El taller familiar ha abastecido por décadas a negocios con coloridas piñatas, las mismas que forman parte de las costumbres de nuestro país, pero que se originaron en China, cuando al inicio del año nuevo se construían figuras de vacas y bueyes forradas con papeles de colores, que se rellenaban con cinco clases diferentes de semillas.
UN TRABAJO ARTESANAL
Hacer una piñata no es cosa fácil, pues la técnica de elaboración de piñatas se hereda de generación en generación. Tal es el caso de la familia de Antonio, donde su suegra se dedicó a enseñarles a sus nueras, yernos e hijos el arte de crear una obra de papel.
Además de Antonio, a la fecha trabajan en la fabricación de las piñatas Erika Hernández, Adrián Armendáriz, Marco Antonio Armendáriz y Margarita Sánchez.
“Seguimos aquí porque la tradición se mantiene, sí hay crisis, pero todo el año tenemos trabajo, aunque sea poco, pero seguimos aquí trabajando haciendo piñatas con mucho orgullo”, asegura Antonio.
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