Ramos Arizpe, Coah.- Justo antes de que iniciara la carrera estelar de caballos del Futurity 2009, una ráfaga de balazos se escuchó en la pista Cañada Park, en el kilómetro 18 de la carretera a Monclova.

Y tras la enorme confusión que se generó en el lugar, y en donde la integridad de unas 2 mil personas estuvo en peligro, quedó tendido en la tierra el cuerpo de un hombre, ejecutado de por lo menos dos tiros en la cabeza.

José Uriostegui Román, “El Gato”, de 41 años, con domicilio en Allende, Nuevo León, y quien había viajado hasta Ramos Arizpe sólo para apostar en una carrera, murió instantáneamente. Las balas le destrozaron el cráneo frente a su hijo, de quien se desconoce su paradero.

Los policías municipales que resguardaban la pista no pudieron hacer nada para detener a los sicarios, como tampoco lo pudo hacer el convoy y el cerco que implementaron elementos de la policía ramosarizpense comandados por Manuel de Jesús Cícero, en la carretera a, Los Pinos.

Oficiales y sicarios se enfrentaron a balazos en un hecho en el que por lo menos una decena de civiles se vieron afectados.

Por la intensidad del fuego, fuentes policiacas no descartaron que tras el enfrentamiento entre los sujetos que integraban el comando armado hubiera un muerto y varios heridos.

Desde las 16:00 horas, cuando se registró la ejecución, hasta altas horas de la noche, agentes del Ministerio Público, personal de Servicios Periciales y policías de la Fiscalía General del Estado recolectaban evidencias tanto en Cañada Park como en la carretera A Los Pinos.

Se espera que durante las próximas horas acudan los familiares de la víctima a reclamar el cuerpo.

VOLARON EL CANDADO

Mientras la algarabía, las apuestas y la cerveza corrían en las tribunas del Futurity 2009, Uriostegui Román llegó en una camioneta Ford King Ranch de reciente modelo, con placas RB-55-418, propiedad de su hijo.

Según algunos testigos, padre e hijo se acomodaron junto a su vehículo, a un costado de la pista y a 50 metros de las gradas. Aparentemente había varias personas que bebían con ellos.

A punto estaba de comenzar la carrera estelar cuando por lo menos dos sujetos, uno de ellos de unos 16 años, entraron en una camioneta blanca a las instalaciones de la pista, ubicada a un kilómetro de la carretera a Monclova.

Los oficiales que permanecían de guardia en el evento señalaron que los individuos no entraron por el acceso principal, sino que lo hicieron por un portón que está a unos 200 metros de ahí, luego de volar un candado.

De esa manera fueron directamente hasta donde se encontraba la víctima, quien aparentemente intentó correr pero fue alcanzado rápidamente por el joven asesino, que descendió de la unidad y le metió dos balazos en la cabeza.

El tronido de la balas –hasta 15, dicen testigos– hizo que la histeria se apoderara de los asistentes al evento. Algunos se tiraron al suelo, otros corrieron al baño y otros más se refugiaron en donde podían, mientras los delincuentes regresaban a su unidad y se daban a la fuga tirando balazos al aire para que nadie los siguiera.

SOLICITAN APOYO

Mientras la gente corría de un lado a otro, los policías que resguardaban las carreras también buscaron un lugar que los cubriera de las balas. Al mismo tiempo solicitaron apoyo vía radio a su corporación.

“Estuvo fuerte; mientras los oficiales nos avisaban lo que pasaba se escuchaban los plomazos, se oía que no paraban”, comentó un oficial.

Cuando los sicarios huyeron todos se llevaron una gran impresión al ver a Uriostegui Román tendido en la terracería. De su hijo ya no se supo nada; aparentemente abandonó el lugar durante la confusión.

Minutos después, cuando las autoridades llegaron, el lugar fue cercado y salió a relucir, según peritos, que habían, esparcidos en el área al menos 16 casquillos de bala. Además, fueron detectadas dos esquirlas en un costado de la camioneta que acabó con dos impactos en una puerta.

La víctima fue identificada por varios testigos y su cuerpo fue llevado al Semefo.

La camioneta quedó en poder de la Fiscalía General del Estado, al igual que las pertenencias de la víctima, entre las que se encontraban unos carísimos lentes de marca.

LA REFRIEGA

Mientras, en los radios se escuchaba el llamado de oficiales pidiendo apoyo debido a que se encontraban en medio de una balacera. En la carretera a Los Pinos el blanco de los ataques era el teniente coronel Manuel de Jesús Cícero.

El jefe policiaco acudía en apoyo de sus elementos, quienes se encontraban ante el hombre ejecutado, en la pista de carreras.

El director de la policía –a quien la mafia amenazó con matarlo–, acompañado de comandantes y escoltado por dos unidades armadas de la policía, tomó el camino a Los Pinos, porque presuntamente le habían informado que los homicidas huían por esa ruta a gran velocidad.

Una barricada de patrullas había sido ubicada en la antigua carretera; las órdenes eran claras: “nadie entra, nadie sale”, por lo que el convoy se desplazó hacia el poniente, internándose en la carretera, rumbo a su cita con el crimen organizado.

A gran velocidad sobre Los Pinos circulaban cinco camionetas de lujo, una Suburban, una Explorer, una Tahoe, una Silverado blanca y una negra; todas al oriente; por lo que al toparse frontalmente con el teniente coronel y sus escoltas, en pleno vado, el enfretamiento no se hizo esperar.

Armados con una gran cantidad de fusiles de diversos calibres, los sicarios arremetieron brutalmente contra la Suburban blindada en que viajaba el jefe de la policía.

El fuego cruzado de armas de grueso calibre se vivió por varios minutos.

“Calibre 38 súper, .45, .38, ‘cuerno de chivo’ y ‘matapolicías’ son los calibres que encontramos impactados en la camioneta del teniente coronel”, señaló un perito en balística de la Fiscalía General del Estado.

LOGRAN ESCAPAR

Los maleantes lograron huir a toda velocidad con rumbo al oriente, abandonando en el lugar una Tahoe blanca que fácilmente presentaba 80 impactos de bala.

Las demás camionetas disparaban sus armas en contra de las unidades que se encontraban resguardando el cerco de seguridad, mientras los policías repelían el fuego hiriendo a varios de ellos.

La unidad municipal 28 terminó baleada, con los cristales rotos; esto debido a que en su huida los hampones arremetieron con todo contra las fuerzas del orden, mismas que no se dejaron intimidar.

“Nuestro saldo fue blanco, ni un solo rasguño. El de ellos es diferente, ya que entre los fugitivos había varios heridos y al parecer alguno que otro muerto”, comentó un comandante de la policía.

Alrededor de las 16:20 horas, el clima de incertidumbre se dejaba sentir en el lugar; el teniente coronel Manuel de Jesús Cícero bajó de su unidad blindada y se retiró rápidamente del lugar en otra unidad policiaca; regresó con el ejecutado de Cañada Park.

Oficiales municipales, estatales, federales, fiscales e inclusive el mismo Ejército arribaron a custodiar el sitio, por lo que todo se convirtió en un misterio a partir de ese momento.

Las camionetas siguieron inmóviles, a la espera de que los elementos de Servicios Periciales arribaran y comenzaran a realizar sus indagatorias, por lo que un simple cerco resguardado por los efectivos fue suficiente para esperar el arribo de los expertos.

A la llegada de los detectives, muchas cosas comenzaron a descubrirse de la Tahoe: “una hielera, una bolsa de dormir e inclusive un lanzagranadas había en el interior”, señaló un perito.

De los sicarios ya no se supo nada, sólo que abandonaron una camioneta en la carretera a Arteaga, misma que presentaba severos impactos de bala.

Decenas de curiosos se acercaron a las inmediaciones del lugar en donde se suscitó la balacera, por lo que elementos de la Policía Municipal, arma en mano, pedían que se alejaran temiendo que regresaran los capos.

CIVILES EN PELIGRO ¡QUEDARON ATRAPADOS!

Mientras el teniente coronel y los suyos se batían en duelo descomunal, algunos civiles quedaron atrapados entre las ráfagas de bala que se dejaron sentir ayer en la carretera, Los Pinos.

Una mujer vivió momentos de terror cuando súbitamente se vio en medio del tiroteo, por lo que para salvaguardar su integridad prefirió impactar su Voyager contra un montículo de escombros que acercarse a la zona de las balas.

Los sicarios pasaron por un costado de la camioneta de la mujer y dispararon al cristal sólo por placer.

También otro sujeto quedó atrapado entre las balas enemigas cuando los forajidos le dispararon en un vidrio y dañaron su parabrisas.

“No sé por qué me dispararon, yo iba a mi terreno ubicado a unos kilómetros; pero ya ni modo, ya me dañaron mi parabrisas”, comentó consternado, al saberse víctima circunstancial de los balazos.

Un hombre que no paraba de maldecir se encontraba al calce del camino. Su malestar era que su hermana y sus dos hijas se encontraban resguardadas en una empresa.

Tanto Martha Cecilia como Enrique Barrera y la madre con sus hijas fueron víctimas circunstanciales de los hechos acontecidos ayer por la tarde en el camino a Los Pinos. (Ramos Arizpe | Redacción)


‘ERA MUY AMABLE’ ASEGURAN TESTIGOS


Iba muy seguido a las carreras y gustaba de convivir, dicen

José Uriostegui Román, “El Gato”, era muy conocido en la pista Cañada Park, y es que no faltaba a una sola de las carreras para apostar y convivir con lugareños y empleados.

Así lo constataron trabajadores del lugar, quienes prefirieron permanecer en el anonimato, y recalcaron que la víctima era una persona muy amable.

“Nosotros vimos que estuvo presente en las últimas carreras; llegaba, saludaba a todo mundo y se sentaba a tomarse sus cervezas, como los demás asistentes.

Por lo regular venía con su hijo; a veces llegaba con otras dos personas. Yo creo que sí apostaba fuertes cantidades, porque también traía a alguien que le hacía las apuestas”, explicó un empleado del lugar.

Asombrados por lo ocurrido, y con miedo de perder su trabajo en caso de que las autoridades decidieran cerrar la pista, los testigos señalaron también que la camioneta involucrada en el incidente era común verla junto a otra, que era propiedad de la víctima y que era muy parecida.

‘SALIERON HUYENDO’

En cuanto al momento de la ejecución, los trabajadores explicaron que todo fue muy repentino, y que la gente estaba “muy asustada”.

“Todos comenzaron a correr; yo estaba en el baño y de un momento a otro ya se había llenado. Los balazos se oían muy fuerte, hasta parecía que los estaban dando ahí dentro”, recordó una mujer.

“Cuando salimos ya vimos al señor; qué lástima, era muy amable y me tocó tratarlo en varias ocasiones, qué lástima”, puntualizó la trabajadora.

“Lo más triste es que la carrera en la que había apostado ya no supimos si ganó”.