Saltillo, Coah.- Cuando la doctora Leidy Peniche Polanco ronda los pisos, quirófanos y la terapia intensiva de un hospital es el ángel de la muerte; cuando vuela en el pequeño jet con un par de órganos en una hielera le salen alas y es entonces cuando se transforma en el ángel de la vida para quienes esperan un trasplante.

Ni los 15 años de esta difícil tarea de lidiar entre la vida y la muerte le han quitado la risa fácil y la sonrisa, que sólo ahoga cuando va al baño a volcar sus sentimientos en llanto.

Una sola palabra basta para que una familia en pleno duelo decida no donar los órganos y por ello se encomienda a Dios para poder ganar la posibilidad de salvar una vida.

Venida del pueblo amarillo de Izamal, en Yucatán, criada por una pareja de maestros que cruzaron el país para vivir en un ejido en la Laguna, Leidy Peniche sólo espera retirarse habiendo conseguido que sean más las clínicas en Coahuila donde se puedan donar órganos y tejidos, y que más hospitales sean el lugar correcto para morir cuando se trata de salvar más vidas.


CONÓZCALA:
Nombre: Leidy Peniche Polanco.
Originaria: Izamal, Yucatán.
Estudios: Medicina por la Universidad Autónoma de Coahuila.
Cargo: Coordinadora de donación, tanatóloga, procuradora de órganos, y médico familiar.
Experiencia: 15 años en Medicina de Alta Especialidad a cargo de las donacionesde órganos.

MUERTE Y ESPERANZA
En contraste, su trabajo consiste en rondar a quienes están al borde de la muerte, para llevar esperanza a quien necesita de un órgano para salvar su vida.
ÁNGEL DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

Leidy Peniche está donde no la llaman, rondando pisos y quirófanos, deambula en terapia intensiva viendo quién puede morir, quién está conectado a un respirador, y todos saben que no se trata de ir a saludar a los médicos residentes.

Busca a un potencial donador, alguien cuyo cuerpo contribuya a adelgazar la lista de más de 15 mil personas a la espera de un órgano, 750 de ellas tan solo en la Unidad de Medicina de Alta Especialidad, en Torreón.

Cuando egresó de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Coahuila como médico familiar, jamás pensó que terminaría rondando las salas de terapia intensiva en busca de un paciente en los umbrales de la muerte cerebral.

La estrategia de llevar a los compañeros médicos en 1995 la cochinita pibil preparada como en su tierra, le empezó a abrir las puertas en un campo donde ni las leyes, ni los recursos, ni la voluntad médica alcanzaban para lograr la procuración de órganos.

De entonces a la fecha, afirma la doctora Leidy Peniche, “hay avances”, pero no los suficientes.

Aquí, una entrevista con la doctora que cuando se graduó de Medicina no había viajado más allá de San Pedro de las Colonias, y ahora cuenta con un pequeño avión para trasladarse a donde haya un potencial donante de órganos.

UN PUEBLO AMARILLO

Leidy Peniche Polanco nació en un pueblo amarillo llamado Izamal, en Yucatán, mismo lugar que fue visitado por el papa Juan Pablo II, a quien le debe, entre otras cosas, el haber abierto las puertas a la donación de órganos en un país donde aún se cree que sin córneas no se verá a Dios o hay que ir completos al cielo.

“Nací en Izamal, Yucatán, un pueblo amarillo a 40 minutos de Mérida. Todos venimos de allá, sólo mis hermanos más chicos nacieron en La Laguna. Mi papá cargó con seis chiquillos y seis hamacas, pensó que iba a llegar a poner hamacas y a acostarnos”.

“Como maestros que eran, mandan a mis padres a Santa Ana del Pilar (actualmente con apenas un millar de habitantes) a vivir en casas de adobe y ¿cómo ponías hamacas ahí? (se ríe)”.

“Así llegamos en 1958, con seis hermanos y los dos más chicos nacieron en La Laguna. Todos gracias a Dios con carrera, un piloto aviador en Monterrey, dos dentistas, dos maestros, dos ya fallecieron, el mayor y el menor, y yo de médico”.

MAS ALLA DE SAN PEDRO

La doctora Peniche es coordinadora de donación, tanatóloga, procuradora de órganos, pero ¿es especialista en qué?

“Soy especialista en Medicina Familiar y nunca pensé estar en Medicina de tercer nivel. Por ahí hay quien me dice que soy un hibridoma, algo que se injerta en otro medio. Un médico familiar no está en clínicas de tercer nivel, ejerce en el primer nivel, que es la consulta familiar”.

“El segundo nivel es como el hospital 1 y 2 de Saltillo, donde hay hospitalización, quirófanos y el tercer nivel es la UMAE (Unidad Médica de Alta Especialidad), donde hay quimioterapias, radioterapias y trasplantes”.

“Termino mi especialidad como médico familiar, paso un año en el ejido El Coyote en servicio social y después vamos a Saltillo a escoger mi primer base para trabajar. Era la primera vez en mi vida que me iba más allá de San Pedro”.

“Cuando me preguntan: ¿Qué quieres, Múzquiz o Acuña?, pregunté que cuál estaba más lejos y me dijeron que Acuña. Entonces elegí Múzquiz. Se trataba de acudir los fines de semana, pero lo que yo no sabía era que para llegar allá tenías que llegar a Rosita, quedarme dos horas y esperar el camión a Múzquiz”.

“La otra opción era agarrar el camión directo a Acuña, pero como no sabía agarro para Múzquiz y llego con un borrachito a un lado y otro en el otro esperando en la central mientras que llegaba el camión para seguirle”.

“Después regreso como médico familiar pero en urgencias; en el Hospital Chávez de noche estoy en urgencias, me cambio a la mañana también. Luego abren la Clínica 80 y empiezo a ejercer la Medicina familiar hasta 1992 y fueron sólo dos años y medio, porque para el ‘95 ya me tenían aquí”.

“Se abre la convocatoria y digo ‘pues a mí me gusta eso’, era más versátil, te metes a terapia, a hospital y a quirófano. Estaba por terminar la especialidad y se dio. Entré a prueba y ya tengo más de 15 años en esto”.

NO QUISIEERON DONAR

¿Recuerdas tus primeros casos?

“Mi primer caso era un muchacho maratonista que andaba en su bicicleta y chocó con otra, se cayó y sufre un traumatismo craneoencefálico. En entrevista me acompañó el doctor Federico Juárez, que era cirujano con experiencia en la coordinación de donación en Estados Unidos, y yo creo que por eso me dijeron que no, porque lo entrevistó un cirujano (bromea)”.

“Otro de mis primeros casos en el Hospital Universitario en 1996, justo cuando se da el cambio de leyes, hago la entrevista, aceptan la donación y se da”.

“De pronto dicen que están traficando con órganos en el Hospital Universitario, mencionando mi nombre y el del doctor, fueron de los primeros casos donde quizás la falta de experiencia provocó este caos, pero qué bueno porque dio pie a que se cambiaran las leyes; la familia quería donar, estaba de acuerdo, pero el Ministerio Público todavía no tenía conocimiento de causa de todo esto y a raíz de ello empezamos a dar cursos y establecer una serie de situaciones que se nos presentarían”.

EL DIVINO NIÑO

“Te quedan en tu corazón y en tu mente casos como éste, como el de Daniel, de 6 años, quien murió en la Clínica 16 por un tumor cerebral”.

“Sus papás están enojados por el diagnóstico, pero aún así dijeron que querían donar sus órganos. Se traslada al niño para acá y en la misma sala que estamos ahora veo a la mamá y a su hija. Las veo y les digo que tienen muy bonitos ojos, que parecen dos esmeraldas”.

“Luego se hace toda la logística de la procuración de órganos, Daniel donó córneas y riñones y de pronto sabemos que las dos niñas que iban a recibir los riñones –una de Chihuahua y otra de Zacatecas– , las dos mamás coincidentemente eran muy devotas del Divino Niño”.

“Luego la mamá de Daniel, una vez que pasa por todo el proceso de duelo y la misa, regresa y nos cuenta que el padre durante el servicio religioso hizo mucha referencia del Divino Niño al hablar de Daniel, esto sin saber que las mamás de las niñas receptoras eran devotas de esa figura religiosa”.

“Otra coincidencia más fue que las niñas que recibieron las córneas de Daniel se llamaban Esmeralda”.

“Son situaciones que no se te olvidan, las palabras, las coincidencias religiosas y espirituales que se te quedan. La mamá de Daniel sigue haciendo mucho a favor de la donación de órganos”.

LLORAR EN EL BAÑO

-¿Cuál es la parte más desgastante de todo este proceso?

“Enfrentar a la familia. Puedo quedarme aquí 36 horas esperando a que vengan por los órganos, pero enfrentar a la familia me sigue llevando al baño a llorar después de cada entrevista, por eso hay tan pocos coordinadores de donación, es difícil y quizás no todo mundo quiere hacerlo o no puede.”

“Dios me carga, así lo siento, aquí lo tengo y para muchas cosas me dice: con permiso, yo te ayudo”.

“Vengo de un seno familiar católico, ejercitante de la ayuda al que está enfrente de ti. Quitarte la camisa por el otro, es la enseñanza, lo que mamas en casa, lo que te da desde tu seno familiar.

Me ayuda mucho orar antes de salir de casa y de cualquier evento que tengo que hacer con una familia donadora”.

“En el hospital te llaman un poco para el apoyo tanatológico, para apoyar a aquel que por un cáncer le quitaron un miembro y hablar un poco, pero antes de todo eso,siempre platico con mi patrón y cuando no puedo le digo: ¿me cargas?”.

Me ayudó Juan Pablo II: donar no es pecado

¿Benefició el que la religión cambiara su postura sobre la donación de órganos?

“Cuando yo empecé, Juan Pablo II habló mucho de ello en los concilios, de la donación como una forma de amar a tu prójimo y una serie de cosas muy hermosas. Si es muy cierto que el aspecto religioso es muy importante, nos ayudó muchísimo”.

“He hablado con pastores, con ministros y con curas, testigos, y de todos, entonces aquí lo que me dicen es que la religión no se opone a la donación de órganos y la postura mía es que nos ayuden porque la gente que viene, que es testigo, cristiano o católico piensan que estamos contra la Ley de Dios”.

“Lo que nos falta es que nuestros ministros religiosos lleguen a los feligreses, en un homilía, dentro del catolicismo o dentro de los cultos, el mensaje llega a los demás”.

“Una respuesta muy frecuente es que si retiramos las córneas cómo va a ver a Dios en la resurrección. La religión, en este aspecto al que más he leído es a Juan Pablo II; no tengo referencias de otras religiones, pero en todas prevalece el que el donar es un acto de amor y los principios básicos de las religiones es el amor a ti mismo y a tu prójimo”.

“Ese aspecto, más el aspecto legal, la plática y el encuentro familiar. Muchos de los donantes son porque lo hablaron previamente con su familia y aunque éstas no estén de acuerdo quieren hacerlo por respetar su voluntad”.

¿Has enfrentado reacciones violentas?

“Un papá no se quiso ni sentar a hablar, dijo: ‘ya sé para qué me quiere aquí doctora, y no quiero nada’. Pero un acto de violencia mayor no ha habido, son de las gentes que no se dejan ni abrazar y antes de cualquier cosa se cierran”.

¿Es difícil ser llamada ‘ángel de la muerte’?

“Es un apodo muy fuerte; hay quien me dice ‘ángel de la vida’, otros ‘de muerte’, pero por ejemplo –señala una impresora a sus espaldas– fue una donación no de una familia que recibió órganos, sino de una familia que los donó en medio de un proceso sumamente difícil desde el punto de vista tanatológico, porque se trató de un joven suicida”.

“Ellos se dieron cuenta de que parte de la logística es correr a buscar una fotocopiadora a las 3 de la mañana para iniciar los procesos judiciales y una semana después de su proceso de duelo llegaron con este aparato”.

“Son procesos en los que necesitas un don, antes de cada entrevista invoco a Dios para que me brinde las palabras adecuadas, primero para darle consuelo a la familia y luego hacer tu chamba, y a veces lo logras y a veces no”.

“De corazón puedo acercarme a dar un poco de apoyo, pero luego pienso que pueden sentir que los apoyo a cambio de la donación y no es así, la función es que tenemos una lista, sólo en esta clínica, de 750 gentes esperando un órgano”.

“La mitad un riñón y la mitad córneas, y tenemos que tener esta función de pedir un órgano y ayudar a otros”.

La risa: mi mayor herencia

¿Cómo se ayuda Leidy Peniche a sí misma?

“La risa es una de las herencias de mi papá: vivir más riéndote más. Mis amigas me buscan para platicar, no dramatizo. A veces tengo una entrevista y cuando no aguanto me voy a gritar y a llorar. Humana soy y nada de lo humano me es ajeno, como dijo Séneca. Me ayudo de muchas cosas”.

“Soy una mujer de mucha Fe, consentida, tengo una nieta de un año ocho meses que me pone de cabeza, y mis hijos, mi marido también, me siento muy apoyada y muy consentida”.

¿Por qué el nombre Leidy?

“En Yucatán tu encuentras nombres como los de mis hermanos: Alfonso, Roger, Wilber, Amilkar, Fredi, Leidy, Eiter, Lourdes, pero encuentras Íker y otros así, Amilkar es cartaginés, son nombres raros”.

“Lady en inglés es dama, mi nombre es Leidy y en la secundaria cuando me preguntaba mi nombre el maestro yo le respondía Leidy Peiche Polanco, y que me dice, ‘nada más una acotación: el lady sólo se usa en Inglaterra, en México no’”.

“Y me vuelve a preguntar y le dije pues Leidy Peniche Polanco, así me llamo, en español”.

¿Cuál es el peor escenario para una donación?

“Que haya una familia que quiere donar y no hay quien atienda su petición”.
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