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México, DF.- “La decisión del gobierno calderonista de atacar al crimen organizado por la vía de las armas podría resultar en un número de muertos similar al que se registró durante la guerra de Vietnam”, dijo Manlio Fabio Beltrones en 2011, entonces Senador de oposición.

En su momento, la frase sonó descabellada. Pero dos años después, Daniel Gómez, un ex agente del Departamento Antidrogas de Estados Unidos (la DEA), recuperó la idea y dio un comparativo:

“Ochenta mil personas fueron asesinadas en México durante la guerra contra las drogas en los últimos 8 años. Durante la intervención de Estados Unidos en Vietnam, 58 mil estadounidenses fueron asesinados en 10 años”, aseguró.

Agregó: “Si alguien duda que hay una guerra verdadera ocurriendo al sur de nuestra frontera, necesita abrir sus ojos y sus mentes”.

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, reconoció en febrero pasado un número aproximado de 70 mil muertos, a consecuencia de la guerra contra el narcotráfico emprendida por el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Recientemente, el ex mandatario federal lamentó la actual crisis de seguridad que atraviesa México, pero no por los muertos que provocó su estrategia basada en la militarización, sino por su “error en comunicación”.

Calderón, quien está becado por la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard, dijo en una plática a mediados de septiembre pasado que su error fue comunicar que se lanzaba “una guerra” y no “una estrategia contra las drogas”.

No es la primera vez que el ex mandatario mexicano reduce a “un error de comunicación” la estrategia fallida de su gobierno.

Para muchos activistas y organizaciones civiles y sociales y políticos, Calderón es culpable no de comunicar mal, sino de una guerra que costó la vida de entre 60 y 90 mil mexicanos.

La mañana del 1 de diciembre de 2006 Felipe Calderón usó por primera vez la banda presidencial y siete días después lanzó el “Operativo Conjunto Michoacán”, en el que participaron 10 corporaciones federales estatales y municipales con la intención de combatir el narcotráfico en la entidad “por cielo, mar y tierra”.

El Gobierno federal envío a 4 mil 200 militares, mil marinos, mil 400 policías federales y 50 agentes del Ministerio Público a la entidad con la misión de acabar con el crimen organizado. La estrategia simplemente fracasó.

Aunque las cifras de los muertos durante el sexenio calderonista no son claras, se estima que entre 60 y 90 mil personas perdieron la vida a causa de la estrategia contra el crimen organizado.

Además, diversos informes señalan que hay cerca de 26 mil personas desaparecidas a causa de la guerra contra el narcotráfico. Tan sólo la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) informó que entre enero de 2007 y marzo pasado, se registraron más de 1,800 muertes violentas de menores en hechos vinculados con la guerra que desató el gobierno de Felipe Calderón.

Misma estrategia

De acuerdo con una investigación de la profesora Beatriz Magaloni, de la Universidad de Stanford, la estrategia de Calderón Hinojosa –adoptada por Peña Nieto– de ir por los líderes del narcotráfico en México desencadenó más violencia en el país.

La investigadora encontró que los homicidios relacionados con el comercio de drogas aumentaron en casi un 40% en los municipios afectados después de que un líder fue capturado o muerto.

En octubre pasado, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) afirmó, que el modelo de seguridad implementado durante el sexenio del ex Presidente panista es el mismo que el de Peña Nieto.

“A 10 meses del regreso del PRI al gobierno federal y a tres meses de las elecciones más violentas en la historia de México resulta evidente que no ha habido un cambio de fondo en la estrategia de seguridad. El modelo de combate al narcotráfico continúa, la guerra continúa”, denunció el Movimiento que encabeza el poeta Javier Sicilia.

Detalló que durante el mandato de Calderón se implementó un modelo de seguridad militarizado, una “estrategia que ha llevado a que el periodo sea bautizado como ‘el sexenio de la muerte’, con más de 100 mil muertos y desaparecidos”.

El Movimiento por la Paz citó cifras de la base de datos de Lantia, que señalan que en los primeros seis meses del sexenio de Peña Nieto se contabilizaron ocho mil 52 muertos, un promedio de 33 por día.

Y afirmó que “puede haber decidido ya no llamarle guerra, pero eso no significa que no lo sea”.

La cifra de la administración actual ronda los 6 mil 250 homicidios dolosos. Sin embargo, el semanario Zeta de Tijuana contabilizó 13 mil 775 muertes en los primeros ocho meses de la Presidencia de Enrique Peña Nieto.

Basada en esos conteos, la organización Insyde proyectó, que de mantenerse el ritmo de incidencia, al término de la gestión peñista habría 124 mil 975 muertes. Es decir, casi un 50% más que el cierre del sexenio pasado.

“Ese es el récord que deja una política que impuso el abuso y la arbitrariedad [...] Todo eso como resultado de una guerra elegida, absurda, fracasada, como fue la guerra impulsada por Calderón”, acusó.

LOS MUERTOS SIGUEN

“Los decapitados, desmembrados, colgados, encajuelados, desenterrados de narco-fosas, con el tiro de gracia, homicidios en enfrentamientos entre los diversos cárteles de la droga y elementos policíacos han sido un tema del día a día, a pesar de la estrategia federal de no informar al respecto”, afirmó el semanario Zeta, días antes del Primer Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto.

A principios de marzo de 2013, cuando Peña Nieto cumplía 100 días al frente de la administración, el gobierno decidió como estrategia el silencio en temas relacionados a la violencia.

Sin embargo, los datos duros documentados por el semanario demuestran que en ocho meses de gobierno peñista, entre el 1 de diciembre de 2012 y el 31 de julio de 2013, sucedieron en el país por lo menos 13 mil 775 ejecuciones relacionadas con el crimen organizado.

Zeta aseguró que los homicidios dolosos relacionados a delitos federales contabilizados por el gobierno de Peña Nieto están bastante lejos de la realidad que vive México.

No paga extorsión y le cortan los pies

Miembros de un cartel de las drogas en Chihuahua, México, no pudieron sacarle diez mil pesos al mes a Carlos Gutiérrez, entonces decidieron cortarle los pies.

Gutiérrez y su familia huyeron de México y solicitaron asilo en los Estados Unidos. Fue considerado como un caso de baja prioridad y aunque legalmente fue autorizado para quedarse, de acuerdo con un reportaje de Esther Yu-Hsi Lee en el sitio Think Progress.

Ahora, Gutiérrez tiene otra batalla: una que cruza los límites emocionales y el terreno físico. Quiere pedalear con prótesis de piernas en su bicicleta desde El Paso hasta Austin, Texas, para dar a conocer que los mexicanos no están jugando con el sistema cuando solicitan asilo.

Las aplicaciones de asilo han sido objeto de un intenso escrutinio por parte de las autoridades de Estados Unidos, dice Yu-Hsi Lee, porque es difícil probar un “temor creíble de persecución o tortura”.

Para gente como Gutiérrez, que está en el país legalmente, “las perspectivas de obtener el asilo tiene consecuencias reales. El gobierno de EU aún puede reabrir su caso de asilo o revocar su estatus legal. Si es enviado de vuelta a México, se enfrentará a más tortura y la muerte, al igual que otros mexicanos que han sido deportados”.

El martes pasado, un juez de inmigración de Estados Unidos le negó el asilo a una mujer mexicana cuyos dos hijos fueron asesinados sólo semanas después de que regresaron a México. Ella será deportada, dice Think Progress, y puede correr la misma suerte que sus hijos mientras ella “fue asesorada por miembros de la familia para volver a Dallas por su propia seguridad”.

En otro incidente, dice el sitio, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE ) obligó a una mujer a volver a México con un ex novio violento. Fue encontrada muerta en un vehículo en llamas una semana después.

Entre octubre y noviembre, Gutiérrez, con prótesis, hará un largo paseo el bicicleta con “Pedaleando por la Justicia” para dar a conocer los graves tormentos físicos que los asilados tienen que soportar.

El viaje es una prueba de resistencia personal. “Soy consciente de que va a ser un viaje muy duro y largo”, dijo.