El ganador del Premio Alfaguara de Novela 2009 se encuentra en México para presentar su libro “Patio de Locos” (Textofilia), que no sólo representa su regreso a los versos, también es la primera ocasión que publica en una editorial mexicana. En entrevista con Zócalo, Neuman comparte sus impresiones sobre la poesía, la literatura y el empuje de su generación, que está más visible que nunca.
-Leer ahora este libro, “Patio de Locos”, muestra una faceta de Andrés Neuman que muchos no conocían, pero tu primer libro publicado es de poemas. ¿Cómo ha sido este ir y venir entre los versos y la prosa?
“Me parece que la poesía no es sólo un género literario, sino una actitud ante el lenguaje. Ojalá estuviera siempre intentando escribir poesía, no sólo escribir en verso, esa forma llamada poema, sino porque la poesía para mí tiene que ver con la sospecha de que el lenguaje podría estar diciendo otra cosa. Me da la sensación de que las palabras son escurridizas y llenas de posibilidades y de misterios; en ese sentido, me parece que la poesía tiene que ver con la educación de cualquier escritor.
Antes de escribir leo poesía, como quien se pone un diapasón en la oreja, tratando de no desafinar demasiado, y pienso que eso he tratado de conservarlo siempre, esa especie de respeto por el punto de partida poético, del acto del habla misma. Luego uno hace los poemas que puede.
“Es verdad que el primer libro que he publicado es de poemas y desde entonces no he dejado de publicar intermitentemente poesía, y naturalmente de leerla con frecuencia”.
-Novelista, cuentista, traductor, tu experiencia literaria abarca distintas áreas, ¿pero sientes que la poesía ha marcado de alguna forma tu oficio como escritor?
“A mí no me gustaría saber qué clase de escritor soy, prefiero estar con la duda respecto a mi identidad estética. Me parecería un fracaso llegar a adquirir eso que llaman, y a mí me resulta horroroso, ‘el dominio del oficio’ y por tanto dejar de buscar. Cambiando de género literario precisamente lo que trato es recuperar esa sensación de no poder escribir, tratar de aprender de nuevo. Tomo la escritura como punto de partida y no de llegada, y el cambiar de extensión y de género me ayuda a recordar que en realidad no sabemos escribir y está bien mantener esa sensación de aprendiz. Si tú te especializas en un tipo de libro, en un tipo de género, y además esos libros se parecen entre sí, el lenguaje deja de ser un misterio y comienza a ser una certeza, y mi idea de la literatura es la contraria”.
-Tu libro de poemas tiene una conexión especial con México, pues es publicado por una editorial de este país, y además presenta una nueva luz sobre tu obra, alejada de los reflectores del Premio Alfaguara...
“Es el primer libro que publico en una editorial mexicana, con lo cual se reúnen todos los entusiasmos y refrescos, porque vuelve a ser un libro de poemas, una editorial pequeña y latinoamericana, y me siento como empezar de nuevo. Es una especie de alivio poder recuperar la dimensión pequeña de la poesía porque hay algo peligroso en la repercusión de una novela. Claro, estoy agradecidísimo y sorprendido de que ‘El Viajero del Siglo’ hubiera tenido un recorrido mucho más largo del que había imaginado cuando la estaba escribiendo, pero al mismo tiempo eso me distrajo durante demasiado tiempo del trabajo con la poesía y el cuento. Por eso tenía clarísimo que cuando terminara esa especie de dulce pesadilla en la que se convierte un premio de esas dimensiones, lo primero que iba a hacer era regresar a los géneros injustamente considerados menores y que son en realidad mi razón de escritura”.
-La revista ‘Granta’ publicó su lista de escritores destacados de tu generación, en la que estás incluido, y además la FIL Guadalajara dedicó un espacio a 25 escritores sobresalientes de AL. ¿Cómo ves la fuerza de esta nueva generación de autores en lengua castellana?
“Como parte interesada no tengo mucha autoridad para hablar de mi generación en términos de superioridad con respecto a otra, creo que deberían ser los lectores quienes lo decidan. Esto no es por evadir la respuesta, sino porque realmente pertenecemos a una generación buena. Tampoco debemos distraernos excesivamente con el ruido que hagamos, es decir, hay que concentrarnos en la lectura atenta de los textos por encima de la visibilidad que alcancemos.
“Estamos en la sociedad de la hipervisibilización para bien y para mal. A veces dedicamos mucha atención y mucho tiempo a cosas que son intrascendentes, pero al mismo tiempo es más difícil que algo interesante nos pase desapercibido, que algo de calidad no termine encontrando su cauce, aunque sea a través de la red. Es un arma de doble filo esta compulsión de lo visible, pero que esta generación sea más visible no significa que sea mejor que otras. A mí me pareció que había gente buenísima en esa lista, aunque todavía estoy esperando una lista de poetas. Siempre estamos hablando de la nueva literatura latinoamericana y acaba de ganar el Premio Cervantes Nicanor Parra y sería importante recordar que el panorama de la literatura latinoamericana jamás estará completo mientras no se haga una labor similar con la poesía. Además es un círculo vicioso, porque se dice que la poesía tiene menos repercusión, pero si no hacemos listas, si no hacemos monográficos, un esfuerzo de visibilizar a los poetas, nunca sabremos cuál es la causa y cuál es el efecto: si la poesía es menos visible y por eso se habla menos, o se habla menos y por eso es menos visible”.
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