Eduardo García | Saltillo, Coah.- Antes de contestar cualquier pregunta arquea la ceja izquierda y antepone una sonrisa, mira de frente y levanta su mano derecha para hacerse a un lado el cabello que cubre el tatuaje con su apelativo y que abarca casi toda su frente.

Sus amigos del barrio le dicen “El Alex”, dice orgulloso, al tiempo que se deposita en el suelo los botes de carga que utiliza para trasladar los utensilios de cocina que utilizará en unos momentos para repartir los alimentos a sus compañeros, pues ya se acerca la hora de la comida.

“Pos tengo poquí’o aquí entambado, apenas llevo cuatro meses, pero pos al rato caigo allá afuera”, comenta en un tono de camaradería, como para demostrar que se encuentra en confianza; sin embargo, al recordar que ya lleva cuatro caídas, le dura muy poca la actitud positiva.

Mientras se acerca un poco más para asegurarse de que nadie escuchará la conversación, mira de reojo a su alrededor y le baja el volumen a su voz, pues asegura que su abogado está trabajando muy duro para sacarlo pronto de ese lugar que, aunque familiar, le resulta incómodo.

“Siempre me han encerrado por robo y salgo de “pex”, pero esta vez quién sabe, ahora me acusan de homicidio”, señala abriendo sobremanera los ojos en tanto se frota las manos sobre su pantalón verde militar.

Según Alejandro, sus denunciantes no tienen pruebas para condenarlo, ya que las huellas encontradas en las armas del delito no coinciden ni con las de él ni con las de su compañero de farra, quien también se encuentra preso por el mismo delito.

“Sí soy loco, para que lo voy a negar, yo fumo marihuana y me gusta la cerveza, pero no le hago daño a nadie”, indica muy seguro de sí mismo mientras respira pausadamente para relatar el modo en que le explicaron cómo supuestamente había dado fin a la vida de una persona.

“Dicen que lo mataron a palos y a tubazos, y como yo trabajo en la obra y soy ayudante de fierrero, pos dijeron, éste fue”, revela con una mueca de incredulidad.

Alejandro confía plenamente en que su abogado hará todo lo posible para sacarlo de ahí, ya que a pesar de su historial del 2007 al 2010 por delitos menores como robo o riñas, asegura ser incapaz de privar de la vida a alguien por muy desconectado que se encuentre de la realidad por el efecto de los estupefacientes que consumía.

De pronto recuerda que tiene que llevarle de comer a sus compañeros, toma sus utensilios, se levanta rápidamente de la silla y añade que mientras le confirman cual será su situación definitiva, trata de no complicarse la existencia manteniéndose ocupado ayudando un poco en la cocina y trata de llevarse lo mejor posible con los demás internos.
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