El padre Robert Coogan, quien dirige la Pastoral Penitenciaria, explicó que desde hace un año los reclusos han mostrado su preocupación pues los propios familiares les han informado sobre las amenazas en diversas colonias de la capital de Coahuila.
“No hay una cifra clara, no la tengo, pero es un buen número, son personas con relación muy lejana; por ejemplo, una familia que no hizo nada, pero un primo sí, y entonces son objeto de amenaza”.
Las personas afectadas no se atreven a denunciar por miedo, pero se mantienen en una situación inquietante porque se saben inocentes pero es difícil que puedan demostrarlo, por lo que la preocupación y el riesgo existen para ellos y los propios reclusos.
“Las historias son diferentes, unos (los presos) admiten que estaban involucrados en algunas cuestiones de delincuencia y ahora sufren las consecuencias”.
Según han señalado los presos, las amenazas son de todo tipo, incluso ya ha habido acciones en las que algunas familias han resultado dañadas.
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