por lo tanto, la criminalidad se convierte en un Estado impuesto.

Consideró que esto es la principal patología de México, cuyos habitantes son huérfanos porque no son representados por las autoridades formales, las electas, ni por las de facto, los delincuentes.

El conferencista consideró que conocer la realidad actual de México es el paso inicial en el camino hacia la solución de los problemas sociales.

Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb
Comentarios