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[Negocios]

Alfajores, de hobby a una forma de vida

Edith Mendoza

Con sólo 27 años, emprendedor y profesionista saltillense está por abrir su local propio.

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Alfajores, de hobby a una forma de vida
Foto: Zócalo | César Vargas / Cortesía
Saltillo, Coahuila.- Todavía no era mayor de edad cuando comenzó a elaborar alfajores con la receta de su abuela colombiana, pero a 10 años de aquellos primeros intentos, entre fracasos y alegrías, ahora Alberto Prado Concha le dio forma a Prado Alfajores Artesanales, convirtiéndolo en su proyecto de negocios.

Aún recuerda aquel lamentable viaje que hizo con su familia a causa de la muerte de su abuelo, cuando su madre aprendió a hornear estos postres para distraerse del dolor que le ocasionaba esa pérdida.

Profesionista en comercio internacional graduado hace casi dos años, Alberto está por llegar a los 27 y se halla en los últimos detalles de su propio regalo de cumpleaños: su local propio.

Su madre compartió con él la receta familiar desde hace unos 10 años. Ella encontró en este postre gourmet un refugio luego de la muerte del abuelo. Otros familiares en Colombia ya estaban comercializando el producto en el país sudamericano, pero solamente en diciembre.

Así, Alberto decidió emprender el negocio por temporadas y sólo entre sus conocidos y vecinos, pero poco a poco su entusiasmo lo llevó a los anaqueles de tiendas locales y restaurantes.

“Vivo en Pedro Figueroa, entonces me agarré con Pioneros, Carnes San Miguel, Las Delicias del Campo, La Playita… para mí estaba muy bien porque agarraba tantito y ya me servía que para salir de fiesta, un viaje con mis amigos o comprar cosas sin pedirle a mi papá. Lo veía más como un hobby, pero en diciembre sí me enfocaba y me iba con ganas”, recuerda.

En varias ocasiones las ocupaciones escolares le hicieron pensar en dejarlo, pero al final de cuentas decidía continuar. Hace tres años, su registro en Hacienda le dio un nuevo aire: ahora podía llegar a otros mercados, como empresas y otros giros de negocios que le exigían factura. Empezó así a tomar fuerza con nuevos clientes y llegó a producir por lo menos 500 alfajores por semana, que eran distribuidos hasta en 15 negocios locales.



La decisión final

Al inicio de sus prácticas profesionales en el servicio público municipal, la agenda se le complicó y fue descuidando los alfajores, cayendo su producción a 200 piezas por semana, pero en el camino experimentó con otros negocios.

Con las ganancias que había ahorrado de la venta de estos postres, le apostó a dos Uber. De alguna forma uno de ellos fue pérdida total y el otro se escabulló junto con el chofer. Intentó también como socio de un bar, pero tampoco fue la mejor alternativa.

“Pensé: para qué me pongo a pensar en qué me gasto el dinero que estoy generando de los alfajores… decidí que ahora sí lo iba a hacer bien y a invertir en mi negocio”, relata el emprendedor, quien también buscó oportunidades en la Expo Antad, donde aunque logró diversos contactos, la falta de recursos le impidió cristalizar las ventas.

Es así como finalmente este viernes inaugurará su local en Rufino Tamayo, al norte de la ciudad, donde pondrá sus productos al alcance de más personas, al tiempo que comparte el espacio con servicios de una agencia aduanal y pone en práctica lo que sabe hacer.

Armado de las buenas vibras de amigos y familiares, Alberto buscó varias fuentes de financiamiento. Las públicas fallaron, así que sus padres accedieron a respaldar su proyecto. Actualmente sus productos se encuentran en Il Mercato Gentiloni, Carnes San Miguel, la frutería Delicias del Campo y desde este fin de semana en su propio local.

Como joven emprendedor, reconoce el papel de las redes sociales, que han conformado un vínculo importante para la difusión de este producto, con lo que también está llegando a eventos sociales principalmente.

Asimismo, ahora quiere llegar a más personas, por lo que se dedicará de lleno a este espacio. Sin embargo, “la receta la voy a seguir haciendo yo, voy a tener a una o dos personas que me echen la mano, pero la receta secreta de la abuela, yo”.


La receta de su abuela fue el principal aliciente de Alberto para iniciar en grande el negocio de los alfajores artesanales.

Apoyo a productores artesanales

Además de impulsar los alfajores artesanales que él mismo prepara, Alberto ha destinado un espacio del local para que otros productores de dulces o postres encuentren en Prado una galería y que puedan compartir clientes. Todavía está analizando opciones, pero en el corto plazo estará listo.

Desde que inició con este proyecto y hasta que decidió dedicarse de lleno a él, Alberto tardó 10 años. Con un poco más de madurez y experiencias, la valentía y el rodearse de gente que lo motive han sido ingredientes determinantes en su decisiones.

“Mucha gente te echa porras y te motiva, pero hay otros que te echan para abajo con comentarios de la renta… no ocupo malas vibras, pero la mayoría son buenas vibras; hay muchos beneficios de estar bien establecido”, comentó.
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