“En algunos fundos el cañón es de un metro de altura y tienes que andar hincado o agachado a fuerza, y sales adolorido de todo el cuerpo”, afirma Martín, un hombre de edad avanzada que después de trabajar 25 años de “pocero”, optó por ser velador en una unidad de extracción.
Muestra sus manos llenas de “bolas” que le salieron por tantos años de tumbar el carbón “a pico y pala”.
Por un salario de 900 pesos semanales aguanta jornadas de 16 horas diarias, sentado bajo un techo de lámina viejo que protege el malacate. Platica que le ha tocado, en tiempo de frío, aguantar temperaturas de 5 grados centígrados bajo cero y en verano el azote de los zancudos.
Varios jóvenes acaban de salir de otro pocito y se trepan a una camioneta donde van apilados pese a que deberán transitar por carretera federal. Se niegan a dar sus nombres, dicen que les da miedo que los corra el patrón.
Toman agua en un improvisado vaso, que es la mitad de un envase plástico de refresco y comentan que la situación “está muy canija” por eso demandan que la Comisión Federal de Electricidad aumente el precio del carbón, para que no pare la industria y les mejoren la paga que es de apenas 80 ó 90 pesos diarios.
El fantasma del desempleo deambula por la Carbonífera: El año pasado en Nueva Rosita y Sabinas cerraron tres maquiladoras de ropa dejando sin empleo a 3 mil 250 trabajadores, sólo quedó una con menos de 350 operarios, informó el director de Fomento Económico de San Juan de Sabinas, Daniel Reyes Castellanos.
En Nava, frente a las dos plantas de la CFE, los pequeños productores de carbón dieron a conocer una carta que enviaron al presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, los líderes de la Unión Nacional de Productores de Carbón y de la Unión Mexicana de Productores de Carbón, donde le piden: ¡No nos falle!.
De la misiva enviaron como una docena de copias al gobernador Humberto Moreira Valdés, a los líderes del Congreso de la Unión, a los secretarios de Energía y al titular de la CFE, Alfredo Elías Ayup.
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