A pesar de que es un sector mínimo de la población que cursa la preparatoria o la licenciatura y no se tienen casos documentados, “no se puede tapar el sol con un dedo, sabemos que atravesamos por una etapa de descomposición del tejido social y que la violencia ha invadido muchos terrenos”, indicó la psicóloga de la Universidad del Valle de México, Jezabel Sánchez.
En ocasiones, explicó, los jóvenes son responsables de tomar la imagen paterna dentro del núcleo familiar, por lo que combinan un trabajo con los estudios, aunque a veces pueden recurrir a otras formas para obtener dinero.
La presión por brindar seguridad económica los convierte en un blanco vulnerable para ser cómplices de robos, pero que no los salva de relacionarse con redes mayores de delincuencia, involucradas con el tráfico y la venta de drogas.
El sector universitario es uno de los que más amenazado por la delincuencia, pues “las transformaciones sociales han sido muy grandes y el joven ha tenido que ocupar otros roles y ha tenido que enfrentarse a otras problemáticas”.
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